La Unión Europea prepara una reforma del mercado de carbono para equilibrar las demandas de gobiernos y ambientalistas

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La Unión Europea presentará este viernes una serie de reformas al Sistema de Comercio de Emisiones (ETS), en un intento por encontrar un equilibrio entre las exigencias de la industria, los reclamos de los gobiernos y las metas ambientales del bloque.

Los cambios llegan en un momento de alta tensión energética y climática, marcado por el aumento de los precios de la energía tras la guerra entre Estados Unidos e Irán en Medio Oriente y por las olas de calor extremas que afectan a Europa.

El debate sobre el futuro del ETS se convirtió en uno de los principales puntos de discusión dentro de la UE. Por un lado, países con una fuerte dependencia industrial y altos niveles de emisiones, como Italia, Polonia y República Checa, reclaman más flexibilidad para proteger la competitividad de sus empresas. En el otro extremo, países como España y las naciones escandinavas defienden mantener la ambición climática del sistema.

Ante esta disputa, la Comisión Europea busca una solución intermedia: otorgar mayor margen de maniobra a las compañías siempre que presenten compromisos concretos para reducir sus emisiones a largo plazo.

Más ayudas para la industria a cambio de descarbonización

Una de las propuestas bajo análisis contempla extender los permisos gratuitos de emisión para determinadas industrias más allá de 2034, aunque condicionados a que las empresas cumplan planes verificables de descarbonización.

Además, Bruselas pretende impulsar que los Estados miembros utilicen los ingresos obtenidos por el ETS para financiar la reconversión industrial, aunque existen grandes diferencias entre países sobre el destino de esos fondos.

El objetivo energético de 2040

Dentro de la reforma también aparece una nueva meta para 2040: incrementar el uso de electricidad proveniente de fuentes renovables y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Actualmente, la electricidad representa aproximadamente el 23% del consumo energético final de la Unión Europea, por lo que Bruselas considera necesario acelerar la transición energética para cumplir con sus compromisos climáticos.

Qué es el Sistema de Comercio de Emisiones

El ETS funciona desde 2005 y obliga a los grandes sectores contaminantes —como la industria siderúrgica, cementera y química— a pagar por cada tonelada de gases de efecto invernadero que emiten.

El sistema establece un límite anual de permisos disponibles, que disminuye progresivamente para incentivar la reducción de emisiones.

Actualmente, el precio de una tonelada de dióxido de carbono ronda los 80 euros (unos 91 dólares).

El dilema: competitividad o lucha contra el cambio climático

El eje central de la discusión es si la Unión Europea debe reducir las exigencias ambientales para proteger a su industria frente a la competencia internacional y los altos costos energéticos, o si debe mantener el ritmo de sus objetivos climáticos.

La propuesta de Bruselas apunta a un punto medio: más flexibilidad para las empresas, pero con compromisos firmes de reducción de emisiones.

La reforma también analiza posibles ampliaciones del ETS para incluir sectores como los residuos y los vuelos internacionales con origen en la UE, una medida que genera fuerte rechazo entre las compañías aéreas.

Además, continúa el debate sobre el uso de tecnologías de captura de carbono y sobre la posibilidad de que las empresas puedan contabilizar reducciones mediante créditos provenientes de programas externos al bloque europeo.

La industria cuestiona el sistema

Algunos sectores industriales, especialmente la industria química alemana, criticaron duramente el ETS al considerar que eleva los costos energéticos y reduce la competitividad europea.

Sus representantes sostienen que el sistema necesita una reforma profunda para evitar que las empresas pierdan terreno frente a competidores internacionales.

Sin embargo, los defensores del mecanismo aseguran que el problema no está en el ETS sino en la falta de inversión de algunas compañías.

Neil Makaroff, del centro de estudios Strategic Perspectives, afirmó que muchas de las críticas provienen de sectores que “han invertido muy poco” en la transición ecológica.

Según el especialista, otras empresas apostaron por la descarbonización y la electrificación, especialmente en industrias como el acero, el cemento y el vidrio, y retroceder en las políticas actuales podría perjudicar a quienes ya realizaron esas inversiones.

Retraso del ETS 2

Uno de los puntos más sensibles de la negociación es la implementación del llamado ETS 2, una ampliación del sistema que incorporaría al transporte por carretera y la calefacción de edificios.

Su entrada en funcionamiento estaba prevista para 2027, pero fue retrasada hasta 2028 debido a la presión de países como Polonia y Hungría.

La reforma del mercado de carbono se convirtió así en una prueba clave para la Unión Europea: mantener su liderazgo climático sin poner en riesgo la competitividad de su industria en un escenario económico cada vez más complejo.

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