¿Por qué ha vuelto la guerra a Ormuz?: una ambigua cláusula del acuerdo entre Estados Unidos e Irán lo explica

EE.UU Andrea Polidura*

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La guerra ha vuelto a Oriente Medio. El estrecho de Ormuz, esa lengua de mar de apenas 38 kilómetros de ancho en su punto más angosto, vuelve a ser el campo de batalla entre Estados Unidos e Irán. A principios de julio, y a pesar de la tregua que imperaba entre los dos grandes enemigos desde mediados de junio, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio por terminado el alto el fuego durante la cumbre de la OTAN en Ankara tras varios ataques iraníes contra buques mercantes que trataban de cruzar Ormuz.

Desde entonces, el Ejército estadounidense ha atacado Irán prácticamente cada día. La ofensiva está dirigida contra instalaciones militares en la costa cercana a Ormuz. Durante los bombardeos de la semana pasada, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó haber alcanzado más de 170 objetivos militares iraníes. Así, durante los últimos cuatro días de ataques consecutivos, la aviación norteamericana ha atacado otros 140 emplazamientos. Además, Trump anunció este lunes que restablecía el bloqueo naval a todos los puertos iraníes.

La República Islámica ha respondido atacando las bases militares estadounidenses en los países del golfo Pérsico y, como consecuencia directa de la reanudación del conflicto, el tráfico de buques por el estrecho de Ormuz –vía por la que transitaba el 20 % del crudo y el gas mundiales antes de la guerra– se ha paralizado casi por completo. Altos funcionarios estadounidenses han filtrado a los medios que esta nueva campaña militar busca obligar al régimen iraní a aceptar el libre paso de los barcos y sentarlo de nuevo en la mesa de negociación para retomar las conversaciones nucleares, un capítulo que se dejó fuera del memorando de entendimiento (MoU) firmado entre Washington y Teherán el pasado mes de junio.

Este documento aseguraba, al menos sobre el papel, un cese de hostilidades hasta el próximo 17 de agosto. Sin embargo, ha sido precisamente una cláusula bastante ambigua de este memorando de 14 puntos la que ha desencadenado este nuevo cruce de ataques, siendo Ormuz el detonante. El punto de la discordia es, concretamente, el número cinco, que estipula lo siguiente: «Tras la firma de este memorando de entendimiento, la República Islámica de Irán tomará las medidas necesarias, haciendo todo lo posible, para garantizar el paso seguro y gratuito de los buques mercantes durante un periodo de 60 días, exclusivamente desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán, y viceversa».

El acuerdo continúa diciendo que «la República Islámica de Irán entablará un diálogo con el Sultanato de Omán para definir la futura gestión y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, en colaboración con otros Estados ribereños del golfo Pérsico, de conformidad con el Derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados ribereños del estrecho de Ormuz». En un primer momento parece que la situación sobre esta estratégica vía marítima queda clara, pero la ambigüedad reside exactamente en la frase que dice «la República Islámica de Irán tomará las medidas necesarias, haciendo todo lo posible, para garantizar el paso seguro» de los buques mercantes.

Con esta cláusula, el régimen iraní quería reservarse el derecho de gestionar el tráfico en Ormuz, una lectura que no comparte Estados Unidos, que ha abierto un camino alternativo junto a Omán, el otro Estado ribereño, y que se conoce como la ruta sur. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI), el Ejército paralelo de la República Islámica, considera que Washington ha incumplido con esto su parte del trato y ha atacado a los barcos que cruzaban por la vía estadounidense. Irán, además, sigue insistiendo en que, pasados esos 60 días, impondrá un peaje en Ormuz, que ahora esconde bajo la cortina de humo de pagos por «servicios de seguridad». A la teocracia islamista le basta simplemente con causar suficientes daños y proferir suficientes amenazas para asustar a las compañías navieras y a las aseguradoras y paralizar así el tráfico.

Las idas y venidas de Trump tampoco ayudan a generar confianza. El mandatario estadounidense amenazó el lunes con imponer su propio impuesto del 20 % sobre el valor de la mercancía de cada buque. Tan solo 24 horas después, dio marcha atrás al afirmar que «reemplazaría» esos aranceles por «varios» acuerdos económicos con los países del golfo Pérsico. Esta volátil situación ha provocado, de nuevo, una subida del precio del barril de Brent y caídas en los mercados. Estados Unidos se ha limitado a atacar puertos e instalaciones militares o logísticas de las islas o de la costa iraní cercana al estrecho. Washington ha dejado fuera de su renovada campaña militar, por el momento, la capital, Teherán, así como las instalaciones petroleras y gasísticas.

*Para El Debate

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