La peligrosa influencia china con voz y voto en las empresas europeas de energía

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La búsqueda de un sistema de energía menos contaminante antes de 2030 tiene a Europa en manos de China. La consolidación de la nación asiática como proveedor de tecnología clave, como paneles solares y baterías, le ha generado un trío de problemas al bloque de los Veintisiete: Pekín está accediendo cada vez más a información crucial sobre el funcionamiento de la red del continente, aumentando su influencia en la comunidad e infiltrando a sus empresas en las cadenas de suministro.

Un informe emitido por el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea advierte que China ya logró el derecho a voto en los cuerpos directivos de las estatales eléctricas de Portugal, Italia, Grecia, Malta y Luxemburgo debido a sus inversiones en infraestructura de alta tensión, las cuales están estimadas en 6800 millones de euros. Ahora, las decisiones estratégicas en materias operativas requieren de la aprobación del régimen de Xi Jinping.

La dependencia alarma. En el documento, el ente sostiene que si bien existen regulaciones que limitan a los operadores en redes de transmisión, las compañías a cargo tienen acceso a información crucial sobre el funcionamiento del sistema energético de la Red Europea, por estar interconectada entre los los países miembros del bloque. Ello aumenta el riesgo de manipulación o fuga de datos e incluso representa «una debilidad importante para el sistema energético europeo en su conjunto”.

Señales de la dependencia 
La dependencia de Europa hacia China se agrava también a causa de la preferencia progresiva por parte de compañías inversoras como State Grid of China y China Southern Power Grid de usar equipos de red fabricados en el país asiático. En la práctica, ambas han priorizado Huawei y XD Electric frente a sus competidores europeos en los proyectos de infraestructura nacionales obtenidos en licitaciones.

La tendencia es «inaceptable” indica la organización, al subrayar que China actúa en contra de los intereses europeos con su estrecha colaboración con Rusia en su guerra contra Ucrania, así como mediante ataques híbridos contra países de la UE.

Sin embargo, la incapacidad de Europa para producir energía beneficia a China. Aunque la Ley de Industria Neta Cero de la UE establece que la comunidad debe fabricar al menos el 40 % de los 60 GW de energía solar que necesita instalar anualmente, para cumplir sus objetivos —fijando como meta de producción local al menos 24 GW—, la capacidad anunciada para fabricar componentes críticos como las células solares es de 11 GW.

Ese panorama sólo permite cubrir menos de la mitad del objetivo y condena al continente a importar de forma masiva los insumos para cumplir con sus propias metas. De hecho, el informe Power Barometer 2025 de Eurelectric publicado hace cuatro meses reveló que mientras las proyecciones indican que Estados Unidos tiene una capacidad de fabricación de células que supera los 1000 GWh, la UE ronda los 600 GWh.

Freno a la expansión china
Una vía para contener la creciente influencia de China en los sistemas energéticos europeos pasa por la creación de una etiqueta “Hecho en Europa” destinada a las infraestructuras críticas, junto con la exclusión de componentes chinos en los proyectos transfronterizos financiados por el Mecanismo Conectar Europa para la Energía.

La advertencia llega en un momento cumbre y coincide con el lanzamiento de un ambicioso proyecto del régimen de Xi Jinping que estima perforar un pozo de 15 kilómetros de profundidad, en búsqueda de “nuevas fuentes de energía”. El plan estima la construcción de una plataforma de perforación ultrainteligente, cuyo diseño está destinado a soportar temperaturas y presiones extremas en el interior de la Tierra. Este proyecto estará bajo la supervisión de la Academia China de Ciencias Geológicas.

Resulta urgente avanzar hacia una política de contrataciones públicas adaptada a las necesidades estratégicas de la energía solar fotovoltaica, acompañada de restricciones comerciales selectivas en el sector de la energía eólica y de mecanismos de protección para las industrias europeas. La razón es evidente: China concentra cerca del 85 % de la producción mundial de paneles solares fotovoltaicos y alrededor del 70 % de las turbinas eólicas.

Fuente: PanamPost

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