
Lula volverá a apuntar contra Milei en 2027: ¿La democracia argentina en riesgo?
MUNDO - BRASIL
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIASMuchas voces se mostraron disconformes con la comunicación oficial del gobierno argentino sobre el polémico resultado electoral de Brasil. El presidente (en medio del operativo de Flavio Bolsonaro) no felicitó a Luiz Inácio Lula da Silva y su vocero solamente dijo que Javier Milei «tomó nota» del resultado. Mientras tanto, el kirchnerismo no solamente avaló la jornada electoral, sino que celebró la victoria del PT como si fuese una propia.
Sin embargo, el desencuentro entre Milei y Lula no comenzó este año y ni siquiera es meramente ideológico. El gobierno argentino está convencido que el mandatario de Brasil jugó muy fuerte en favor de Sergio Massa en 2023. En Buenos Aires están convencidos del asesoramiento de «especialistas» de campaña sucia en favor del peronismo, que no pudieron terminar de volcar la elección en favor del tigrense. Vale recordar que incluso aparecieron en su momento unos correos electrónicos (con contenido en castellano y portugués) que parecían darles fundamento a esas sospechas.
Más allá de las acusaciones cruzadas, hay dos cuestiones que son parte de una realidad ineludible para considerar en el próximo turno electoral de 2027. Por un lado, la evidente degradación democrática de Brasil y, por otro, la última etapa del gobierno del Frente de Todos de Alberto y Cristina Fernández, donde Sergio Massa (amigo de Lula) ostentó una suma del poder público que -afortunadamente- no pudo extender más allá del 10 de diciembre de 2023.


El último período de la actual gestión de Lula y el PT se caracterizó por irresponsables propuestas populistas, que amenazaban el ordenamiento fiscal y hasta proponían manosear la Constitución. El gobierno puso toda la carne al asador para conseguir el objetivo que consolidó el domingo pasado, más allá de las sospechas. Aunque algunos consideren que las irregularidades ocurridas (como la extensión de dos horas en algunos circuitos electorales) no tuvieron implicancia definitiva en el resultado final. Sin embargo, esto no puede clausurar el debate. Estos asuntos merecen la misma seriedad como si las elecciones se hubiesen resuelto por un puñado de votos.
Que la calidad democrática de Brasil ha sido dañada, ya no queda ninguna duda. Esto, mucho más allá del debate sobre el resultado del último domingo. Durante las primeras épocas de Lula uno veía un gobierno razonable en lo doméstico y lamentaba el alineamiento internacional, cómplice de las peores dictaduras de la región. Sin embargo, lo razonable de lo económico y lo fiscal se fue flexibilizando por las exigencias electorales y, en lo político, se comenzó a gestar un proceso autoritario con inaceptables interferencias en el Poder Judicial. Si uno analiza la perspectiva de la cuarta gestión de Lula en materia de incentivos, lo cierto es que no puede esperar nada bueno.
Esta potencia económica regional, que comienza a erosionar gravemente su democracia e institucionalidad, seguramente se convierta en aliado de la última versión del peronismo que, realmente, metió miedo. Durante 2023, el exministro de Economía y candidato a presidente Sergio Massa hizo lo que quiso con el Estado para conseguir una victoria electoral. Las campañas sucias contra La Libertad Avanza fueron lo menos relevante. El dirigente peronista directamente apeló al Banco Central para financiar con recursos prácticamente ilimitados su propia campaña. Por aquellos días, se rompió por completo la frontera entre gobierno y Estado y Massa se alzó como el dueño de la corona con poderes y recursos que le hubiesen dado envidia a más de un monarca absoluto de otros tiempos.
Si quedaba alguna duda luego de la última elección donde cayó derrotado Jair Bolsonaro, como mínimo, uno no puede dejar de reconocer que en Brasil las elecciones ya se juegan con la cancha inclinada. Eso mismo hizo Massa con los recursos económicos en la última elección, pero no le alcanzó. Lo único que quedó de esta irresponsabilidad autoritaria fue la cuenta, que terminaron pagando los argentinos.
En América Latina sobran los ejemplos (con Nicaragua y Venezuela a la cabeza) de los gobiernos autoritarios que rompen en sistema desde adentro. Brasil parece haber comenzado a transitar esa complicada ruta y seguramente su gobierno apueste por que sus socios en Argentina hagan lo mismo.
Fuente: PanamPost


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