


La Venezuela noble y sus episodios
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIAS

El proceso de consolidación de los pueblos no ha sido fácil. Las condicionantes, como lo exhiben los siglos, incluyendo los más recientes, demandan, y cada vez con más determinación y hasta violencia, un desarrollo lo más armónico posible, tanto en lo político, lo económico y lo social.
En serias investigaciones constatamos los inconvenientes por parte de destacados académicos, desde la antigüedad hasta nuestros días. Se les escucha y lee que una posible explicación pasaría por ponderar las consecuencias del contrato social, concibiéndolo como un acuerdo entre gobernantes y gobernados sujetos a mutuas cesiones, permisos, reclamaciones, súplicas, quejas y protestas, en el entendido de que es diferente y hasta opuesto a aquel suscrito entre dos o más personas, por ejemplo, acreedor y deudor, mediante el cual se crean, modifican o extinguen derechos y obligaciones, y cuya validez depende del libre consentimiento de quienes lo suscriben y un propósito posible y lícito. Los efectos de esa contratación atañen a las personas naturales o corporativas que lo celebran. Y, únicamente.
A pesar de ello, respetados analistas insisten que un paralelismo del contrato social en realidad subyace en lo relativo a los derechos y obligaciones del Estado que gobierna y los gobernados. El propósito no puede negarse que está vinculado a la vocación imperativa del Estado a la maximización de las condiciones sociales, económicas y culturales, ruta para un desarrollo equitativo en lo político, económico y social. Esto es:


Priorizar el bienestar colectivo;
Garantizar la justicia, la paz y la dignidad humana; y
El diseño y ejecución de políticas públicas que coadyuven a estadios aceptables de progreso individual y colectivo. Pareciera, entonces, aceptable que una contratación, aunque atípica, se gesta entre el Estado y sus ciudadanos.
El contrato social, si dijéramos que postula una metodología para evitar las consecuencias deplorables de la pobreza que afecta a importantes segmentos, se estaría edificando una consideración aceptable. En el tecnicismo académico se plantea que lo racional es que cada quien aúne sus intereses con los de los demás para una ganancia más racional. Lo paradójico pasa porque el interés propio, combinado con un futuro y respetable lugar en la sociedad, conduce a las diferencias y negativas consecuencias.
En fuentes reconocidas se escribe con respecto a la necesaria eficiencia del contrato social, señalándose la propensión del mismo para una larga y saludable vida, el acceso al conocimiento y un nivel de existencia digno, denunciándose negativas consecuencias de lo opuesto. Motivación para una justificación de la metodología, particularmente, si se toma en cuenta, por ejemplo, que el valor del IDH de Estados Unidos, potencia con la cual Venezuela mantiene hoy una corresponsabilidad gubernativa, lo sitúa en la categoría de muy alto, ocupando el puesto 17 de 193 países, y que China, en los últimos 40 años, al cual le hubiese agradado un tutelaje para con Caracas, lo cual pareciera haberse intentado, se ha convertido en la segunda economía más grande del globo y en una nación de ingresos medios-altos, siendo una de las pocas que ha pasado de un nivel bajo a uno alto de desarrollo humano. El contrato social, por tanto, como que ha operado acertadamente en EEUU y en China. En lo relativo a Venezuela, el IDH lo ubica en el puesto 120-121 a nivel mundial. Y, para ella, su desarrollo humano muestra un marcado retroceso histórico.
Es, por consiguiente, oportuno observar, por vía de contraste, cómo le ha ido a Venezuela con el contrato social, o viceversa, cómo le ha ido al último en nuestra Patria:
El noble país ha escrito a lo largo de su historia diversas versiones del contrato social
Asimismo, se ha comprometido a hacerlo realidad
Asumiendo, como pareciera lógico, que el contrato social es aquel que se plasma en las constituciones, ha de considerarse también lo siguiente:
Primero, hemos tenido, a lo largo de nuestra historia republicana, 25 contratos sociales y, segundo, en la redacción de los textos constitucionales, huelga expresar que hemos sido muy adelantados, mas no, tal como lo revela la historia, en su puesta en práctica. Nos hemos lucido, pues, como muy buenos redactores, pero pésimos ejecutores. De allí, entre otras razones, la pertinencia de haber titulado al presente ensayo «La Venezuela noble y sus episodios».
El país, no puede negarse, que mora hoy en un estado de profunda tensión y conflicto psicológico. Esto es, en medio de dos opciones que se excluyen, pues, dudamos con respecto a cuál de ellas es más beneficiosa. Un dilema para el Diccionario de la Lengua Española es una situación donde se debe elegir entre dos opciones que son igualmente buenas o malas. También se usa en filosofía como un tipo de argumento con dos partes contrarias. Ilustra una situación donde la búsqueda del beneficio propio lleva a resultados subóptimos para todos los involucrados. No pareciera haber dudas de que los venezolanos estamos compelidos a acudir a la metodología que más nos convenga. Diríamos que a escribir una constitución sincera. Y, lo que es prioritario, esencialmente ejecutable.
Es imperativo hacer referencia a la situación de gobernabilidad compartida, protectorado y tutela que rige hoy con Estados Unidos, potencia mundial cuyas manifestaciones revelan que la metodología tomará el tiempo necesario para la concreción de sus objetivos. El escenario interno no deja de ser dilemático, propio de las sociedades golpeadas por quienes la gobernaron equivocadamente y los que pretenden hacerlo bajo fórmulas insertas en las democracias eficientes.Ello induce a algunas preguntas:
¿Estará EEUU dispuesto a poner fin al régimen tutorial?
¿Lo haría para que se adelante un proceso electoral dirigido a elegir a un Presidente de la República, a parlamentarios y jueces?
¿Los Estados están en la capacidad de seleccionar, a través del voto popular, a sus gobernadores, legisladores y otras autoridades?
La suerte de los recursos financieros, en principio, bajo la coordinación del Gigante del Norte
Es de esperar un cambio en el régimen del protectorado como resultado de las denominadas elecciones de medio término en los Estados Unidos.
En un análisis titulado «No están negociando quién gobernará Venezuela. Están negociando las reglas del futuro», de la autoría del politólogo venezolano Antonio de La Cruz, el cual nos enviara un estimado amigo, hemos extraído las acotaciones siguientes:
«El comunicado de Washington sobre la reunión de Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez no habla de elecciones, de candidatos ni de presidencia. Habla de instituciones, de quién escribe las reglas antes de que alguien gane. La transición no comienza con una elección; comienza con la reconstrucción del Estado, o sea, primero el tablero, después la partida. No se habla de fechas electorales; no es un olvido, es un mensaje. No se habla de elecciones, sino de trabajo técnico, ingeniería institucional, arquitectura del sistema; la legitimación es para estatuir una mesa… En el Estado tutelado, la estabilización ya ocurrió y la recuperación, en marcha. La transición será supervisada, no improvisada; no se puede negociar volver al caos. La transición no busca determinar quién manda; busca decidir qué cosas nadie podrá volver a destruir».
En nuestro criterio, pareciera un adecuado análisis del protectorado al cual hemos hecho mención, cuya vigencia no pareciera depender de nuestra unilateralidad.
Provoca preguntarle a De La Cruz si pudiera calificarse como el contrato social hoy vigente en Venezuela. O, por lo menos, los lineamientos para su elaboración. Un capítulo más de nuestra historia.
La respuesta del académico sería pertinente.
Fuente: PanamPost







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