Desinformación: punto crítico de la seguridad nacional de Argentina

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Hablar sobre espionaje puede entenderse como algo ridículo dentro del imaginario social; es decir, un escenario que solo ocurre en películas o en alguna novela relacionada con la Guerra Fría. Sin embargo, la realidad es distinta a la creencia popular. Dicho de otro modo, esto constituye una amenaza real para la seguridad estatal que puede dar lugar a operaciones de inteligencia en países políticamente vulnerables, como los de Hispanoamérica. Estos escenarios representan un punto crítico que pone en riesgo la seguridad nacional y la estabilidad del Estado.

Por tanto, las campañas de desinformación y propaganda, como parte de agendas de desestabilización, generan vulnerabilidades en el desenvolvimiento sano del sistema democrático. En consecuencia, las acciones encubiertas de inteligencia, en el marco de la guerra psicológica, surgen como una parte fundamental de otros tipos de conflictos modernos, como la guerra híbrida o la lucha política no convencional, estas últimas especialmente efectivas contra sistemas democráticos débiles.

En tal sentido, nos encontramos antecedentes en Colombia, Venezuela, Brasil, Chile, Bolivia y Argentina que, de manera similar, se relacionan con diferentes escenarios de operaciones de manipulación de hechos con fines de desestabilización estatal. Ejemplos de ello incluyen la guerrilla urbana en Venezuela a finales de los años 80, la crisis de 2001 en Argentina, así como los eventos sociales en Colombia y Chile en 2019, todos con objetivos comparables: crear desestabilización, sensación de descontento social e influir en resultados electorales.

Al mismo tiempo, se evidencia una subestimación por parte de los gobiernos y la dirigencia política a los altos niveles de riesgo asociados a la seguridad nacional, los cuales, si no son identificados y mitigados a tiempo, pueden repercutir negativamente y transformarse en escenarios de conflicto interno de carácter político no convencional, con efectos adversos para el Estado.

En consecuencia, para poder enfrentar la amenaza de la desinformación, el primer paso es reconocer su existencia y que esta puede perjudicar los intereses estratégicos nacionales. Segundo, identificar el propósito de la acción, los objetivos a largo y corto plazo de la campaña y, al mismo tiempo, conocer a dónde llevan las acciones que vulneran la seguridad nacional. Por último, la reducción del nivel de riesgo, mediante el desmantelamiento de redes que pueden contribuir a la campaña y, de manera simultánea, aumentar los niveles de prevención y seguridad en los objetivos estratégicos identificados.

La campaña rusa y el caso de «La Compañía»
Tomando en cuenta la amenaza que representa la guerra de información como herramienta de desestabilización, puede analizarse el caso más reciente que involucra una presunta red generadora de noticias falsas dirigida por una estructura vinculada al servicio de inteligencia exterior de Rusia, denominada “La Compañía”. Esta habría sido la encargada de establecer una maquinaria de infiltración y propaganda con el objetivo de moldear la opinión pública y consolidar intereses estratégicos en varios países de la región, según artículos publicados por Forbidden Stories.

Dentro de las filtraciones destacan diversos objetivos en varios países, operando de manera simultánea desde Europa, África e Hispanoamérica, adquiriendo mayor relevancia las intervenciones en Bolivia y Argentina. En estos casos, “La Compañía” habría seguido patrones y métodos asociados a manuales de guerra psicológica. Sumado a ello, se conoció que muchas de sus campañas y acciones de espionaje presentaban intenciones como la desestabilización, la protección de gobiernos aliados, la obtención de datos de interés estratégico y la influencia en resultados electorales.

En el caso de Argentina, según los documentos publicados por OpenDemocracy, estos hacen referencia a operaciones de inteligencia, que pueden considerarse de alto riesgo para la seguridad nacional. El documento indica que “La Compañía se dedicó a contratar encuestas, informes sobre el complejo militar-industrial y sus recursos petroleros en la Antártida, los partidos políticos y los sindicatos”.

Por consiguiente, las acciones de espionaje por parte de la red, de ser confirmadas, podrían ir más allá de solo una campaña de manipulación informativa, ya que el posible interés de Rusia sobre la industria militar argentina la ubica como objetivo estratégico. Esto se debe a la probabilidad de que al ser reactivada este ámbito de defensa, pueda representar un factor de riesgo, al ejercer como proveedor de munición de artillería para el bando ucraniano.

A su vez, el reporte señala otras acciones que incrementan la probabilidad de materialización de riesgos sobre objetivos estratégicos en Argentina. En tal sentido, expresan que “también se efectuó análisis de riesgos y oportunidades, perfiles de figuras públicas, entrevistas a expertos, políticos, politólogos y economistas de la oposición”. Por tanto, las operaciones de espionaje expuestas en los artículos evidencian que, más allá de una campaña de manipulación informativa, existirían objetivos adicionales de interés político y económico para Rusia; a su vez, podría configurar una operación mayor a una simple estrategia de propaganda dirigida contra el gobierno y la imagen presidencial.

Por último y no menos importante, la infiltración de medios de comunicación para generar una matriz de opinión, por medio de la concentración de mensajes, el empleo masivo y la saturación de mensajes e información, a través de lo que se conoce como “propaganda gris”, cuya fuente es vaga o desconocida, pero que está orientada a generar un efecto sobre las masas.

Como conclusión, se observan elementos necesarios para un escenario de guerra híbrida o una acción política no convencional: primero, la existencia del conflicto político interno; segundo, la campaña de desinformación de fuentes desconocidas; tercero, análisis de perfiles políticos, sindicatos y organizaciones políticas que pudieran tener una función de cuadros medios organizativos necesarios para la acción dirigida de masas; cuarto, la identificación de objetivos estratégicos como la imagen presidencial y la industria militar; como quinto y último, la conflictividad política internacional, también mencionada en las filtraciones.

Los elementos mencionados podrían ser el inicio de algo más grande y una posible amenaza que no se combate con fuerza militar, pero sí representa un riesgo a la seguridad interna. Si la misma no es reducida a tiempo puede aprovechar el momento político adecuado y funcionar como iniciador de un conflicto político de mayor severidad.

Fuente: PanamPost

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