El gobierno de Milei puso a trabajar al macrismo y expuso al kirchnerismo

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Más allá de las cuestiones económicas históricamente complejas, el electorado argentino padecía una suerte de desencanto con la política en su totalidad por hechos más generales. La ciudadanía tenía esta sensación de que, más allá de las expectativas que se pongan en un proceso político o en otro, en el fondo todo seguiría siempre igual, con una tendencia incluso a empeorar. Así buena parte del país se desilusionó con Néstor Kirchner y otro segmento luego con Mauricio Macri. La dinámica política parecía dar a entender que no había otra cosa, sino solo esperar la decadencia.

Le guste o no el perfil de la administración actual de Javier Milei a cada lector, nadie puede negar que, por primera vez, pasaron muchas cosas en poco tiempo. Decisiones relevantes que parecían que no se podían tomar en el ámbito de la política argentina. Cosas que incluso quienes consideraban que se  debían, sucumbían al temor de la «imposibilidad política».

El macrismo del PRO, que gobierna la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde 2007, tuvo un fuerte llamado de atención. El espacio cuyo principal capital político era la representación de lo «no-kirchnerista» sufrió una paliza en las elecciones municipales del año pasado, conociendo por primera vez un tercer lugar (luego de La Libertad Avanza y del kirchnerismo) que no había visto nunca. Ni siquiera el segundo, ya que se impusieron cómodamente desde las parlamentarias de 2005, cuando Mauricio Macri fue electo diputado, dos años antes de hacerse con la intendencia.

Las dos décadas macristas en el gobierno capitalino se caracterizaron por un aumento progresivo de los impuestos y de la estructura burocrática. Antes de ganar las elecciones nacionales de 2015, los funcionarios por lo bajo señalaban que debían mostrarse políticamente correctos, para acceder a la presidencia. Desde allí, decían, iban a hacer lo correspondiente. No hace falta contar cómo terminó la historia…

Sin embargo, desde que Javier Milei llegó al poder y puso a la exmacrista Patricia Bullrich (quien reconoció que durante sus años del PRO nunca tuvo un respaldo total) a cargo del ministerio de Seguridad, muchas cosas comenzaron a cambiar en todo el espectro político. El gobierno municipal, con miedo de liberar los cortes de calle o de enfrentar a los okupas, se despabiló de la noche a la mañana.

De esta manera, Jorge Macri, tercer intendente de la dinastía macrista después de dos mandatos de Mauricio y otros dos de Horacio Rodríguez Larreta, ahora muestra una versión «dura». Justamente, lo que siempre quiso su electorado y nunca recibió. Esto explica la migración de buena parte de los votantes del espacio amarillo al violeta libertario.

El intendente, a un año de jugarse la reelección y con competencia real en la vereda de enfrente, muestra en sus redes sociales como desaloja propiedades ocupadas ilegalmente o como impide el ingreso de los piqueteros a la ciudad, luego de dar de baja un plan social. El caos en las inmediaciones de la capital no hace otra cosa que dejar en evidencia también al kirchnerismo.

Del lado de la «frontera» donde gobierna el peronista Axel Kicillof, todavía las mal llamadas organizaciones sociales hacen lo que quieren y generan caos vehicular, que podría no contar con la paciencia de otros tiempos. Es que, hasta hace poco, la resignación hacía de esto la realidad en todo el país. Pero, ahora las cosas cambiaron de la nación, los distritos alineados con el macrismo quieren estar en sintonía para no perder pisada y en las provincias donde todavía gobierna el populismo, la triste realidad antes generalizada ahora se concentra como un mal ejemplo.

Cuando una persona deja de padecer esta locura en un distrito para seguir sufriéndola en otro, el fenómeno podría seguir teniendo implicancias electorales, como cuando el PRO saltó del primer al tercer lugar en mayo pasado. Habrá que ver cómo reacciona el electorado el año próximo, cuando el macrismo quiera «vender» estos logros como absolutamente propios y el peronismo busque alguna cara lavada, para pescar votos en el centro.

Fuente: PanamPost

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