






En medio de una de las etapas más complejas y traumáticas de la historia reciente de Israel, comenzó a consolidarse una figura política que hace apenas algunos años parecía limitada exclusivamente al ámbito militar. Se trata de Gadi Eizenkot, el exjefe del Estado Mayor israelí que hoy aparece como uno de los dirigentes con mayor crecimiento dentro del escenario político nacional y como una posible alternativa real al liderazgo de Benjamin Netanyahu.
Su ascenso no es casual.


En una sociedad profundamente golpeada por la guerra iniciada tras el ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre de 2023, la seguridad volvió a ocupar el centro absoluto de la agenda política israelí. Y allí, la experiencia militar, la capacidad de conducción y la credibilidad personal pasaron nuevamente a tener un peso decisivo.
Eizenkot logró combinar prestigio militar, imagen moderada y credibilidad pública en un momento donde gran parte de la sociedad israelí busca nuevas referencias políticas.
Nacido en 1960 en Tiberíades dentro de una familia judía marroquí tradicional, representa además un cambio sociológico importante dentro de la política israelí. Su origen sefardí le permite conectar con sectores populares y conservadores históricamente cercanos al Likud, el partido de Netanyahu.
A diferencia de otros exgenerales identificados con las élites askenazíes, Eizenkot proyecta una imagen más cercana al ciudadano común y alejada de los círculos tradicionales del poder político.
Su carrera dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel fue extensa y altamente respetada. Participó en operaciones militares en el Líbano, ocupó cargos estratégicos de inteligencia y comandó el frente norte antes de convertirse en jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019.
Dentro del establishment de seguridad israelí es considerado un oficial serio, metódico y extremadamente prudente, especialmente en cuestiones vinculadas a Irán, Hezbolá y la Franja de Gaza.
Tras la masacre perpetrada por Hamás en 2023, Eizenkot integró el gabinete de guerra junto a Netanyahu y Benny Gantz, aportando estabilidad institucional en uno de los momentos más delicados que atravesó el país.
Sin embargo, con el correr de los meses comenzó a diferenciarse públicamente del actual primer ministro.
Criticó la falta de una estrategia política clara para el “día después” en Gaza y reclamó mayor responsabilidad estatal por los fallos de seguridad previos al ataque terrorista.
Ese posicionamiento le permitió empezar a construir perfil político propio.
Pero hubo además un hecho profundamente humano que modificó definitivamente su imagen pública.
La muerte de su hijo, Gal Eizenkot, durante los combates en Gaza generó un enorme impacto emocional en la sociedad israelí. Muchos ciudadanos comenzaron a verlo como un dirigente que habla de seguridad, sacrificio y guerra desde la experiencia personal y no únicamente desde la política.
La tragedia personal terminó fortaleciendo todavía más su credibilidad pública.
En 2025 decidió romper políticamente con Benny Gantz y lanzar su propio espacio político: Yashar (“Derecho”), un partido centrista y sionista enfocado en seguridad, cohesión nacional y reformas institucionales.
Las encuestas comenzaron rápidamente a mostrar crecimiento para el nuevo espacio, al punto de disputar protagonismo dentro del mapa opositor a Netanyahu.
Hoy muchos analistas consideran que Eizenkot ocupa un espacio político extremadamente atractivo para parte del electorado israelí:
- firme en seguridad,
- moderado en las formas,
- pragmático,
- sin posiciones extremas,
- y con capacidad de diálogo transversal.
Defiende un Israel militarmente fuerte, mantiene una línea dura frente a Irán y Hezbolá y rechaza concesiones apresuradas frente a Hamás.
Pero al mismo tiempo habla de reconstrucción institucional, reducción de divisiones internas y necesidad de modernizar el vínculo entre religión y Estado, incluyendo el debate sobre el servicio militar obligatorio para sectores ultraortodoxos.
En un sistema político fragmentado como el israelí, donde ningún partido logra mayorías absolutas, su rol podría terminar siendo determinante para futuras coaliciones opositoras.
Actualmente mantiene diálogo político con figuras como Yair Lapid, Naftali Bennett, Avigdor Liberman e incluso sectores de centroizquierda.
Muchos observadores creen que podría convertirse en el gran articulador de una futura alianza anti-Netanyahu.
Aunque también dejó en claro que no pretende ocupar un rol secundario.
De hecho, rechazó públicamente integrarse como “número dos” en un eventual armado encabezado por Bennett, mostrando ambición presidencial propia.
En política exterior también genera buena recepción.
En Estados Unidos es visto como un interlocutor serio, técnico y previsible. Incluso Donald Trump, históricamente muy cercano a Netanyahu, sostuvo que podría trabajar cómodamente tanto con Bennett como con Eizenkot.
A diferencia del estilo confrontativo y altamente ideologizado de otros dirigentes israelíes, Gadi Eizenkot cultiva un perfil sobrio, reflexivo y profesional.
Para algunos eso transmite estabilidad y liderazgo responsable.
Para otros, puede representar cierta falta de carisma frente a figuras mucho más agresivas políticamente.
Pero en un Israel atravesado por la guerra, el cansancio social y la crisis política interna, justamente esa serenidad parece transformarse hoy en una de sus mayores fortalezas.
Porque para una parte creciente de la sociedad israelí, Eizenkot ya dejó de ser solamente un general respetado: empezó a convertirse en un posible futuro primer ministro.







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