¿Podría Inglaterra perder Las Malvinas como consecuencia de su política internacional?

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Antes, durante y después de la guerra de Malvinas en 1982, tanto la política exterior de la Argentina como la del Reino Unido jugaron un rol fundamental en lo que sucedió eventualmente y sol en lo relacionado con el ámbito del conflicto armado.

El bando de los militares durante el período de Leopoldo Galtieri, así como Margaret Tatcher, se jugaban mucho en la guerra. Por el lado argentino, el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional ya tenía seis años y estaba en decadencia. En Londres, la referente conservadora había aplicado un plan ortodoxo que, aunque iba a mostrar resultados en el futuro, para esos momentos se estaba administrando el descontento previo de la época de las vacas flacas. En el momento cuando comenzaron los disparos, luego de la recuperación argentina inicial y el arribo de las fuerzas británicas, ambos países vieron de primera mano las consecuencias de la política exterior de las décadas anteriores.

El Reino Unido se ubicaba como aliado histórico de los Estados Unidos y vencedor de las dos guerras mundiales, mientras que al frente estaba la Argentina que había coqueteado con el eje fascista, para declararle la guerra a la Alemania nazi cuando la derrota era inevitable. Si Galtieri pensó que iba a recibir ayuda de Washington se equivocó. Hasta el vecino Chile colaboró con Inglaterra con información e inteligencia, para quedar “bien parado” cuando termine el conflicto

Aunque pocas cosas relevantes pasaron en las últimas cuatro décadas sobre la disputa de la soberanía de las islas, en los últimos años, Argentina y el Reino Unido cambiaron sus posiciones geopolíticas. Luego de varios cortocircuitos con Washington, esta tarde Donald Trump puso blanco sobre negro hasta qué punto está dispuesto a jugar, si Londres no reconsidera incrementar su porcentual destinado a los gastos de defensa de los países occidentales. Ante la pregunta de un periodista sobre si EE.UU. podría repensar su respaldo a Gran Bretaña, Trump dijo que siempre revisa todas sus posturas, con relación a las  políticas de Estado. El viraje de la posición histórica norteamericana a este signo de pregunta es algo que en Londres debería ser tomado con atención, más allá de las clásicas “apretadas” del mandatario, que muchos consideran extorsivas.Noticias diarias

En simultáneo con todo esto, que rápidamente llegó a los portales de noticias de ambos países, desde Israel también hubo tirón de orejas para los ingleses. “¡Las Islas Malvinas pertenecen a Argentina!”, aseguró Yair Netanyahu, hijo del primer ministro. Sin medias tintas, el que podría ser el heredero político del actual mandatario israelí señaló la necesidad de “apoyar a los amigos” y no a quienes resultan “hostiles”. Nada que no tenga sentido.

Aunque parezca que estas cuestiones no serán relevantes en el corto plazo, lo cierto es que las fichas se están moviendo y evidenciando fenómenos que no son tan novedosos, como el necesario pase de factura de los israelíes a un país que se ha tornado literalmente “hostil”. Habrá que esperar lo que suceda próximamente con las elecciones estadounidenses, argentinas e israelíes. Por lo pronto, los británicos irán a las urnas en agosto de 2029, mientras siguen administrando la decadencia de la fallida gestión laborista iniciada por Keir Starmer, actualmente seguida por Andy Burnham.

Fuente: PanamPost

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