


EE.UU. ultima un cerco militar infranqueable en el Caribe para matar el negocio de Maduro
EE.UU Edgardo Pinell*


El despliegue militar sin precedentes de Estados Unidos de al menos ocho buques de guerra y un submarino de propulsión nuclear cerca de las costas de Venezuela revive la historia y los anhelos de una intervención militar estadounidense que ponga fin a la sangrienta dictadura de Nicolás Maduro.


Además de los barcos, dotados de tecnología de vanguardia y misiles de alta precisión, el Gobierno estadounidense también ha enviado 4.000 marines a la zona, que ya están tomando posiciones en el Caribe sur en una amplia zona de aguas internacionales y de aliados como Curazao o Trinidad y Tobago, que le permite a la flota estadounidense aproximarse a tan solo unos 12 kilómetros de las costas venezolanas.
Tres destructores, dos buques de desembarco, un buque de asalto anfibio, un crucero, un buque de combate litoral y un submarino se encuentran en la región o en camino. La Armada de EE.UU. no especificó dónde operarán exactamente los buques, salvo que están patrullando el Caribe y a la espera de órdenes más específicas.
Todos estos preparativos bien podrían tratarse de un plan para una intervención quirúrgica de extracción de Maduro, usurpador de la presidencia y jefe del cartel de los Soles, al estilo del exdictador panameño Manuel Noriega o una estrategia de desgaste a medio plazo para estrangular el negocio del narcotráfico que genera jugosos beneficios a la cúpula chavista.
De acuerdo con la Casa Blanca, el presidente Donald Trump bien podría decidir emprender ambas opciones. Según Karoline Leavitt, con el despliegue militar, el presidente estadounidense se «está preparando para usar todos los medios del poder estadounidense para evitar que las drogas inunden nuestro país y traer a los responsables ante la justicia» al tiempo que recordó que «el gobierno de Maduro no es el gobierno legítimo de Venezuela, es un cartel del narcoterror».
Desde el regreso de Trump a la presidencia se ha proclamado una política exterior de «paz por medio de la fuerza» conjugada con la promesa de no promover ni financiar más guerras en el extranjero. Esta contradicción aparente, o al menos ambigüedad estratégica, apunta a que una intervención estadounidense en suelo venezolano, con previsibles bajas militares, no parezca la primera opción para el Gobierno republicano.
Consultado por Afp, Mariano de Alba, especialista en geopolítica basado en Londres, ve «poco probable» una invasión y se inclina a que «puede tratarse de una operación de corte psicológica para tratar de aumentar la presión».
«Si el gobierno Trump realmente quisiera provocar un cambio de régimen» apostaría por una «acción sorpresa», añadió De Alba, que indicó además que una invasión militar en Venezuela complicaría su postura para poner fin a la guerra en Ucrania.
La opción del desgaste e implosión
El poderío económico y militar estadounidense le permite a Trump la posibilidad de mantener durante varios meses una operación de bloqueo naval y aéreo al narcotráfico procedente de Venezuela por lo que parece viable que una operación con legitimidad internacional corte el flujo en entregas de cocaína y por consiguiente de pagos al cartel de los Soles.
Este cartel, con una «estructura es difusa» y entrelazada con el Ejército y Gobierno venezolano, «es capaz de trasegar hasta 350 toneladas de cocaína al año. Entre ríos, fincas y avionetas» como lo establecen las acusaciones de la justicia estadounidense a las que ahora respaldan decenas de documentos de la Fiscalía colombiana.
Esta información también fue recabada en NarcoFiles: el nuevo orden criminal, una investigación periodística sobre el crimen organizado, liderada por el Proyecto de Reportería del Crimen Organizado y la Corrupción (Occrp, por sus siglas en inglés), a partir de una filtración de correos electrónicos de la Fiscalía General de Colombia compartida con el portal venezolano Armando.info y más de 40 medios de comunicación en todo el mundo.
Esos documentos permiten corroborar que el Gobierno de Colombia, por lo menos hasta mediados de 2022, consideraba al cartel de los Soles como una «amenaza activa» que actuaba con cárteles mexicanos y grupos armados colombianos para el tráfico de cocaína que, solo en la zona del río Catatumbo -área limítrofe binacional, al oeste de Venezuela y al noreste de Colombia-, generaba ganancias de hasta 5.900 millones de dólares al año.
De acuerdo con los detalles filtrados, una vez que la droga está en territorio venezolano entra en juego el cartel de los Soles. Al recibirla en distintos puntos de la geografía venezolana, el grupo actúa como «bisagra» de los cargamentos que luego distribuye a través de ríos y carreteras venezolanas hacia puertos y pistas clandestinas con rumbo a destinos intermedios de comercialización, como República Dominicana, Trinidad y Tobago, Honduras, Surinam, Guyana, y en algunos casos hasta los destinos finales, como Estados Unidos y Europa.
Algunas fuentes llegan a señalar que, en los últimos años, el cártel ha conseguido pasar del simple transporte al procesamiento de la mercancía, al establecer en el lado venezolano una serie de laboratorios capaces de procesar la pasta de coca para obtener cocaína en polvo, lo que genera mayores beneficios. Una de esas fuentes, el exvicepresidente de Colombia y exjefe de la Policía Nacional de ese país, el general Óscar Naranjo, afirmó que en territorio venezolano, en áreas limítrofes con Colombia, se han instalado «laboratorios cristalizaderos».
Estos datos coinciden con un informe publicado en marzo de 2022 por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que describe a Venezuela como una ruta de preferencia para el tráfico de drogas, predominantemente cocaína, amparada por la actuación de funcionarios del gobierno venezolano: «Individuos del régimen de Maduro colaboraron con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para transportar cocaína a través de Venezuela», señala el informe, citando al titular del Comando Sur.
De este modo, el cierre de las vías de transporte y comercialización de las drogas provocaría tensiones financieras que crecerían con el paso del tiempo, generando tensiones internas en el cártel y con otras organizaciones criminales hasta ahora socias. De manera tal que deteniendo el flujo de drogas y, a la inversa de dinero, podría provocar la caída de Maduro, por convertirse en un pasivo que haría de este negocio, uno cada vez menos rentable.
*Para El Debate





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