Perú ante una elección decisiva: entre la continuidad de la crisis y la apuesta por un cambio de rumbo

AMÉRICA LATINA Por Carlos Zimerman

hoy

Perú vivirá este domingo una de las elecciones más trascendentales de los últimos años. Con las encuestas marcando una paridad casi absoluta, la candidata de derecha Keiko Fujimori y el referente de izquierda Roberto Sánchez protagonizarán un balotaje que promete definirse voto a voto y mantener la incertidumbre hasta el cierre del escrutinio.

Los últimos sondeos muestran un escenario de empate técnico. Aunque algunas mediciones le otorgan una leve ventaja a Fujimori, la diferencia apenas supera los dos o tres puntos porcentuales y se encuentra dentro del margen de error estadístico. A ello se suma un importante porcentaje de indecisos que podría terminar inclinando la balanza en una elección que aparece completamente abierta.

El resultado definirá mucho más que un simple cambio de gobierno. En juego se encuentran dos modelos de país profundamente distintos. Por un lado, Fujimori propone fortalecer la economía de mercado, recuperar la confianza de los inversores y profundizar la inserción internacional de Perú. Por el otro, Sánchez impulsa un proyecto identificado con los sectores de izquierda que plantean una mayor intervención estatal en la economía y una revisión de varias políticas aplicadas durante las últimas décadas.

La candidata de Fuerza Popular llega a esta instancia tras haber obtenido poco más del 17% de los votos en la primera vuelta celebrada el pasado 15 de abril. Detrás quedó Sánchez, representante de Juntos por el Perú, con alrededor del 12%.

Lejos de representar una fortaleza, esos números reflejan la profunda fragmentación política que atraviesa al país. Ninguno de los candidatos logró construir una mayoría sólida y ambos arrastran elevados niveles de rechazo entre amplios sectores del electorado, una característica que convierte a esta elección en una de las más complejas e impredecibles de la historia reciente peruana.

Durante el cierre de campaña, Fujimori volvió a plantear la elección como una disyuntiva entre dos caminos opuestos para el futuro del país. Ante miles de simpatizantes, convocó a los ciudadanos a acompañarla para evitar lo que definió como "un retroceso" para Perú.

"Queremos un gobierno que nos traiga paz, que recupere el orden. Queremos un gobierno confiable. No los voy a defraudar", afirmó la candidata, que afronta su cuarto intento de alcanzar la presidencia.

Desde los sectores que respaldan a Fujimori sostienen que Perú necesita consolidar un modelo que fortalezca la inversión privada, genere empleo y acerque al país a las economías más dinámicas del mundo. Consideran además que los sucesivos experimentos impulsados por distintas expresiones de la izquierda en América Latina han dejado resultados negativos en materia económica e institucional.

Por su parte, los seguidores de Sánchez argumentan que es necesario avanzar hacia un esquema con mayor presencia estatal para reducir desigualdades y fortalecer las políticas sociales.

Con una diferencia prácticamente imperceptible entre ambos candidatos y millones de peruanos aún evaluando su voto, todo indica que la definición será ajustada. Lo único seguro es que Perú enfrenta una decisión que marcará su rumbo político, económico e institucional durante los próximos años.

La ciudadanía tendrá la última palabra en una elección que muchos consideran un verdadero punto de inflexión para el futuro de la nación andina.

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