


¿Vuela todo por los aires? Estados Unidos e Irán vuelven a quedar al borde de una confrontación de escala global
OPINIÓN Por Carlos Zimerman


La crisis entre Estados Unidos e Irán sumó un nuevo capítulo de extrema tensión y volvió a encender las alarmas en todo el mundo. En las últimas horas, la administración encabezada por Donald Trump profundizó la presión sobre el régimen iraní mediante una combinación de contactos directos con altos mandos militares y una nueva ofensiva aérea ejecutada por el Comando Central de Estados Unidos (Centcom).
Según trascendió a través del periodista Trey Yingst, de Fox News, el mandatario estadounidense mantuvo comunicaciones con oficiales iraníes desde la sala de crisis de la Casa Blanca, con el objetivo de exigir la aceptación de las condiciones planteadas por Washington para avanzar hacia un eventual acuerdo.


"Acepten las condiciones o enfrentarán consecuencias mayores", habría sido el mensaje transmitido desde la administración norteamericana, según distintas versiones periodísticas.
Mientras esos contactos se desarrollaban, fuerzas estadounidenses llevaban adelante una serie de bombardeos contra posiciones iraníes, en una operación que marca una nueva escalada en un conflicto que parece no encontrar límites.
Un dato llamativo de la ofensiva fue que, de acuerdo con la propia versión de Trump, Israel no participó de los ataques, una situación poco habitual.
Horas antes del inicio de las operaciones, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, había anticipado desde las instalaciones del Centcom una respuesta militar contundente.
"Estados Unidos actuará con fuerza", había advertido el funcionario.
Desde la Casa Blanca justificaron la ofensiva como una represalia frente a lo que consideran una serie de acciones hostiles impulsadas por Teherán, entre ellas un reciente ataque contra un helicóptero estadounidense en el que viajaban militares norteamericanos.
Posteriormente, el Centcom confirmó ataques sobre múltiples objetivos dentro de territorio iraní, aunque evitó brindar precisiones sobre la magnitud de los daños o la duración prevista de la operación.
Pocas horas después comenzaron a conocerse reportes de explosiones en diferentes regiones del país persa.
La agencia Mehr informó sobre la activación de sistemas de defensa aérea en Teherán, mientras que la agencia Fars reportó detonaciones en localidades estratégicas del sur iraní, incluyendo Sirik y la isla de Qeshm.
La reacción de Irán fue inmediata y elevó aún más la tensión internacional.
El Cuartel General Central Jatam al Anbiya anunció el cierre total del Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta para el transporte de petróleo.
"Toda embarcación que intente atravesar la zona será considerada un objetivo militar", advirtió el mando iraní.
La medida generó preocupación mundial debido a que por esa vía circula una parte sustancial del comercio energético internacional.
Además, la Guardia Revolucionaria Iraní aseguró haber abierto fuego contra dos embarcaciones que intentaban navegar por el estrecho.
Sin embargo, la versión fue rápidamente desmentida por Estados Unidos.
Desde el Centcom afirmaron que el tráfico marítimo continúa desarrollándose con normalidad y que los barcos comerciales siguen ingresando y saliendo de la zona sin restricciones.
La disputa informativa también alcanzó a otro anuncio realizado por Donald Trump, quien aseguró que una operación especial impulsada por su gobierno había permitido garantizar el paso de más de 100 millones de barriles de petróleo hacia los mercados internacionales.
Las autoridades iraníes rechazaron esa afirmación y calificaron la información como falsa.
La guerra de versiones se desarrolla en paralelo a una peligrosa escalada militar que mantiene en vilo a la comunidad internacional.
Paradójicamente, el aumento de las hostilidades ocurre mientras continúan desarrollándose contactos diplomáticos indirectos entre ambas potencias.
Diversos actores internacionales, entre ellos Pakistán, intentan mediar para acercar posiciones y evitar una confrontación abierta de gran escala.
Sin embargo, más allá de los movimientos militares y de los esfuerzos diplomáticos que continúan desarrollándose en distintos frentes, existe una realidad que muchos observadores internacionales vienen señalando desde hace décadas: negociar con Irán ha demostrado ser una tarea extremadamente compleja.
Para amplios sectores políticos de Occidente, la conducción iraní ha acumulado durante años un importante déficit de credibilidad internacional, producto de sucesivas crisis, incumplimientos, amenazas y conflictos que han marcado la relación de Teherán con buena parte del mundo occidental.
La desconfianza hacia el régimen terrorista iraní se ha convertido en uno de los principales obstáculos para cualquier acuerdo duradero.
En ese contexto, son muchos los analistas y dirigentes políticos que sostienen que las autoridades iraníes han respondido históricamente con mayor atención a las demostraciones de poder que a los gestos diplomáticos, una interpretación que explica buena parte de las estrategias adoptadas por distintas administraciones estadounidenses a lo largo de los años.
Del otro lado aparece Donald Trump, un presidente que jamás se caracterizó por las medias tintas. A lo largo de su carrera política construyó su liderazgo sobre decisiones contundentes, mensajes directos y una disposición permanente a utilizar todo el poder de los Estados Unidos cuando considera que los intereses de su país están amenazados.
Trump no parece dispuesto a retroceder ni a aceptar desafíos sin respuesta.
Sus seguidores consideran que el mandatario norteamericano ya tiene definido un camino para enfrentar a un régimen al que responsabilizan por décadas de inestabilidad regional, apoyo a organizaciones armadas y permanentes amenazas contra aliados estratégicos de Washington.
Mientras la tensión sigue creciendo, cada vez son más quienes creen que la actual administración estadounidense está decidida a llegar hasta las últimas consecuencias para imponer sus condiciones y modificar de manera profunda el equilibrio de poder en Medio Oriente.
Aun así, la escalada militar y el endurecimiento de las posiciones muestran un escenario cada vez más delicado.
Estados Unidos e Irán siguen intercambiando amenazas, ataques y advertencias, mientras el mundo observa con preocupación la posibilidad de una escalada que podría impactar sobre la seguridad internacional, los mercados energéticos y la estabilidad de todo Medio Oriente.
La pregunta que hoy sobrevuela los principales centros de poder del planeta es una sola: si alguno de los dos actores decide dar un paso más, ¿volará todo por los aires?
RESUMEN
1. Donald Trump mantuvo contactos con altos mandos iraníes mientras se desarrollaban nuevos bombardeos estadounidenses.
2. El Centcom confirmó ataques contra múltiples objetivos dentro de Irán.
3. La administración estadounidense justificó la ofensiva como respuesta a recientes acciones hostiles atribuidas a Teherán.
4. Se reportaron explosiones en Teherán, Sirik y la isla de Qeshm.
5. Irán anunció el cierre del Estrecho de Ormuz y amenazó con atacar embarcaciones que intenten cruzarlo.
6. Estados Unidos negó que el bloqueo marítimo se haya concretado y aseguró que el tránsito comercial continúa normalmente.
7. Mientras continúan algunos esfuerzos diplomáticos, la desconfianza mutua y la escalada militar colocan nuevamente a ambas potencias al borde de una crisis internacional de consecuencias imprevisibles.




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