




La devaluación del 40% del peso boliviano respecto al dólar, o lo que también se llamó: «fin del tipo de cambio fijo», confirma de jure lo que ya era de facto, la pérdida de valor del peso boliviano.
Pero, como en muchos otros asuntos económicos, es necesario aclarar confusiones y romper prejuicios, así que manos a la obra.
Primero, el tipo de cambio fijo no es lo mismo que un control de precios, menos un subsidio al dólar. El peso boliviano es una moneda fiat emitida por el Banco Central de Bolivia. Ergo, el tipo de cambio fijo implica dos cosas:


En candado para frenar la emisión descontrolada de pesos bolivianos
El compromiso del ente emisor de honrar su deuda en cierta cantidad de dólares.
Se trata de un mecanismo para incentivar el ahorro y, especialmente, salvaguardar la propiedad privada.
Por ende, el problema nunca fue el tipo de cambio fijo, sino la excesiva oferta monetaria, que creció de manera constante desde el 2006, como se puede ver en el gráfico de abajo:
Segundo, el tipo de cambio flexible no es igual a libre mercado de divisas, sino que es un mecanismo intervencionista que le da más poder al Estado de manipular la moneda. Se lo voy a poner en sencillo, el Banco Central de Bolivia nos va a entregar moneda de menor valor y peor calidad, ineficiente como todo monopolio estatal. Al respecto, Mauricio Ríos García, en su artículo: La devaluación nominal en Bolivia, explica:
La devaluación nominal significa exactamente eso, permitir que el gobierno pague una cantidad y una calidad menor de deuda de la que se comprometió originalmente. No es un ajuste neutral. Es una forma de repudiar parcialmente la promesa hecha a quienes aceptaron bolivianos como medio de pago, ahorro o contrato. El Estado entrega menos valor real del que había comprometido cuando emitió esa moneda.
Tercero, las devaluaciones no impulsan las exportaciones, menos el crecimiento. Al contrario, al envilecer el valor de la moneda dificultan el ahorro. Además, la realidad observable nos muestra que las naciones que más han devaluado su moneda solamente han exportado pobres, por ejemplo, Venezuela.
Finalmente, la devaluación tampoco va a lograr que, mágicamente, los dólares aparezcan en las cuentas bancarias, puesto que los ahorros en la divisa extranjera, que los ciudadanos manteníamos en el sistema financiero, fueron canalizados al derroche estatal desde el año 2014. En síntesis, los depositantes en dólares enfrentan un dilema: Si retiran en dólares, se topan con la escasez existente, pero si los convierten a bolivianos al nuevo tipo de cambio, reciben más papeles de colores con menor valor. Por donde lo miremos, el Estado nos robó parte de la riqueza.
En conclusión, lo único que tenemos claro los bolivianos es que el gobierno de Rodrigo Paz continuará con el derroche iniciado por Evo Morales y fortalecido por Luis Arce.
Fuente: PanamPost




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