Trump no dejó lugar para las dudas: "No queremos comunistas en nuestro país"

EE.UU Por Carlos Zimerman

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Carlos Zimerman
Por Carlos Zimerman

Hay líderes que gobiernan mirando las encuestas. Y hay otros que gobiernan defendiendo convicciones. Donald Trump pertenece, sin ninguna duda, al segundo grupo.

Durante la celebración por los 250 años de los Estados Unidos pronunció un discurso que pasará a la historia, no solamente por el contexto en el que fue pronunciado, sino porque volvió a decir, sin miedo y sin pedir permiso, una verdad que millones de personas comparten en todo el mundo.

🔴 "No queremos comunistas en nuestro país."

Más claro, imposible.

Mientras buena parte de la dirigencia occidental ha decidido convivir con las ideas socialistas y abrirles las puertas a quienes cuestionan permanentemente los valores de Occidente, Trump eligió defender los principios que hicieron grande a los Estados Unidos: la libertad, la propiedad privada, el patriotismo, la familia, el mérito y el respeto por la ley.

Comparto plenamente sus palabras.

Porque el comunismo no representa una alternativa política más. Es una ideología que, allí donde gobernó, dejó persecución, pobreza, hambre, censura y millones de muertos. La historia del siglo XX es una prueba contundente de ello. Desde la Unión Soviética hasta Cuba, desde Corea del Norte hasta la Venezuela del siglo XXI, el resultado siempre fue el mismo: menos libertad, más Estado y ciudadanos sometidos al poder político.

🔴 "El comunismo nunca produjo prosperidad; produjo miseria y ausencia de libertad."

Por eso resulta tan importante que el presidente de la principal potencia del mundo no tenga miedo de llamar las cosas por su nombre.

Mientras muchos dirigentes hablan con eufemismos para no incomodar a nadie, Trump eligió marcar un límite.

Y ese límite es imprescindible.

Porque una democracia no puede ser ingenua frente a quienes utilizan las propias instituciones democráticas para destruir la libertad desde adentro.

El discurso también reivindicó algo que hoy parece casi revolucionario: sentirse orgulloso del propio país.

Trump recordó las grandes gestas de los Estados Unidos, homenajeó a los veteranos de guerra, defendió el papel de las Fuerzas Armadas y afirmó que el poder estadounidense no debe ser motivo de culpa, sino de orgullo.

Tiene razón.

Las grandes naciones no se construyen avergonzándose de su historia, sino aprendiendo de ella y defendiendo los valores que las hicieron grandes.

También impulsó la aprobación de la Ley SAVE America para fortalecer los controles sobre el sistema electoral.

🔴 "La democracia se fortalece cuando el voto es transparente y cada ciudadano acredita quién es y que tiene derecho a votar."

Para algunos, exigir identificación será una medida polémica. Para cualquier ciudadano de sentido común, parece simplemente una garantía básica para proteger la voluntad popular.

El cierre de la celebración, con un impresionante espectáculo de fuegos artificiales, fue apenas el broche de una jornada cargada de simbolismo.

Lo verdaderamente importante fue el mensaje político.

Donald Trump volvió a demostrar que no está dispuesto a negociar los principios que considera esenciales para mantener la grandeza de los Estados Unidos. En tiempos donde muchos dirigentes prefieren adaptar su discurso a las modas ideológicas, él eligió defender sin complejos la libertad, la identidad nacional y el patriotismo.

Y eso explica por qué millones de personas siguen viéndolo como el líder capaz de enfrentar el avance de las ideas que tanto daño le han hecho al mundo.

Porque hay momentos en los que la ambigüedad deja de ser una virtud.

Y Trump entendió que frente al comunismo no hay lugar para las medias tintas. Hay que decirlo con todas las letras, exactamente como lo hizo en el aniversario número 250 de los Estados Unidos:

🔴 "No queremos comunistas en nuestro país."

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