La difícil misión del delegado de Chile en Venezuela y los temas a tratar con Delcy Rodríguez

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Las relaciones diplomáticas y consulares son dos aspectos muy distintos de la representación en el exterior de un país. Mientras las primeras tienen como eje las negociaciones y los vínculos políticos entre Estados, las segundas se concentran en brindar asistencia y servicios a los ciudadanos del país emisor y del Estado anfitrión. Con la responsabilidad de recuperar ambas aterrizó en Caracas el diplomático chileno Hernán Núñez, designado por el gobierno de José Antonio Kast como delegado y encargado de fortalecer el enlace entre Chile y Venezuela.

La encomienda del mandatario nacional es muy clara. El trabajo de Núñez será «marcar una nueva etapa» de entendimiento entre estas naciones, cuyos nexos estuvieron rotos desde 2024. Con antecedentes ya conocidos, el arribo del diplomático da comienzo a una de las misiones más complejas de su carrera: reconstruir los vínculos con la gestión a cargo de Delcy Rodríguez mientras representa a una administración de derecha.

La estrategia de Núñez comienza por lo más urgente: reactivar el funcionamiento consular. Como actual director general de Asuntos Consulares, Inmigración y Chilenos en el Exterior, priorizará las gestiones administrativas y operativas para retomar la atención al público, recibir solicitudes para la emisión de documentos de identidad y pasaportes, legalizar certificados y títulos, así como brindar asistencia en situaciones de emergencia.

Lo complejo para después 
Después seguirá la parte más compleja: intentar entenderse con Miraflores sobre migración y seguridad. Hablar sobre el Tren de Aragua y la repatriación de migrantes venezolanos indocumentados en Chile es la prueba de fuego. De estos asuntos depende alcanzar la bilateralidad que se congeló cuando Nicolás Maduro retiró a su personal diplomático de Santiago, luego de que el gobierno del entonces presidente Gabriel Boric cuestionara el fraude electoral que le permitiría mantenerse en el poder hasta 2030.

Por lo tanto, la labor de Núñez en Caracas requerirá guantes de seda para abordar uno de los asuntos más sensibles para el gobierno de Kast: la posible colaboración de Venezuela en la expulsión de al menos 300.000 venezolanos en situación irregular que se encuentran en Chile.

La posición de Kast es ejercer con «mano dura» frente a la migración irregular, pero ante Rodríguez reconoce la disposición de un «diálogo conjunto». Ella coincide. Lo avala. Asegura que Kast cuanta con » una venezolana de bien que está encargada de las relaciones internacionales para marchar juntos en una agenda común, de cooperación y amistad”.

¿Es suficiente? No. Por ahora, no. Ni siquiera existe una fecha definida para la reapertura de las oficinas consulares de Chile en Caracas y Puerto Ordaz.  Además, cuando se anuncie tampoco implicará un restablecimiento automático de las relaciones diplomáticas. Llegar a ello a corto plazo es impredecible, cuando Chile acumula 48 años sin bilateralidad con Bolivia por la demanda marítima interpuesta por la nación ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya.

Aunque el fallo en 2018 descartó que Chile tuviera una obligación jurídica de discutir un acceso soberano de Bolivia al océano Pacífico y cerró el caso, aún no hay humo blanco en la relación bilateral. Si bien el presidente Rodrigo Paz suma dos reuniones con Kast en señal de una visión más pragmática, menos populista y más centrada en comercio que en una reivindicación histórica, el tiempo para alcanzar lo mismo con Rodríguez nadie lo sabe. Sólo el nombramiento de embajadores sería una señal concreta de que Santiago y Caracas avanzan hacia una normalización plena de sus relaciones.

Fuente: PanamPost

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