Trump y Xi, una cumbre que deja una señal positiva para el mundo

OPINIÓN Por Carlos Zimerman

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Carlos Zimerman
Por Carlos Zimerman

RESUMEN

  • Donald Trump y Xi Jinping cerraron una visita marcada por el diálogo y la voluntad de mantener abiertos los canales de negociación.
  • Los mandatarios acordaron seguir encontrándose durante 2026, una señal de continuidad diplomática entre las dos mayores potencias económicas.
  • El comercio volvió a ocupar un lugar central, con expectativas de mayores exportaciones estadounidenses hacia China, especialmente para los productores agropecuarios.
  • La guerra en Irán, Ucrania, Corea y Taiwán fueron abordadas directamente, incluyendo un pedido estadounidense para que China no ayude a Teherán.
  • En inteligencia artificial apareció un punto de coincidencia: el desarrollo tecnológico debe mantenerse bajo control humano, aunque sin cerrar la puerta a la investigación.

Una distensión que el mundo necesitaba

Hay encuentros presidenciales que terminan con una larga lista de acuerdos y otros que, aun sin producir grandes anuncios, dejan algo que puede ser todavía más importante: la posibilidad de seguir hablando.

Eso es, en buena medida, lo que dejó la visita de Xi Jinping a Washington y su encuentro con Donald Trump.

No hay que exagerar los resultados. La tregua comercial fue extendida solamente hasta enero y todavía quedan enormes diferencias entre Estados Unidos y China. Tampoco aparecieron soluciones definitivas para los conflictos internacionales que preocupan al planeta.

Pero sería un error mirar solamente aquello que no se consiguió.

Porque en un mundo atravesado por guerras, tensiones comerciales, competencia tecnológica y enfrentamientos geopolíticos, que los presidentes de las dos mayores potencias económicas se sienten a conversar, vuelvan a hacerlo y acuerden seguir conversando es una noticia positiva.

Y no es un detalle menor.

Trump y Xi decidieron mantener abierto el diálogo

Uno de los datos más significativos es que Xi anunció que volverá a reunirse con Trump dos veces más antes de terminar el año. Una de esas reuniones podría producirse en noviembre, durante la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico en Shenzhen, y otra en diciembre, en el marco del G20 en Miami.

Esto significa algo concreto: la diplomacia no se interrumpe.

Trump y Xi pueden tener posiciones completamente diferentes sobre comercio, Taiwán, Irán, tecnología o seguridad internacional, pero mientras exista diálogo existe también la posibilidad de negociar.

Y cuando hablamos de Estados Unidos y China, hablamos de dos países cuya relación puede afectar directamente a prácticamente todo el planeta.

Comercio, productores y menos confrontación

La extensión de la tregua comercial tampoco representa una solución definitiva, pero evita, al menos por ahora, una nueva escalada.

Trump, además, habló de “buenas noticias” para los agricultores estadounidenses, en referencia a las conversaciones comerciales y a una posible ampliación de las cuotas de exportación.

Para Estados Unidos, eso significa abrir mercados para sus productores.

Para China, significa garantizar el acceso a productos que necesita.

Y para el resto del mundo, significa una posibilidad de reducir las tensiones comerciales entre dos gigantes que tienen capacidad suficiente para alterar los precios y las cadenas de abastecimiento internacionales.

No es poco.

Irán, Ucrania, Corea y Taiwán estuvieron sobre la mesa

Otro aspecto positivo es que los problemas más delicados no fueron escondidos debajo de la alfombra.

Trump y Xi hablaron durante unos 90 minutos a puertas cerradas sobre Ucrania, la península de Corea y la guerra en Irán.

También apareció uno de los asuntos más sensibles de la relación bilateral: Taiwán.

El embajador estadounidense David Perdue aseguró que Trump volvió a reclamarle a Xi que China no proporcione ayuda directa o indirecta a Irán, mientras que el mandatario chino planteó que Washington y Teherán deberían resolver sus diferencias “a través de la negociación lo antes posible”.

Puede haber desacuerdos profundos sobre cómo resolver estos conflictos. Pero hay algo que resulta saludable: que las grandes potencias hablen de ellos directamente y no solamente a través de comunicados, amenazas o terceros países.

La inteligencia artificial también necesita diálogo

La IA fue otro de los temas relevantes.

Estados Unidos y China están en la primera línea de la competencia tecnológica mundial y, justamente por eso, cualquier enfrentamiento entre ambos en este terreno puede tener consecuencias enormes.

Xi planteó que ambos países tienen la capacidad y la responsabilidad de garantizar que “el desarrollo de la IA esté siempre bajo control humano”.

Trump, por su parte, señaló que las decisiones tomadas en este campo pueden promover “la paz y la prosperidad durante décadas”.

Lo interesante es que ninguno de los dos gobiernos planteó cerrar la investigación tecnológica.

Ese equilibrio puede ser importante: desarrollar la inteligencia artificial, aprovechar sus enormes posibilidades y, al mismo tiempo, establecer límites que impidan que la tecnología termine tomando decisiones que corresponden a los seres humanos.

Hasta los gestos importan

También hubo una enorme carga simbólica en la visita.

Trump llevó a Xi a los Archivos Nacionales, donde se conservan la Declaración de Independencia, la Constitución y la Carta de Derechos de Estados Unidos.

Puede interpretarse como un gesto político, diplomático o incluso propagandístico. Pero también fue una oportunidad para mostrarle al presidente chino algunos de los pilares institucionales sobre los que se construyó Estados Unidos.

Después hubo una cena de Estado, recorridos por la Casa Blanca, encuentros entre Melania Trump y Peng Liyuan, y gestos protocolares que buscaron mostrar una relación menos confrontativa.

La política internacional también está hecha de símbolos.

Faltan hechos, pero apareció algo fundamental

Por supuesto que todavía falta muchísimo.

El mundo necesita decisiones concretas y no solamente fotografías, discursos y apretones de manos. Las guerras siguen, las tensiones comerciales continúan y los desacuerdos estratégicos entre Washington y Pekín están lejos de desaparecer.

Pero tampoco hay que despreciar una distensión.

Cuando dos potencias de semejante tamaño dejan de hablarse, el riesgo aumenta. Cuando vuelven a sentarse frente a frente, se abre una posibilidad.

Trump y Xi no solucionaron los grandes problemas del mundo. Pero demostraron que pueden sentarse a una misma mesa, discutir asuntos extremadamente sensibles y decidir volver a encontrarse.

En tiempos en los que sobran las amenazas y faltan espacios de negociación, eso ya es una señal positiva.

Porque muchas veces la paz no comienza con un gran acuerdo.

Comienza simplemente cuando dos dirigentes deciden seguir hablando.

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