La corrupción chavista destruyó al petróleo venezolano

OPINIÓN Carlos Zimerman
2026.01.18.-Como-el-chavismo-destruyo-la-industria-petrolera-venezolana-CAEC_Libertariam-Forum_EI-e1

Carlos ZimermanPor Carlos Zimerman

No hay relato épico ni coartada humanitaria que logre esconder la verdad: la industria petrolera venezolana no se derrumbó por el clima, por la historia ni por conspiraciones externas. Se desplomó porque el poder la transformó en una caja registradora política, en un botín reservado para burócratas obedientes, militares reciclados en empresarios y operadores del régimen que la vaciaron sin culpa, mientras el pueblo venezolano era empujado a la pobreza y al exilio.

El petróleo no fue víctima del infortunio. Fue víctima del saqueo organizado desde el Estado.

Que nadie venga con el relato de que Estados Unidos “va a quitarles el petróleo” o que “Venezuela se va a quedar sin su principal recurso porque el imperio lo quiere controlar”. Eso es una mentira, una patraña repetida por los mismos que durante décadas usaron PDVSA para sostener un proyecto político corrupto y fallido.

La verdad es cruda: Venezuela, con una de las mayores reservas de petróleo probadas en el planeta, se quedó sin producción porque el chavismo convirtió PDVSA de una empresa petrolera eficiente en un instrumento ideológico, burocrático y predatorio.  No fue un accidente, fue un sistema.

Durante años, PDVSA dejó de ser una compañía orientada a la eficiencia y la reinversión para transformarse en un ministerio paralelo: políticos y militares en cargos clave sin la menor experiencia técnica; lealtades ideológicas por encima de capacidades; contratos discrecionales para amigos, intermediarios opacos y empresas fantasmas. El resultado: producción colapsada, infraestructura destruida, expertos técnicos expulsados del país y una deuda gigantesca que ahora estrangula todo intento de recuperación.

No se puede negar que las sanciones internacionales, especialmente las de Estados Unidos, complicaron la situación. Pero decir que las sanciones “causaron” el colapso es omitir lo esencial: la crisis interna ya había destruido la capacidad productiva mucho antes de que llegaran los embargos impuestos por gobiernos foráneos.

Y hoy quieren disfrazar eso con cuentos de “imperialismo petrolero”. Es una cortina de humo. La industria petrolera podría recuperarse si existieran reglas claras, tribunales independientes, seguridad jurídica y estabilidad política. Ninguna empresa internacional relevante decide invertir miles de millones basándose en discursos, promesas o flexibilizaciones administrativas de un gobierno que no respeta la propiedad privada y que no garantiza el Estado de derecho. Eso no es teoría: es realidad económica elemental.

Mientras Venezuela no tenga un poder surgido de la voluntad popular, con instituciones que no obedezcan al teléfono del régimen, con propiedad privada protegida y no confiscable por decreto, con periodistas que puedan decir la verdad sin terminar presos o exiliados, y con jueces que no sean empleados del poder, cualquier “apertura petrolera” será apenas un negocio para amigos del régimen, testaferros prolijos y socios circunstanciales del saqueo. No será recuperación: será continuidad del desastre con otro envase.

Las empresas serias no invierten donde la ley es decorativa, donde los contratos valen menos que un discurso y donde la justicia es una oficina política. El capital no apuesta en países sin reglas: huye de ellos.

La corrupción chavista no es una etiqueta de fácil marketing. Es la explicación central de por qué Venezuela, con 300 mil millones de barriles en el subsuelo, produce una fracción de lo que producía hace dos décadas.  No se trata de “recuperar” una industria: se trata de reconstruir un país devastado por la mala gestión, la impunidad y la apropiación política de su recurso más valioso.

Y eso sólo puede ocurrir cuando Venezuela vuelva a ser Venezuela:
una nación libre, democrática y con verdadero respeto por las reglas que hacen posible la inversión, el empleo y la prosperidad.

Mientras tanto, los relatos heroicos de “recuperación petrolera” son espejismos para consumo interno y excusas para justificar la falta de resultados reales.

Venezuela no necesita cuentos.
Necesita libertad.

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