


Las filtraciones, Moraes y el cambio del rumbo de la campaña en Brasil
MUNDO
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIAS

Las filtraciones selectivas contra Flávio Bolsonaro no fueron un accidente informativo. Tenían un propósito político claro: desgastar su candidatura, reabrir la disputa interna de la oposición e impulsar, otra vez, la hipótesis de que la esposa del expresidente Bolsonaro pudiera ocupar el lugar de principal contendiente. Ese movimiento cobró sentido después de que el posicionamiento de Flávio inviabilizara la candidatura de Tarcísio de Freitas, actual gobernador de São Paulo. El efecto inmediato fue el esperado: la campaña del principal opositor a Lula quedó en una posición incómoda, forzada a reacomodar su equipo y a absorber el costo de un desgaste público que no controlaba.
La estrategia del PT, a partir de ahí, se volvió previsible. El oficialismo apostó a aumentar el rechazo a Flávio Bolsonaro para frenar el remonte de su popularidad. El argumento central era el abuso de poder, reforzado por el escándalo del Banco Master. Pero los acontecimientos posteriores alteraron el tablero. Las acusaciones contra Bolsonaro perdieron centralidad en cuanto el foco se desplazó hacia quien la izquierda había elevado al pedestal de defensor de la democracia: Alexandre de Moraes.
Ese desplazamiento obliga a una pregunta que no es jurídica, sino política: ¿por qué André Mendonça quebró el sigilo de la investigación en pleno contexto electoral? Un escándalo de esta magnitud no puede ser tratado como un expediente técnico al margen de la campaña. El magistrado tenía acceso a esas informaciones desde hacía meses. Aun así, los audios filtrados de Bolsonaro y Vorcaro terminaron por desgastar las municiones del oficialismo contra su principal contendor. En lugar de consolidar una ofensiva, colocaron al gobierno en posición defensiva. Lula no puede ignorar el tema: si no defiende su imagen, esa imagen la definirán sus adversarios.Noticias internacionales


La pregunta siguiente es igualmente directa: ¿a quién beneficia y a quién perjudica la información que ahora está al alcance del público? Beneficia, de manera clara, a Flávio Bolsonaro y perjudica a Lula da Silva. El daño no se limita a la disputa entre los candidatos. Dentro de la Policía Federal existen grupos enfrentados al director nombrado por Lula, hoy envuelto en el escándalo. El fiscal general, también indicado por el presidente, ha pedido la anulación de investigaciones que ahora lo alcanzan. El caso, por tanto, no es solo mediático: toca el aparato mismo del poder.
En el clima psicopolítico brasileño, los medios hipersensibilizan de forma constante a la ciudadanía. No lo hacen por exceso de celo informativo, sino para encuadrar el escándalo y convertirlo en resultado electoral. Los mensajes de Daniel Vorcaro a Alexandre de Moraes, al menos los que se han filtrado, no muestran respuestas del magistrado. Pero el contrato millonario con su esposa y la aprobación de tarjetas de crédito por montos exorbitantes a sus hijos facilitan una percepción difícil de desarmar: la de un actor que habría actuado en beneficio propio.
Ahí aparece la contradicción más corrosiva para el relato oficial. Moraes fue presentado como el hombre que derrotó al fascismo y a los golpistas. Sus decisiones, de forma abierta, beneficiaron al bando de Lula. ¿Cómo se les dice ahora a los militantes que el héroe de la democracia aparece asociado al hombre señalado como uno de los más corruptos del país? El desarrollo de los hechos deja, además, preguntas sin respuesta. Si el sigilo podía romperse y si el criterio fue el interés público y la transparencia del Poder Judicial, ¿por qué ese criterio se aplicó al tramo Moraes y no, con el mismo grado de publicidad, al material que involucra a Toffoli?
Para los defensores de Moraes, la posición de su gladiador se vuelve cada vez más indefendible. La duda estratégica es otra: si estos acontecimientos permiten que Flavio Bolsonaro penetre en la mente de ese elector o si, por el contrario, apenas desmovilizan su voto. Flávio, mientras tanto, no se ha limitado a resistir el golpe. Ha ocupado pautas que antes parecían patrimonio de Lula, como el combate al feminicidio, y las mantiene en los programas electorales porque le están dando resultado.
Desde que Moraes quedó en el centro del foco, la campaña dejó de girar principalmente en torno a la inseguridad o el nacionalismo. El discurso de la derecha se reordenó: cambios en la economía, libertad para los presos que considera injustamente encarcelados por Moraes y combate a la corrupción que, según esa lectura, emana del STF y beneficia a Lula.
Es improbable que alguno de los más de cien pedidos de impeachment contra Moraes prospere antes del 4 de octubre. Pero eso no es un fallo de la estrategia opositora; es parte de la lógica de la coyuntura. Dentro de la cismogénesis entre identitarios y neotradicionalistas, la escalada continúa. Unos intentan defender a Moraes, otros a Mendonça. La oposición pide impeachment y liberación de presos políticos sabiendo que, por ahora, no ocurrirá. Sirve, aun así, para elevar la temperatura y movilizar a sus votantes.
Al final queda una distinción que suele olvidarse en medio del ruido que hay en los tres ambientes de la campaña: en las redes sociales, en el programa electoral y en los medios de comunicación. Una cosa es actuar dentro de la coyuntura. Otra, muy distinta, es tener el poder para cambiarla.
Fuente: PanamPost





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