


China cambia su estrategia en América Latina y gana terreno con seguridad, energía y litio
MUNDO
Agencia 24 Noticias

La presencia de China en América Latina atraviesa una transformación que va mucho más allá de los grandes proyectos de infraestructura que marcaron la relación durante la década pasada. En lugar de concentrarse exclusivamente en megaproyectos financiados mediante créditos estatales, Beijing avanza ahora a través de acuerdos más pequeños y específicos vinculados con seguridad, energía, transporte, tecnología y explotación de recursos estratégicos.
El cambio también puede observarse en el flujo de capitales. Mientras los préstamos tradicionales asociados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta hacia América Latina se redujeron de manera significativa, las compañías chinas continúan destinando miles de millones de dólares a la región. En 2024, las inversiones empresariales alcanzaron aproximadamente los 8.500 millones de dólares, apenas un 10% menos que durante el año anterior.
La diferencia está en el tipo de operaciones. El dinero ya no se concentra principalmente en grandes represas, puertos o ferrocarriles, sino en adquisiciones de activos, provisión de equipamiento, programas de capacitación, donaciones y contratos de mantenimiento. Al tratarse de acuerdos más específicos y descentralizados, muchas veces tienen menor exposición pública y no siempre quedan reflejados de manera completa en las estadísticas tradicionales de inversión extranjera.


Del megaproyecto a los acuerdos locales
Durante buena parte de la década de 2010, China impulsó grandes obras de infraestructura en distintos países latinoamericanos. Puertos, represas, centrales energéticas y proyectos ferroviarios formaban parte de una estrategia destinada a asegurar el acceso a materias primas, ampliar mercados para empresas asiáticas y aumentar la influencia política de Beijing.
Ese modelo comenzó a perder fuerza a partir de los primeros años de la década actual. El aumento de los costos, las dificultades económicas internas de China y una mayor resistencia geopolítica frente a la expansión de Beijing llevaron a priorizar iniciativas de menor escala.
La nueva estrategia apunta a proyectos denominados "pequeños pero hermosos": acuerdos con una presencia física más limitada, pero capaces de generar vínculos duraderos con gobiernos nacionales, provinciales y municipales.
El fenómeno ya se observa en sectores considerados estratégicos. Empresas chinas participan en proyectos de litio en provincias argentinas, tienen presencia en la distribución eléctrica de Lima y proveen tecnología de seguridad y sistemas de videovigilancia a distintas ciudades de América Latina.
El objetivo no necesariamente está en cada contrato individual, sino en la acumulación de acuerdos. Una compra de cámaras, un convenio de capacitación, un contrato de mantenimiento o un memorando de cooperación pueden parecer operaciones independientes, pero con el tiempo generan redes de vinculación tecnológica y económica cada vez más difíciles de reemplazar.
El litio argentino, otro punto de interés
Argentina ocupa un lugar destacado dentro de esta estrategia debido a sus recursos naturales, especialmente por las reservas de litio del noroeste del país.
En Jujuy, por ejemplo, la cooperación entre organismos geológicos argentinos y chinos comenzó con intercambios técnicos y estudios sobre los salares provinciales. Con el tiempo, esos vínculos derivaron en una participación empresarial china en proyectos destinados a la extracción del mineral.
El interés por el litio se relaciona directamente con la transición energética mundial y con la creciente demanda de materiales necesarios para fabricar baterías y vehículos eléctricos. Para Beijing, garantizar el acceso a esos recursos representa una ventaja económica y estratégica de largo plazo.
La seguridad como nueva puerta de entrada
Otro de los sectores donde la expansión china ganó visibilidad es el de la seguridad. Frente a los elevados índices de violencia registrados en distintos países latinoamericanos, las empresas del gigante asiático encontraron un mercado creciente para cámaras, vehículos, sistemas de vigilancia y equipamiento policial.
La estrategia suele comenzar con operaciones relativamente pequeñas. Donaciones de equipamiento, vehículos para fuerzas de seguridad o motocicletas para policías pueden convertirse posteriormente en contratos para instalar sistemas tecnológicos más sofisticados.
Un caso relevante ocurrió en Brasil. En abril de 2025, el gobernador de Río de Janeiro visitó China y concretó acuerdos con las empresas Hikvision y Dahua para incorporar más de 27.000 cámaras destinadas a vehículos y personal de seguridad.
En México también surgieron acuerdos similares. Autoridades de Ciudad Juárez adquirieron alrededor de 1.000 cámaras con tecnología de reconocimiento facial fabricadas por compañías chinas, en momentos en que ambas empresas enfrentaban restricciones en el mercado estadounidense.
La expansión de estos sistemas plantea además un debate sobre privacidad, protección de datos y dependencia tecnológica. Una vez instalada una determinada plataforma de vigilancia, sustituirla puede requerir nuevas inversiones, capacitación y reemplazo de infraestructura.
Una influencia que crece sin hacer tanto ruido
La nueva estrategia china en América Latina no necesariamente busca generar grandes anuncios políticos. Su fortaleza radica, en buena medida, en una presencia gradual que se construye mediante acuerdos comerciales, tecnológicos y de cooperación.
Energía, transporte, seguridad, minería y tecnología se transformaron así en áreas donde las empresas chinas pueden consolidar posiciones mientras los gobiernos latinoamericanos buscan inversiones, equipamiento y soluciones rápidas para problemas concretos.
El resultado es una red cada vez más extensa de vínculos económicos y tecnológicos. Aunque cada operación pueda parecer limitada, el conjunto permite a Beijing ampliar su influencia regional de manera menos visible que durante la etapa de los grandes megaproyectos.





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