


El presidente Milei refuerza la lucha por las ideas
MUNDO - ARGENTINA
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIAS
En un gesto que pasó algo desapercibido en medio del cierre del año, las discusiones parlamentarias, la lucha por aprobar el presupuesto y el inicio de la segunda mitad de su mandato, el Presidente Javier Milei le regaló a cada uno de los miembros de su gabinete un ejemplar de un libro icónico para quienes adscriben al pensamiento anarco-capitalista: Defendiendo lo Indefendible, de Walter Block, publicado por primera vez en Estados Unidos en 1976.


Ese regalo envuelve un mensaje que no debe pasarse por alto: que la lucha por la libertad involucra el compromiso de llegar hasta las últimas consecuencias, y que para ello cada uno debe estar preparado para defender y tolerar cosas que suelen no ser populares o estar reñidas con lo políticamente correcto.
Walter Block es uno de los más respetados autores del libertarianismo norteamericano. Tras estudiar filosofía obtuvo su doctorado en Economía en la Universidad de Columbia en 1972, fuertemente influido por las ideas de la Escuela Austríaca de Economía entonces impulsadas por Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek, Israel Kirzner y Murray Rothbard.
Como muchos jóvenes libertarios de su época, tuvo una influencia inicial en el pensamiento de Ayn Rand, quien tras su gran éxito como novelista, se dedicó a partir de los años ’60 a desarrollar sus ideas en defensa del individualismo y del capitalismo especialmente en ensayos que luego se agruparon en varios libros.
Rand brindaba argumentos demoledores en defensa del individualismo, de la razón como facultad individual y el razonamiento crítico como modo de adquirir conocimiento. Fue una encarnizada defensora de la concepción de la moral como un conjunto de valores y virtudes que, por elección, las personas deberían seguir para llevar una vida acorde a su naturaleza.
El corolario de todo ello era una visión de los derechos individuales como inalienables y del gobierno como la institución cuya única función es protegerlos.
Paralelamente, Block leía con intensidad a los economistas austríacos, y había centrado su interés en el trabajo de Murray Rothbard, quien tras publicar su tratado de economía con el nombre de Man, Economic and the State, en 1970 publicó Power and Market, con una fuerte crítica al intervencionismo estatal. En esos años, mientras trabajaba en su tesis doctoral, Block conoció a Rothbard. Según cuenta el propio Block, tras hablar con Rothbard durante quince minutos se había convencido de que el gobierno es innecesario.
A lo largo de esa década, el discípulo de Mises que se convertiría en mentor de Block, publicó otros tres libros que apuntaron al corazón del pensamiento libertario: For a New Liberety: The Libertarian Manifesto (1973), Egalitarianism as a Revolt Against Nature (1974) y The Ethics of Liberty (1979).
Por estos motivos, la pelea entre Rothbard y Rand –intuyo que por razones más personales que intelectuales-, provocó un sacudón entre los libertarios. Dos eran los alegados motivos de la diferencia: a) La visión innecesariamente cerrada del sistema filosófico de Rand, en especial de su ética, a quienes algunos comenzaban a considerar incompatible con el libertarianismo; b) La defensa que la escritora rusa hacía del monopolio de la fuerza en manos de un gobierno limitado, lo que chocaba con las ideas de los anarco-capitalistas, en especial de Rothbard.
Por supuesto que cualquiera sea la posición que cada cual adopte en este debate, el enriquecimiento intelectual que generó merece, por sí solo, el agradecimiento a ambos intelectuales.
Lo cierto es que, sin desechar las enseñanzas iniciales que calaron muy profundamente en él, Block se encontró más cómodo entre los argumentos de Rothbard. Frente a un sistema moral cerrado –no por culpa exclusiva de Rand, según entiendo, sino en especial de algunos de sus seguidores-, la invocación del principio de no agresión y la defensa radical de la propiedad privada que invocaba Rothbard permitían justificar una convivencia en paz, sin sectarismos, y sin invocar una pretendida superioridad moral.
Por otra parte, intentos como los de Rand o Nozick de justificar un gobierno monopólico con facultades muy limitadas, ya se mostraban como contradictorios lógicamente por los nuevos pensadores libertarios. La idea de un gobierno “necesario”, con el monopolio de la fuerza, pero que a la vez era de existencia eventual en tanto no tenía garantizada la percepción compulsiva de los recursos necesarios para su subsistencia, agravaban la endeblez del argumento a favor del gobierno.
