Los Hermanos Musulmanes, entre la represión y la resistencia: por qué el movimiento islamista sigue en pie

MUNDOAgencia 24 NoticiasAgencia 24 Noticias

El calor extremo en una prisión de las afueras de Túnez volvió a poner en primer plano la situación de Rachid Ghannouchi, histórico dirigente de Ennahda y una de las figuras más importantes vinculadas a los Hermanos Musulmanes en el mundo árabe. A sus 85 años, el dirigente se descompensó en su celda durante julio, en medio de temperaturas que superaron los 50 grados.

Su situación simboliza, para muchos analistas, el retroceso que experimentó el movimiento islamista que durante la Primavera Árabe llegó a ocupar posiciones centrales en varios países de la región.

Hace apenas una década y media, organizaciones vinculadas a los Hermanos Musulmanes habían alcanzado un protagonismo político impensado. En Egipto, uno de sus representantes llegó a la presidencia, mientras que en Túnez el movimiento de Ghannouchi consiguió una fuerte presencia parlamentaria.

La expansión coincidió con las revueltas que comenzaron en Túnez a fines de 2010 y se extendieron durante 2011 por distintos países árabes. En aquel momento, la Hermandad parecía convertirse en uno de los principales beneficiarios políticos de las protestas contra los regímenes autoritarios.

Sin embargo, aquella expansión duró poco. Las fuerzas militares y los gobiernos autoritarios recuperaron el control en buena parte de la región y comenzaron una intensa persecución contra los dirigentes y militantes islamistas.

De la Primavera Árabe a la persecución

En Egipto, el gobierno de Abdel Fattah al-Sisi desmanteló las estructuras que habían permitido a los Hermanos Musulmanes construir durante décadas una amplia red política y social.

Las empresas vinculadas al movimiento fueron cerradas o intervenidas y numerosos dirigentes terminaron en prisión. Entre ellos se encuentra Muhammad Badie, considerado el máximo referente de la organización en el país.

En Túnez, el giro político también fue profundo. El presidente Qais Saeed impulsó una concentración de poder que terminó debilitando a Ennahda y llevó a varios de sus principales dirigentes a prisión.

La situación se agravó todavía más con la política adoptada por Estados Unidos. Durante el último año, Washington avanzó con medidas destinadas a incluir distintas ramas de los Hermanos Musulmanes dentro de sus estructuras de sanciones y designaciones vinculadas al terrorismo.

La decisión generó un nuevo problema para un movimiento que ya atravesaba una profunda fragmentación interna.

Una organización dividida

La Hermandad enfrenta desde hace años una disputa entre diferentes sectores que reclaman representar a la verdadera conducción del movimiento.

La fractura se profundizó después de la disolución de estructuras internas instaladas en Turquía y de las disputas por el liderazgo surgidas tras la muerte de Ibrahim Munir, dirigente que había conducido buena parte de la organización desde el exilio.

Actualmente existen dos grandes facciones, cada una con sus propios dirigentes, consejos consultivos y canales de comunicación. Ambas sostienen que representan legítimamente a la organización.

Uno de los sectores está encabezado por Salah Abdel Haq, quien anunció su intención de cuestionar judicialmente las decisiones estadounidenses. El otro mantiene una fuerte estructura financiera en Turquía y está relacionado con Mahmoud Hussein.

La disputa no es solamente política. También involucra el control de propiedades, inversiones y recursos económicos acumulados durante décadas.

La paradoja es que, incluso frente a una situación que amenaza la supervivencia internacional del movimiento, sus principales dirigentes continúan enfrentados.

El retroceso en Egipto, Gaza y Siria

Egipto sigue siendo el principal escenario de la derrota política de los Hermanos Musulmanes. Allí, el breve período de gobierno iniciado después de la Primavera Árabe quedó prácticamente fuera del relato oficial.

La situación de Mohamed Morsi, elegido presidente en 2012 y derrocado por los militares al año siguiente, se convirtió en el símbolo de aquel fracaso. Morsi murió en prisión en 2019.

En Gaza, el debilitamiento de Hamás, organización surgida de la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, también representa un golpe estratégico para el movimiento. La ofensiva israelí devastó gran parte del territorio y redujo considerablemente la capacidad militar y política del grupo.

Siria ofrece otro ejemplo de la pérdida de influencia. Tras la caída del régimen de Bashar al-Assad, el poder no quedó en manos de los Hermanos Musulmanes, sino de grupos islamistas que habían adquirido mayor peso durante los años de guerra.

La presencia de sectores vinculados a la Hermandad en la nueva estructura política siria es limitada y algunos referentes incluso plantearon que la organización debería disolverse.

Un movimiento acostumbrado a sobrevivir

A pesar de la persecución, la historia de los Hermanos Musulmanes muestra que la represión no siempre consigue eliminar sus estructuras.

La organización fue prohibida en Egipto en distintas etapas de su historia y sufrió una de sus mayores persecuciones durante el gobierno de Gamal Abdel Nasser. Uno de sus principales ideólogos, Sayyid Qutb, fue ejecutado en 1966.

Durante décadas, la Hermandad permaneció fuera de la legalidad, pero consiguió conservar redes sociales y políticas. En 2005, sus candidatos obtuvieron decenas de bancas en el Parlamento egipcio y, pocos años después, el movimiento consiguió llegar a la presidencia mediante elecciones.

Esa capacidad de adaptación explica por qué algunos especialistas consideran prematuro hablar de la desaparición definitiva de la organización.

Las condiciones que todavía alimentan su discurso

El principal interrogante no pasa solamente por la estructura formal de la Hermandad, sino por las condiciones sociales que permitieron su crecimiento.

En países como Egipto y Túnez persisten problemas económicos, desempleo juvenil y fuertes dificultades para generar oportunidades para las nuevas generaciones. A eso se suman gobiernos cuestionados por su incapacidad para resolver problemas sociales y económicos de larga duración.

Durante décadas, los Hermanos Musulmanes construyeron parte de su influencia mediante redes de asistencia, organizaciones sociales y un discurso centrado en la dignidad de las sociedades árabes.

La guerra en Gaza también modificó el escenario. La destrucción de la Franja y la percepción de impotencia de varios gobiernos árabes frente al conflicto alimentaron nuevamente sentimientos de frustración y descontento en amplios sectores de la región.

Por eso, aunque la organización atraviesa su peor momento político en décadas, su desaparición no parece inevitable.

La Hermandad puede perder elecciones, dirigentes, estructuras financieras y espacios institucionales, pero mantiene una experiencia de supervivencia construida durante casi un siglo. Si logra superar sus profundas divisiones internas y adaptarse a una nueva realidad regional, podría conservar influencia más allá de sus actuales derrotas.

Cuando el movimiento se acerque a su centenario, en 2028, la pregunta ya no será solamente si los Hermanos Musulmanes lograron sobrevivir a la represión, sino qué nueva forma adoptará una organización que históricamente demostró una extraordinaria capacidad para resistir y reinventarse.

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