La ilusa y engañosa promesa de convertir a Cuba en China con el paquete económico de Díaz-Canel

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Es cierto que China dejó de ser un país mayoritariamente pobre. Su transformación económica se aceleró a partir de las reformas impulsadas por Deng Xiaoping desde 1978. Este modelo, estudiado y afinado por años, hoy es hacia donde pretende girar la dictadura cubana con un nuevo paquete de medidas que busca repetir la hazaña del gigante asiático que ameritó décadas para conseguir resultados positivos.

La primera pregunta que surge es: ¿Logrará el castrismo con Miguel Díaz-Canel alcanzar el mismo crecimiento de Pekín? «Son tiempos para cambiar», afirmó el dictador durante el anuncio de las disposiciones que prometen autonomía municipal, empresarial y agrícola en la isla.

Lo dijo con desparpajo. Con una facilidad que confunde con descaro cuando La Habana vive su peor colapso productivo, apagones diarios, escasez de divisas y una creciente presión de Estados Unidos. Para la dictadura, ninguna de esas condiciones frena su paquete económico en Cuba, cuya meta es «superar las dificultades del momento actual» mediante un nuevo esquema de funcionamiento económica. Así lo confesó Díaz-Canel a un equipo de prensa de la presidencia en las últimas horas.

Una vara muy alta
La vara china que el régimen cubano busca rozar con su Programa Económico y Social para 2026, inspirado en las reformas del gigante asiático, sin duda, es alta, pero luce más como una daga que le puede atravesar.

Aunque hay más de una veintena de áreas de transformación recopiladas en seis grandes ejes: sistema de dirección económica, autonomía municipal, autonomía empresarial, recuperación agrícola, comercio exterior e inversión extranjera, el contexto de la isla proyecta el fracaso de todas si el objetivo es adaptarlas a la realidad del «Reino del Centro».

La propuesta del paquete económico en Cuba que promueve Díaz-Canel es permitir nuevos actores económicos y reducir la dependencia de las decisiones centralizadas de La Habana, facultando exportaciones e importaciones directas entre clientes y proveedores con participación en el mercado cambiario. Sin embargo, creer que con ello basta para convertirse en una potencia global capaz de competir con Estados Unidos y Reino Unido, especialmente en términos económicos y tecnológicos, es candoroso.

Contraste interno que marca distancias
China enfocó primero sus políticas en una inversión continua en infraestructura —como carreteras, puertos y ferrocarriles— redujo costos logísticos y mejoró la eficiencia. Además, capitalizó la mano de obra especializada para generar ventajas competitivas en sectores manufactureros y modernizó sus industrias.

Nada sucedió de la noche a la mañana. Desde 1980 caminan en esa dirección con un «socialismo de mercado» que les permitió pasar de un Producto Interno Bruto (PIB) de 150.000 millones de dólares a 18 billones de dólares. El giro convirtió a Shenzhen en el «Silicon Valley chino», posicionó a China como miembro del G20 y unió con Brasil, Rusia, India y Sudáfrica en el bloque BRICS.

El socialismo de la dictadura cubana tiene otros resultados. A seis décadas del castrismo tomar el poder, el Producto Interno Bruto (PIB) acumula una caída de más 15 % desde 2020. La agricultura, ganadería y minería retrocedieron 53 %, la industria manufacturera y azucarera cayeron 23 %, y los servicios disminuyeron 6 %. Mientras, la deuda externa ronda los 19700 millones de dólares y el declive del turismo es de 56 %.

Números que proyectan una estocada
Las cifras anticipan que el paquete económico en Cuba está lejos de representar una mejoría para la isla. Arrancar una etapa sin interesados en sus negocios ante el riesgo de sanciones refleja que la isla es «un paciente que se infectó, la infección llegó a sepsis y de ahí transitó a un shock donde todo el sistema ha colapsado», asegura el físico nuclear y escritor cubano en el exilio, Eduardo López-Collazo, a 14yMedio. 

De hecho, si el país se compara con un organismo enfermo su diagnóstico sería «falla multiorgánica». Aunque López-Collazo reconoce que le gustaría otro estado, admite que es complicado, porque no existe nada contundente contra la sepsis.

Una modificación en el manejo de la economía ante el panorama es inútil, recuerda el experto en su entrevista en 14yMedio. En cambio, insiste en que «Cuba necesita memoria para no repetir el daño, tolerancia para integrar diferencias y mecanismos de control para impedir que la inflamación política destruya el tejido social».

Antes de que sea tarde, la transparencia es una prioridad porque sin datos fiables no se reconstruye nada. «Público no significa control absoluto del Estado», el sistema debe ser descentralizado, evaluable y compatible con iniciativas privadas reguladas.

Fuente: PanamPost

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