El primer ministro de Francia, François Bayrou, confía en un giro de último momento para salvar el gobierno de Emmanuel Macron

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El primer ministro francés, François Bayrou, vive días de máxima inestabilidad política ante la moción de confianza que tendrá lugar el 8 de septiembre. A pesar de las proyecciones negativas que anticipan su rechazo en la Asamblea Nacional y, por tanto, su eventual dimisión, mantiene su confianza en un posible viraje en la situación política antes de la votación.

“Estoy convencido de que las cosas van a cambiar en los próximos once días”. Con esta declaración, el primer ministro dejó claro que apuesta a un giro de última hora capaz de modificar la correlación de fuerzas y evitar la caída de su gobierno.

El temor a la crisis se refleja en sus declaraciones más recientes, donde ha advertido sobre la gravedad de la situación financiera de Francia y el impacto del creciente endeudamiento.

El coste de los intereses de la deuda encabeza la lista de preocupaciones. Bayrou recordó que al inicio de la década la carga anual por intereses era de 30.000 millones de euros, pero en 2024 ha escalado a 60.000 millones.

Para 2025 se prevé que se eleven a 66.000 millones y para 2026, a 75.000 millones, con proyecciones que superarían los 100.000 millones anuales sin un giro en la política económica. Así lo expresó el jefe de Gobierno durante una jornada organizada por la patronal Medef, donde advirtió que el auge de los intereses puede poner en jaque toda la estructura económica francesa si no se introduce un ajuste serio.

Entre las propuestas más polémicas se encuentra la supresión de dos días festivos, medida que reportaría un ahorro de 4.000 millones de euros, de acuerdo con Bayrou. Lamentó que el debate público y político se haya centrado en esta reforma, dejando en un segundo plano la urgencia del ajuste presupuestario.

La respuesta de la oposición ha sido contundente y abarca a todo el arco parlamentario, de izquierda y derecha. Todos los partidos contrarios al Ejecutivo han anunciado que votarán en contra en la moción de confianza, lo que podría provocar la caída del Gobierno de Bayrou. El debate presupuestario deriva así en una disputa por el futuro político del primer ministro, quien intenta consolidar apoyos mediante negociaciones directas con las principales formaciones.

En busca de consensos de última hora, Bayrou convocó a los partidos a una reunión para el 1 de septiembre, con el fin de persuadirlos sobre la magnitud de la crisis y pactar la hoja de ruta que garantice estabilidad.

No obstante, las posibilidades de acuerdo parecen muy limitadas. La Francia Insumisa (LFI), primer partido opositor de izquierda, anunció a través de su coordinador Manuel Bombard que no participará en la reunión, porque la considera una maniobra para prolongar la permanencia de Bayrou en el poder.

Los Ecologistas tampoco asistirán, alegando falta de interés. El Partido Socialista, manteniendo la formalidad institucional, acusa al primer ministro de traicionar las promesas de apertura política desde su llegada en diciembre, postura reiterada en los últimos días.

Además, en el bloque de la extrema derecha, la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen confirmó su asistencia al diálogo, aunque adelantó que persistirá en su voto contrario al Gobierno en la moción del 8 de septiembre.}

El primer ministro ha insistido en una entrevista con TF1, en que la viabilidad de cualquier pacto depende de que los partidos reconozcan la urgencia de reducir el gasto y contener la deuda, condición que considera indispensable para evitar el rechazo en la moción de confianza.

En este contexto, el presidente Emmanuel Macron ha respaldado públicamente a Bayrou en el consejo ministerial, aunque la posibilidad de disolver la Asamblea Nacional o anticipar elecciones sigue descartada por el jefe de Gobierno.

La dimensión de la crisis política ha sido destacada por medios como TF1, que describen la activación del artículo 49.1 de la Constitución como una maniobra arriesgada en este escenario tan volátil. Si el Gobierno se viera desplazado el 8 de septiembre, se abriría una nueva etapa de incertidumbre, a menos de un año de la salida de Michel Barnier del poder.

El Parlamento fragmentado y el futuro económico de Francia, en vilo
El ex primer ministro Gabriel Attal subrayó la urgencia de contar con un presupuesto aprobado antes del cierre del año y cuestionó a la oposición por priorizar la disolución parlamentaria sobre soluciones efectivas. Attal afirmó que “los impuestos y las tasas son una carga para los empresarios”, defendiendo la necesidad de un cambio de modelo económico.

El Partido Socialista ha intensificado su perfil como alternativa, elaborando propuestas para el ajuste fiscal que no respaldarán la confianza a Bayrou.

Desde la derecha radical, Jordan Bardella, presidente del RN, calificó la convocatoria de moción de confianza como un “suicidio político” y sostuvo que ante el bloqueo actual solo cabe regresar a las urnas, mediante la disolución de la Asamblea Nacional o incluso la renuncia de Macron.

Por ahora, la política francesa permanece en un compás de espera: mientras la deuda y su financiamiento continúan creciendo, los actores institucionales y la sociedad civil aguardan la definición de la moción de confianza. El desenlace del 8 de septiembre se perfila como un punto de inflexión, capaz de redefinir la composición del Gobierno y la política económica francesa.

(Con información de EFE y AFP)

Fuente: Infobae

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