Frecuentemente Block ha señalado que considera a Rand como una autoridad filosófica superior, y que fue su primer gran impacto intelectual libertario. Como tantos jóvenes de su tiempo, influyeron notoriamente en él la lectura de sus novelas, su defensa radical del capitalismo laissez-faire, sobre todo con argumentos éticos, y la crítica frontal al colectivismo y estatismo.
Block fue uno de esos autores para quienes el camino hacia el libertarianismo comenzó en los terrenos moral y político, para luego abordar el económico, y por ello consideró a Rand como la iniciadora de su forma de pensar, pero no el punto de llegada.
Rothbard complementó argumentos lógicos y económicos que fueron decisivos, en especial para limar esas diferencias que habían separado aguas entre los libertarios norteamericanos.
En especial, brindó el argumento central para entender que no existe punto de conexión posible entre la organización libre basada en el proceso de mercado a partir del reconocimiento de derechos de propiedad, y la organización compulsiva basada en la autoridad del gobierno. Por más pequeño que se pretenda que sea el gobierno, su existencia será incompatible con la libertad.
Pero aceptar eso implicaba hacerse cargo de las consecuencias de un cambio abrupto de paradigma en la organización social. La gente en general –incluyendo a los defensores de la libertad- había crecido en un mundo donde el Estado resuelve buena parte de sus problemas. Muchos ni siquiera se habían planteado cómo serían las cosas sin una autoridad que diga cómo deberían ser.
La libertad, la propiedad y el mercado son excelentes argumentos para la lucha ideológica, pero su implementación práctica puede generar complicaciones, en especial en una transición. Entonces, en la medida en que la propuesta libertaria crecía, que se hablaba de un mundo sin gobiernos con mayor naturalidad, las objeciones aparecían por doquier, pidiendo explicaciones de cómo funcionaría todo sin Estado.
La posición inicial de Rothbard, a pesar de abrir un camino importante, se basaba en argumentos bastante rudimentarios. No agresión, respeto irrestricto de derechos de propiedad, competencia de agencias, libertad de contratación, eran argumentos importantes, pero demasiado generales para quienes querían saber detalles de qué pasaría en el mundo si desaparecían los gobiernos.
Block comprendió entonces que la única forma de que tales ideas se tomaran en serio, era llevando los argumentos hasta el límite; mostrando que aun para los temas más escabrosos y políticamente incorrectos, el sistema libertario tenía una solución razonable.
De este modo, Defending the indefendible fue originalmente publicado por Fleet Press Corporation de New York en 1976. El libro tiene un prólogo de Murray Rothbard, que no es meramente formal, sino que legitima públicamente a Block como un continuador y profundizador del pensamiento libertario. Rothbard elogia el método de Block como una “terapia de choque libertaria”, que muestra la consistencia lógica del libertarianismo.
No parece casual que el libro fue dedicado por Block a algunos filósofos vinculados a la filosofía objetivista, como Ayn Rand y Nathaniel Branden, y a otros economistas enrolados en el pensamiento libertario como Walter E. Grinder, Benjamin Klein, Henry Hazlitt y especialmente Murray N. Rothbard.
A lo largo del libro examina muchos “casos” que habitualmente se discuten y que, desde la corrección política y la moral conservadora han merecido no sólo condena moral, sino también legal.
Para poner algunos ejemplos, trata casos vinculados al sexo, como el ejercicio de la prostitución, el proxenetismo y la discriminación sexual. Se refiere al mercado de la droga, tanto desde la perspectiva del drogadicto como del narcotraficante. Analiza distintas situaciones vinculadas con el ejercicio de la libertad de expresión, la violación de la ley, las conductas referidas al dinero, el comercio y los negocios; el ejercicio de actividades económicas que pueden provocar daños ecológicos, y particularidades del mercado laboral.
En todos estos casos Block lleva los argumentos al extremo, no intenta suavizar la discusión, sabiendo que sólo podrá justificarse la posición libertaria si es capaz de dar respuesta a los casos que puedan parecer más repugnantes, e incluso mostrar que lejos de serlo, contienen aristas positivas que frecuentemente no son advertidas.
Esta circunstancia convirtió al libro en un clásico sobre el pensamiento libertario, y provocó que Block escribiera una segunda y tercera partes posteriormente.
En vista de todo ello, que el presidente Milei haya decidido regalar a cada miembro de su gabinete un ejemplar de este libro, precisamente ahora que se inicia la segunda mitad de su mandato con gran cantidad de proyectos en danza, parece un recordatorio de que es necesario tener claras las ideas, y estar dispuesto a sostenerlas hasta el final.
Fuente: PanamPost





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