¿Qué planea Estados Unidos para acabar con Hezbolá en el Líbano?

EE.UU Andrea Polidura*

Israel lleva combatiendo a la organización terrorista libanesa Hezbolá en el país vecino casi tres años y, aunque ha logrado mermar sus capacidades militares y eliminar a prácticamente toda su cúpula, incluido su secretario general, Hasán Nasralá, en un ataque contra los suburbios de Beirut en septiembre de 2024, la milicia sigue suponiendo una amenaza para el norte del Estado judío. Desde que Israel iniciara su campaña terrestre contra el Líbano, ha mantenido sus posiciones a pesar del posterior alto el fuego y de las promesas de retirada.

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Ahora, Israel y el Líbano firmaron el pasado 26 de junio, con la mediación de Estados Unidos, un acuerdo Marco Trilateral que permita apuntalar una tregua y desarmar de una vez por todas a Hezbolá. La semana pasada, y tras varias rondas previas en Washington, ambas partes discutieron los aspectos más técnicos, lo que ha derivado en la creación de «zonas piloto» en el sur del país mediterráneo. La idea es que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se retiren de esas áreas y que su lugar lo ocupen las Fuerzas Armadas del Líbano (FAL). Este lunes, Estados Unidos adelantó que el plan empezará a implementarse en Froun, Srifa y Zawtar al-Gharbiya.

«Hoy –sobre el lunes– se iniciaron las operaciones en la zona piloto de las aldeas de Froun, Srifa y Zawtar al-Gharbiya, de conformidad con el marco trilateral y bajo los auspicios del Grupo de Coordinación Militar para el Líbano», anunció el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, en un breve comunicado. En esta misma línea, Pigott aseguró que Estados Unidos «seguirá colaborando estrechamente con ambas partes para la correcta implementación del marco». Sin embargo, tan solo 24 horas después de este anuncio se registraron los primeros incidentes entre las FDI y el Ejército libanés.

Las FAL denunciaron este martes que, cuando se disponían a desplegarse en la localidad de Zawtar al-Gharbiya, en Nabatieh, soldados israelíes «abrieron fuego» cerca de sus unidades. «Este ataque obstaculizará la implementación de las medidas de despliegue», aclaró el Ejército libanés, que además recordó que estos pasos se están dando junto al Grupo de Coordinación Militar para el Líbano (MCG4L), un mecanismo formado por representantes militares tanto libaneses como estadounidenses e israelíes y que tiene por objetivo supervisar, precisamente, el despliegue de las fuerzas libanesas en el sur.

Así, las Fuerzas Armadas del país mediterráneo confirmaron este lunes que habían tomado posiciones en las otras dos localidades, Froun y Srifa, que entraban dentro de esas «zonas piloto». En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió ayer al presidente del Líbano, Joseph Aoun, en la Casa Blanca, en lo que supone la primera visita de un jefe de Estado libanés en casi veinte años. «Vamos a hacer que funcione. Si el presidente me pide hable con Hezbolá, lo haré», aseguró Trump durante su encuentro con Aoun. El republicano incluso habló de poder incluir al Líbano en los Acuerdos de Abraham, mediante los cuales varios países árabes normalizaron relaciones con Israel durante su primera Administración. «Tendrá un lugar muy importante», adelantó.

El gran escollo en las conversaciones entre el Gobierno de Beirut y el israelí sigue siendo el desarme de Hezbolá. Para ello, según revela The Wall Street Journal, la Administración de Trump se plantea tres escenarios, los cuales pueden ejecutarse simultáneamente. En estos planes, Siria, bajo el liderazgo de un exterrorista como Ahmed al-Sharaa, jugaría un papel importante. El presidente de Estados Unidos dijo abiertamente durante la cumbre de la OTAN en Ankara, junto al propio Al-Sharaa, que sus fuerzas podrían enfrentarse a Hezbolá y cortar sus líneas de suministro.

Aun así, una intervención militar directa de Siria en el Líbano reviviría los peores temores de un país que ya sufrió la ocupación de su vecino entre 1976 y 2005. Aunque Damasco sí podría imponer una mayor seguridad en la frontera para impedir que Hezbolá reciba armas y recursos económicos por esta vía. Además, Estados Unidos, Israel y el Líbano ya trabajan conjuntamente en un programa de entrenamiento y selección para crear unidades de élite dentro de las Fuerzas Armadas Libanesas que puedan ser capaces, en un futuro, de desarmar a la organización proiraní

Se trata de un proceso complejo, ya que muchos soldados se niegan a enfrentarse a sus propios compatriotas o a ser tachados de hacerle el «trabajo sucio» a Israel. También se teme el estallido de una guerra civil. Hezbolá se niega a deponer las armas y ha amenazado con contraatacar si las FAL entran en lo que consideran su terreno. El peor de los escenarios sería, por tanto, que Israel intensifique aún más su campaña militar en el sur del Líbano para empujar a la organización terrorista más al norte, estirando una situación que no soluciona el problema real: la propia existencia del grupo proiraní, que, a su vez, actúa como un Estado dentro del propio Estado.

*Para El Debate

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