Trump y Netanyahu: diferencias tácticas, pero una alianza indestructible

OPINIÓN Por Carlos Zimerman

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Carlos Zimerman
Por Carlos Zimerman

Cada vez que aparecen versiones sobre tensiones entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu, algunos analistas se apresuran a anunciar crisis diplomáticas, rupturas estratégicas o supuestos cambios históricos en la relación entre Estados Unidos e Israel.

La realidad, sin embargo, parece ser bastante diferente.

Es cierto que en las últimas semanas comenzaron a hacerse visibles algunas diferencias entre ambos líderes respecto de cómo abordar los conflictos abiertos en Medio Oriente, especialmente en relación con Irán, Hezbollah y la estrategia militar israelí en la región.

Pero también es cierto que confundir diferencias tácticas con una ruptura estratégica sería un error de análisis de enormes proporciones.

Porque más allá de los matices, las discusiones y los desacuerdos circunstanciales, existe una verdad que atraviesa a todas las administraciones norteamericanas de las últimas décadas:

La relación entre Estados Unidos e Israel es una de las alianzas más sólidas, profundas e importantes del mundo.

Dos líderes con estilos diferentes

Tanto Trump como Netanyahu comparten una visión común sobre numerosos aspectos de la política internacional.

Ambos consideran que Irán representa la principal amenaza para la estabilidad regional.

Ambos defienden el derecho de Israel a garantizar su seguridad.

Y ambos sostienen que los grupos terroristas respaldados por Teherán constituyen un peligro para toda la región.

Sin embargo, compartir objetivos no significa necesariamente coincidir en cada decisión.

Todo indica que Trump busca explorar una salida diplomática que le permita reducir tensiones y evitar una escalada regional de gran magnitud.

Por su parte, Netanyahu mantiene una postura mucho más firme respecto de la necesidad de sostener la presión militar sobre los enemigos de Israel.

Allí aparecen las diferencias.

Pero son diferencias sobre los caminos.

No sobre el destino.

Lo permanente pesa más que lo circunstancial

La historia demuestra que la relación entre ambos países sobrevivió a gobiernos republicanos y demócratas.

Sobrevivió a desacuerdos políticos.

Sobrevivió a conflictos regionales.

Y sobrevivió a profundas transformaciones geopolíticas.

Por eso resulta exagerado presentar cualquier desacuerdo coyuntural como una amenaza para una alianza construida durante décadas.

Estados Unidos necesita a Israel tanto como Israel necesita a Estados Unidos.

Israel representa para Washington un socio estratégico de enorme valor en una de las regiones más inestables del planeta.

Su capacidad tecnológica.

Su fortaleza militar.

Su inteligencia estratégica.

Y su condición de democracia estable en Medio Oriente lo convierten en un aliado irremplazable para los intereses norteamericanos.

Por su parte, Israel encuentra en Estados Unidos el respaldo político, diplomático y militar más importante del mundo.

Israel seguirá siendo el principal aliado de Estados Unidos en Medio Oriente

Más allá de las discusiones actuales, hay algo que difícilmente cambie.

Israel continuará siendo el principal aliado de Estados Unidos en Medio Oriente.

Ningún otro país de la región posee el nivel de cooperación militar, tecnológica, económica e institucional que existe entre ambos Estados.

Y tampoco existe otro vínculo bilateral con semejante nivel de profundidad estratégica.

Por esa razón, quienes interpretan las diferencias entre Trump y Netanyahu como una señal de alejamiento probablemente estén observando apenas una parte del escenario.

Los líderes pasan.

Las administraciones cambian.

Las estrategias se ajustan.

Pero las alianzas construidas sobre intereses permanentes suelen sobrevivir a las coyunturas.

Y ese parece ser precisamente el caso.

Más allá de Trump y Netanyahu

La verdadera relación que importa no es solamente la que existe entre dos dirigentes políticos.

La verdadera relación es la que une a Estados Unidos con Israel.

Y esa relación descansa sobre bases mucho más profundas que las simpatías personales o las diferencias circunstanciales entre dos gobiernos.

Podrán existir desacuerdos tácticos.

Podrán existir discusiones sobre los tiempos o los métodos.

Podrán existir diferencias respecto de cómo enfrentar determinados desafíos regionales.

Pero resulta extremadamente difícil imaginar un escenario en el que Estados Unidos abandone a Israel o en el que Israel deje de ser el principal socio estratégico norteamericano en Medio Oriente.

Por eso, mientras algunos observan tensiones, otros observan algo más importante.

Una alianza que ha demostrado ser más fuerte que cualquier desacuerdo pasajero.

Y una alianza que, todo indica, seguirá siendo uno de los pilares fundamentales de la política internacional durante muchos años más.

Resumen: 7 claves para entender la situación

1. Existen diferencias tácticas entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu respecto de cómo abordar algunos conflictos en Medio Oriente.

2. Las principales discrepancias aparecen en relación con Irán, Hezbollah y la intensidad de la respuesta militar israelí.

3. Trump parece inclinarse por mantener abiertas algunas vías diplomáticas, mientras Netanyahu sostiene una postura más dura.

4. Ambos líderes continúan compartiendo objetivos estratégicos fundamentales, especialmente en materia de seguridad regional.

5. La alianza entre Estados Unidos e Israel trasciende a los gobiernos y se apoya en intereses geopolíticos permanentes.

6. Israel seguirá contando con el respaldo político, diplomático y militar de Estados Unidos.

7. Más allá de las diferencias coyunturales, Israel continuará siendo el principal aliado estratégico de Estados Unidos en Medio Oriente.

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