


Pix supera a Zelle y Pago Móvil: ¿Hispanoamérica debería seguir el modelo brasileño?
MUNDO
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIAS

Vivimos la era de lo digital y la tecnología ha impactado profundamente nuestras vidas cotidianas. Los sistemas de pagos instantáneos se han convertido en un reflejo claro de cómo cada país enfrenta los desafíos de la inclusión financiera, la eficiencia y la soberanía económica. Brasil, con su Pix, ha creado una verdadera referencia mundial gracias a una infraestructura pública audaz y transformadora. En Estados Unidos, Zelle representa el modelo privado, más limitado y orientado a nichos. Y en Venezuela, el Pago Móvil surgió como una solución práctica y resiliente ante una crisis profunda de efectivo. Compararlos no solo ayuda a entender sus diferencias, sino que ofrece lecciones valiosas, donde millones buscan alternativas que reduzcan costos, incluyan a todos y funcionen en la vida real.
Cronológicamente, de los tres, el primero que salió al público fue el Pago Móvil. Se implementó en octubre de 2017 por iniciativa del gobierno y la Superintendencia de Instituciones del Sector Bancario (Sudeban), en pleno contexto de hiperinflación y escasez extrema de billetes. Permite transferencias interbancarias inmediatas usando el número de teléfono asociado a la cuenta, cédula o RIF, a través de SMS, apps bancarias o incluso celulares básicos. Inspirado en sistemas simples de mensajería, se convirtió rápidamente en el principal medio de pago de Venezuela, superando incluso a los puntos de venta tradicionales o como se les conoce en Brasil, las “maquinitas”. Fue una respuesta creativa y necesaria a una realidad complicada.
Por su parte, Zelle surgió en 2017 como un servicio de un consorcio privado de grandes bancos estadounidenses (Chase, Bank of America y Wells Fargo), evolución de un sistema anterior llamado clearXchange. Se enfoca principalmente en transferencias de persona a persona (P2P) entre conocidos, integrado directamente en las aplicaciones bancarias. Su propósito comercial era retener clientes ofreciendo una forma rápida de enviar dinero sin salir de la app del banco. No es una infraestructura nacional pública, sino una solución privada que opera dentro del ecosistema bancario tradicional de Estados Unidos.


Y por último, nace el Pix de una visión estratégica del Banco Central de Brasil (BCB). Lanzado en noviembre de 2020 tras su anuncio en 2019, fue diseñado como un sistema de pagos instantáneos (SPI) con un directorio central (DICT) para identificar cuentas de forma sencilla mediante clave Pix (teléfono, CPF, e-mail o QR). No fue una idea de los bancos privados, sino una iniciativa pública que obligó a las grandes instituciones a participar y abrió la puerta a fintechs autorizadas. Su objetivo era claro: reducir el uso del efectivo, bajar costos, promover la competencia y democratizar las transacciones en un país de dimensiones continentales. Hoy, con cientos de millones de usuarios y miles de millones de operaciones mensuales, Pix ha cambiado la forma en que brasileños pagan desde el buhonero hasta grandes comercios.
Al comparar sus fortalezas y debilidades, las diferencias saltan a la vista. Pix destaca por su instantaneidad real (en segundos, 24/7, incluso feriados), su universalidad (sirve para pagos entre personas, comercios, empresas, impuestos y más) y su gratuidad para personas físicas, con costos muy bajos para negocios. Es un sistema público, abierto y soberano que ha impulsado una enorme inclusión financiera. Si queremos hablar de algunas limitaciones, es que solo funciona en Brasil y en reales y, como cualquier plataforma digital, tiene riesgos de fraude que el BCB ha ido enfrentando.
Zelle ofrece rapidez (generalmente en minutos) y es gratuito, con integración sencilla en apps bancarias y buen nivel de seguridad para transferencias entre conocidos. Sin embargo, su alcance es limitado: se usa principalmente entre personas que se conocen, tiene baja aceptación en comercios pequeños, taxis o vendedores ambulantes, y no representa una infraestructura universal ni transforma la economía cotidiana como sí lo hace Pix.
Pago Móvil, por su lado, ha sido vital en Venezuela: es accesible, instantáneo y ha permitido sobrevivir en un entorno de dolarización informal y falta de efectivo. Funciona incluso con tecnología básica y es ampliamente adoptado. No obstante, enfrenta desafíos estructurales como dependencia de la estabilidad bancaria y eléctrica, límites regulatorios por liquidez, cobro de tasas y menor sofisticación en aspectos como QR masivo o pagos B2B amplios. Su efectividad está condicionada por el contexto macroeconómico del país.
Pix es la demostración de que la iniciativa pública puede tener éxito generando resultados superiores en inclusión, eficiencia y soberanía, mientras que una iniciativa privada como Zelle muestra que los servicios privados pueden ser útiles como complemento, pero no sustituyen una red nacional abierta. Por su parte, Pago Móvil ilustra cómo la necesidad puede impulsar innovación local, pero que termina siendo limitada ante la falta de estabilidad económica. El análisis de estas realidades puede alimentar el debate sobre la evolución hacia modelos híbridos de infraestructuras públicas interoperables y de bajo costo, combinadas con la creatividad de las fintechs privadas, y la soberanía de un país que prioriza el beneficio general de la sociedad frente a los beneficios de las corporaciones extranjeras.
En Brasil se debate la importancia del Pix y la percepción que tiene Estados Unidos sobre este sistema. Pix no tiene nada que ver con Zelle. Debilitar el Pix es un error estratégico para cualquier político brasileño por las irrecuperables consecuencias que traería consigo, lo que puede ser visto como la demostración tangible de que lo que beneficia a toda la nación por igual está por encima de los intereses de cualquier ideología.
El Pix puede inspirar al resto de los países de América, sobre todo a los del mundo hispano, para que puedan transitar hacia una integración que sea verdaderamente duradera y beneficiosa para todos los pueblos.
Fuente: PanamPost





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