Maduro: ahora sí, ¿con los días contados?

VENEZUELA Paula García García*
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“A Maduro le quedan las horas contadas”. Esta fue la frase que, pese a no cumplirse, el expresidente Iván Duque convirtió en célebre. Seis años después de aquel “esperanzador episodio” y varios intentos posteriores que dejaron cientos de víctimas que apostaron por las calles como la vía para terminar con el despiadado régimen venezolano; en lugar de horas, desde Estados Unidos, Donald Trump, habla de días. ¿Será que está vez sí?

El 2019, fecha del último levantamiento antes del posicionamiento de María Corina Machado como gran figura de la oposición, dejó cifras alarmantes: 6.211 protestas en el primer trimestre, 1.503 personas arrestadas de manera arbitraria en el mismo periodo y 51 manifestantes asesinados, incluidos 5 menores de edad. Ni el descontento generalizado ni la valentía de enfrentar a una dictadura que desprecia los derechos humanos lograron ser suficientes para empezar a escribir una nueva historia. A nivel interno, los venezolanos lo han probado todo: participar en elecciones, apartarse de ellas, nombrar presidente interino y hasta denunciar en instancias internacionales. Por eso, para quienes con dudas razonables y sigilosa ilusión se preguntan por qué en esta ocasión podría ser distinto, los invito a desmenuzar las particularidades del momento presente.

 
Lo primero que hay que señalar es la presencia de Marco Rubio en el gabinete de la administración Trump. Su figura marca enorme diferencia con los gobiernos norteamericanos anteriores, incluido el pasado mandato del actual jefe de Estado. Su ascendencia latina, específicamente cubana, país por décadas sumido en la opresión, influye en el interés que ha demostrado en la región, al punto de poner en el radar de los republicanos una situación que parecía invisible. Dicho factor, sumado a un gobierno en Colombia que se muestra compasivo con el dictador y bastante laxo con la criminalidad, eleva la preocupación en Estados Unidos. Adicionalmente, hay que considerar la inteligente maniobra del bloque opositor al obtener las actas de los resultados electorales en la reciente contienda que Maduro, otra vez, manipuló. Mostrarlas al mundo a modo de prueba del descarado fraude, legitima todo pedido de cooperación.

Ahora bien, con los bombardeos a las lanchas en el Caribe, la Casa Blanca está enviando un claro mensaje al Palacio de Miraflores sobre su capacidad de actuar y, con la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera, le está comunicando al régimen que construye un marco legal para dar un paso adicional en su estrategia, si así lo desea. Por lo pronto, tal cual apunta el Washington Post, estaríamos en la fase de la presión sicológica. Un efecto que el USS Gerald Ford, “la plataforma de combate más capaz, adaptable y letal del planeta”, consigue con facilidad. Sin embargo una salida negociada no implica un camino sencillo. Entre otras cosas, porque tendría que estar dispuesto a sucumbir por el exilio todo el círculo primario que hoy conforma el ‘madurismo’, incluido Diosdado Cabello, el más engreído y vociferante miembro del entramado corrupto. No obstante, nunca se habían visto tan presionados por un poder real. ¿Posibilidad de una invasión? Incógnita esquiva.
Para cerrar, una ayuda de memoria: sí, Hugo Chávez fue elegido bajo un proceso democrático, pero dicho proceso decantó en un orquestado deterioro de garantías. Aquel ejercicio participativo de 1998 es hoy un recuerdo vago que una generación entera desconoce. De la libertad a la tiranía, hay un pestañeo. ¡Pilas Colombia!

*Para La República

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