Entonces, ¿estamos todos de acuerdo en que los aranceles son negativos, no?

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Aranceles-Trump

Hasta la semana pasada, la gran mayoría de los analistas económicos y políticos no creía en el libre comercio a plenitud. En sus pretenciosos análisis siempre ha aparecido el tema político por encima de las necesidades de las personas de adquirir los mejores bienes y servicios a los precios más convenientes.

Pero, de un día para otro, vino Donald Trump y los transformó a todos en libertarios, supuestamente. Luego de las complicaciones en los mercados internacionales, las bolsas y los mercados emergentes, todos comenzaron a señalar al presidente estadounidense, al que llegaron a acusar de arruinar el mundo, prácticamente.

¿En qué quedamos? ¿Es preferible el libre comercio y la eliminación de las barreras de entrada de las mercancías a nivel global o las decisiones de los burócratas, sin importar de qué país sean? Este es un debate que merece darse mientras se vuelven a ajustar las clavijas y todo retorna medianamente a la normalidad. Pero que el mundo está más complicado esta semana que la anterior, eso no lo duda absolutamente nadie.

Más allá del impacto internacional, lo cierto es que, hasta que esto se acomode (si se acomoda), los norteamericanos comenzarán a pagar más caro buena parte de sus productos y consumos. Aunque esto no sea necesariamente un producto inflacionario (sí un aumento de determinados precios, que no es lo mismo), si la situación persiste en el tiempo y la macroeconomía norteamericana se resiste, sí podría existir un problema monetario.

Una de las cosas que habría que seguir de cerca es la cotización del euro contra el dólar, que podría indicar un cambio de preferencias en materia de divisas globalmente, generando una depreciación de la moneda estadounidense por una caída de la demanda. Esto sí podría terminar en un problema inflacionario. Vale recordar que la pérdida de valor en la moneda, si bien suele venir por una expansión de la oferta por sobre el nivel de demanda, si la base monetaria se mantiene pero la gente no quiere los billetes (y el dólar es referencia internacional), podría haber una problemática inflacionaria.

Con Joe Biden ocurrió la típica expansión irresponsable. Esperemos que ahora no se genere la pérdida de valor del dólar por la otra cuestión.

Otra consideración relevante es lo que puede ocurrir en la política doméstica si los ciudadanos (que comenzaban a salir de una inflación inédita en la historia de EEUU) empiezan a percibir que se les “achica el bolsillo”. Esto no solamente abriría la puerta para una renovación demócrata (más civilizada que la de Biden y Harris, que terminó proponiendo leyes aberrantes como el control de los alquileres), sino que podríamos comenzar a escuchar críticas republicanas. Sobre todo, ante un Trump que está en su último mandato.

Más allá de los lobbies proteccionistas (que existen en todo el mundo, incluso en las potencias rotuladas como “capitalistas”), lo cierto es que un presidente (sobre todo de una potencia) tiene que atender a los consumidores, pero también a los productores. Es entendible que Estados Unidos en un momento diga “basta”, si no pone restricciones de entrada a su país para los productos del mundo, mientras que los demás imponen altísimos aranceles, que terminan perjudicando el potencial exportador del país.

Igualmente, lo hecho, hecho está, y las cartas ya están echadas con respecto a la estrategia de Trump. Lo mejor que podría pasar es que cada país comprenda que se está perjudicando y negocie una reducción bilateral. Si el mandatario es honesto ante la inquietud que manifestó al tomar esta trascendente decisión, debería estar abierto a explorar esta posibilidad. Si esto llegara a suceder y las barreras se bajan de ambos lados, luego del sobresalto de estos días, incluso puede que el futuro sea más próspero para los EEUU y muchos de sus socios. Si, en cambio, se instala la “guerra comercial”, el mundo, en términos generales, será un lugar más pobre.

Finalmente, las reflexiones que todo esto debe dejarles a los analistas devenidos en liberales son las siguientes: si todos esos países de la famosa lista de Trump no hubiesen decidido poner esos aranceles al ingreso de los productos estadounidenses, nada de esto hubiera pasado. Lógicamente, si EEUU decide poner buena voluntad y reducir los suyos mediante las negociaciones, del problema se saldrá más rápido. El denominador común de esta situación es que los aranceles, lejos de fomentar el desarrollo de los países, generan atraso y descapitalización a ambos lados de las fronteras. Los únicos que se enriquecen son los empresarios que pueden vender más caros productos de menor calidad ante la falta de la competencia de un mercado global.

Si el proteccionismo fuese un motor de desarrollo, Argentina sería el país más desarrollado del mundo y es claro que no lo es.

Fuente: PanamPost

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