Bolivia y el último manotazo de ahogado del populismo autoritario

OPINIÓN Por Carlos Zimerman

19int-bolivia-protests01-photo-mvlz-articleLarge

Carlos Zimerman
Por Carlos Zimerman

Lo que hoy ocurre en Bolivia no es una discusión democrática ni una simple disputa interna de poder. Es lisa y llanamente un intento desesperado de supervivencia política de una estructura que durante años utilizó al Estado como herramienta de saqueo, persecución y manipulación social. Detrás de los discursos grandilocuentes y las consignas supuestamente populares, lo que existe es miedo. Miedo a perder privilegios. Miedo a la Justicia. Miedo a terminar presos.

Y en el centro de ese escenario aparece nuevamente Evo Morales, un dirigente que hace tiempo dejó de representar cualquier causa popular para transformarse en el símbolo más claro de cómo el populismo latinoamericano termina degenerando en autoritarismo, corrupción y destrucción institucional.

Porque lo de Morales no es diferente a lo que representan los Kirchner en Argentina, Gustavo Petro en Colombia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, los Castro en Cuba o el régimen de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela. Todos forman parte de una misma matriz política: dirigentes que hablan en nombre del pueblo mientras empobrecen al pueblo, destruyen la economía y convierten al Estado en un aparato de poder personal.

La historia reciente de América Latina está plagada de ejemplos. Prometen igualdad y terminan generando miseria. Hablan de justicia social mientras consolidan sistemas de privilegios para sus amigos políticos. Acusan a los demás de golpistas, pero son ellos quienes permanentemente buscan llevarse puesta a la República cuando la democracia deja de servirles.

Lo que intentan hacer hoy contra el presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira tiene un objetivo muy claro: impedir que avance cualquier proceso institucional que pueda terminar exponiendo responsabilidades penales de quienes gobernaron Bolivia durante años. No hay épica revolucionaria. No hay defensa de los humildes. Hay miedo a la cárcel.

Porque cuando los liderazgos populistas pierden el control del aparato estatal, inmediatamente aparece el verdadero rostro del sistema: aprietes, movilizaciones violentas, amenazas y desestabilización. Exactamente lo mismo que ocurrió en otros países de la región cada vez que el poder empezó a escapárseles de las manos.

Por eso resulta fundamental que los gobiernos democráticos del mundo reaccionen con firmeza. No se puede permitir que Bolivia vuelva a caer en manos de sectores que destruyeron instituciones, manipularon la Justicia y utilizaron al Estado para enriquecerse mientras millones de ciudadanos seguían viviendo en la pobreza.

La comunidad internacional debe comprender que lo que está en juego no es solamente una presidencia. Está en juego la continuidad del Estado de derecho y la posibilidad de que Bolivia deje atrás definitivamente décadas de populismo decadente.

Argentina logró comenzar ese camino de recuperación institucional después de años de kirchnerismo. Venezuela, lentamente y con enormes dificultades, también empieza a mostrar señales de agotamiento del régimen chavista. Y ahora Bolivia enfrenta su propia batalla histórica.

La Justicia debe actuar. Sin especulaciones. Sin cobardías. Los responsables de haber saqueado al país deben responder ante la ley, independientemente del cargo que hayan ocupado o del relato ideológico con el que intenten encubrirse.

Porque cuando la política se convierte en una asociación destinada a garantizar impunidad, deja de ser política y pasa a ser otra cosa. Y América Latina ya sufrió demasiado tiempo las consecuencias de esos experimentos de poder disfrazados de causas populares.

Resumen

  1. La crisis en Bolivia es presentada como un intento desesperado de sectores ligados a Evo Morales por conservar poder e impunidad.
  2. La nota sostiene que el populismo latinoamericano terminó generando pobreza, corrupción y deterioro institucional en distintos países de la región.
  3. Se compara a Evo Morales con dirigentes como Cristina Fernández de Kirchner, Gustavo Petro, Rafael Correa, Daniel Ortega, Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
  4. El artículo afirma que el objetivo de las maniobras políticas es evitar investigaciones judiciales y posibles condenas contra exfuncionarios bolivianos.
  5. Se advierte que las presiones contra Rodrigo Paz Pereira representarían un intento de desestabilización institucional y un ataque al Estado de derecho.
  6. La nota reclama una reacción firme de los gobiernos democráticos del mundo para evitar un eventual quiebre institucional en Bolivia.
  7. También sostiene que la Justicia debe avanzar “sin miramientos” contra quienes hayan cometido delitos durante años de gestión política y corrupción estatal.
Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto