Putin le pidió a los oligarcas rusos que contribuyan al presupuesto ante el fuerte aumento del costo de la guerra en Ucrania

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El presidente ruso Vladimir Putin solicitó directamente a los oligarcas más influyentes que contribuyan con fondos al presupuesto estatal, en un intento por sostener la economía mientras la ivnasión en Ucrania sigue sin pausa.

La petición, revelada por fuentes de Financial Times y realizada ante un grupo numeroso de empresarios, muestra la urgencia de estabilizar las cuentas públicas ante el enorme gasto militar y el impacto de las sanciones internacionales contra el Kremlin.

La reunión con los empresarios dejó patente la determinación del mandatario ruso de continuar la guerra hasta lograr el control total de las áreas restantes del Donbás, en disputa con el Ejército ucraniano.

Según las fuentes con conocimiento de la conversación, Putin argumentó que la operación militar debía llegar a esa meta, ya que Ucrania se negó a retirarse unilateralmente de la región pese a las propuestas negociadas con mediación estadounidense.

Putin había considerado, según una fuente, convertir el Donbás en una “zona desmilitarizada” o una “zona económica especial” respaldada por Estados Unidos. Sin embargo, Ucrania rechazó ceder la región, lo que llevó al líder ruso a descartar esa vía de compromiso.

El pedido a los oligarcas marca un cambio de tono: aunque el Kremlin ya había creado impuestos extraordinarios sobre grandes empresas y subido el IVA para engrosar el presupuesto —con aumentos recientes que buscan recaudar sumas millonarias—, es la primera vez que Putin recurre personalmente a los magnates. La presión personal del presidente ruso hace improbable que estos se nieguen a colaborar.

En enero, el incremento de dos puntos en el IVA elevó la tasa al 22%, con la expectativa de obtener 600 mil millones de rublos adicionales en tres años. Además, en 2023 se recaudaron 320 mil millones de rublos mediante un impuesto extraordinario del 10% sobre grandes compañías. El ministro de Economía, Maxim Reshetnikov, señaló que podría imponerse un nuevo gravamen si el rublo sigue debilitándose.

El gasto en defensa escaló un 42%, hasta alcanzar los 13,1 billones de rublos el último año. Este aumento disparó el déficit presupuestario ruso, que en los dos primeros meses del año ya superaba el 90% de lo previsto para todo 2024. Las sanciones de Estados Unidos han forzado a Moscú a vender su crudo Urals a precios reducidos, afectando gravemente los ingresos estatales.

Para responder a la pregunta de cómo enfrenta Rusia la presión financiera de la guerra, la administración de Putin ha implementado subidas impositivas y ha pedido contribuciones directas a los oligarcas, mientras el gasto militar y las sanciones internacionales agotan los recursos públicos.

Al menos dos empresarios ya manifestaron estar dispuestos a realizar aportaciones voluntarias, según fuentes del Financial Times cercanas a la reunión. Suleiman Kerimov, vinculado a la reciente adquisición del minorista Wildberries, habría ofrecido hasta 100 mil millones de rublos. El magnate de los metales Oleg Deripaska también accedió a contribuir. Ninguno de los portavoces respondió a solicitudes de comentarios.

El contexto bélico sigue complicando la economía rusa. La guerra de drones en el frente ha frenado los avances en el Donbás y ha aumentado las bajas. El estancamiento en las negociaciones de paz desde enero, debido a la negativa de Ucrania a aceptar las demandas territoriales rusas, refuerza la estrategia de Moscú de mantener la presión hasta lograr sus objetivos iniciales.

Un alivio temporal para las finanzas rusas llegó cuando los ingresos petroleros subieron hasta 150 millones de USD diarios tras el estallido de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, y tras la flexibilización de sanciones estadounidenses a las exportaciones rusas. Rusia anunció que ya no vende su crudo Urals con descuento respecto al Brent, el estándar internacional, mejorando así sus márgenes.

El Ministerio de Finanzas había planeado endurecer la normativa sobre el uso de los ingresos petroleros excedentes para reforzar el Fondo Nacional de Riqueza, aunque la guerra con Irán alteró esas prioridades. Putin advirtió a los empresarios que no debían confiar en que esta bonanza extraordinaria se mantendría, y les instó a fortalecer sus balances con las utilidades inesperadas obtenidas.

Según Alexander Shokhin, presidente de la Unión Rusa de Industriales y Empresarios, Putin expresó su deseo de que la guerra con Irán termine en “tres o cuatro semanas”. Insistió, sin embargo, en que tanto el Ministerio de Finanzas como el sector privado debían prepararse para un escenario en el que los ingresos petroleros excepcionales pudieran desvanecerse rápidamente.

El firme control del presidente ruso sobre la élite empresarial, sumado a la presión fiscal y las contribuciones forzadas, refuerza la capacidad del Kremlin para sostener su campaña militar pese a las dificultades económicas y la creciente dependencia de los ingresos energéticos.

Fuente: Infobae

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