Los desafíos de Rusia y China en la carrera lunar que aventaja Estados Unidos

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El lanzamiento de Artemis II no solamente representa el regreso del hombre a la órbita lunar después de 54 años. Esta misión de la NASA también esconde una disputa geopolítica donde el espacio se convierte en una zona a ser conquistada, con Estados Unidos como país pionero en llevar humanos a la Luna.

La nación norteamericana tiene como principales rivales a Rusia y China. Pero no compiten en los mismos términos y aspectos. Mientras Washington consolida su regreso con misiones tripuladas, Pekín avanza hacia la exploración tecnológica y Moscú intenta no quedar relegado, apoyándose en una alianza con el gigante asiático. Además, la brecha también es presupuestaria. Estados Unidos lidera la inversión gubernamental en proyectos espaciales con 73200 millones de dólares solo en 2023, según la plataforma especializada Sci-Tech Today. Muy por encima de China (14000 millones de dólares) y Rusia (3410 millones de dólares), lo que explica la ventaja de la NASA en misiones tripuladas.

Hace tres años el régimen comunista chino enviaba peces al espacio para entender la adaptabilidad de especies de animales fuera de la Tierra, así como adquirir conocimientos para futuras misiones con astronautas humanos. Un año antes, la estación espacial Tiangong («Palacio Celestial», en español) fue oficialmente puesta en funcionamiento para albergar experimentos, tanto de China como de otros países. Pekín lidera la carrera lunar en misiones no tripuladas, pero tardará más en llevar personas al satélite de la Tierra.

Avances espaciales de China: ¿retaliación contra EEUU?
Los avances espaciales de China también podrían interpretarse como una retaliación contra Estados Unidos. Y es que en el año 2011 quedó vetada de participar en la Estación Espacial Internacional (EEI), el gigante laboratorio que orbita la Tierra a unos 400 kilómetros de altura. La razón fue la Enmienda Wolf aprobada por el Congreso y que prohíbe a la NASA colaborar con el gigante asiático por los riesgos de transferir tecnología sensible y el temor a que se use con fines militares.

Eso pudo ser el motor para que, en enero de 2019, China se convirtiera en el primer país que ha logrado alunizar en la cara oculta de la Luna. En 2022 descubrió un nuevo mineral en el satélite, descrito por la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA, en inglés) como «una especie de cristal columnar transparente e incoloro». Lo bautizaron como Changesite-(Y) y, según el régimen de Xi Jinping, permitiría «la exploración del espacio profundo».

Lo cierto es que Pekín ha marcado hitos tecnológicos, y con esa base, busca nuevos avances. Por ejemplo, la misión Chang’e 7, programada para llegar al polo sur lunar en 2026, buscará depósitos de hielo de agua. Mientras que Chang’e 8 explorará usos de nuevos recursos y llevará a bordo tecnología de otros países como Perú, Rusia e Irán. Pero llevar humanos a la Luna todavía no está en planes. Apenas será en el año 2030 cuando esto ocurra, según proyectos del régimen chino.

Rusia convertido en socio dependiente
En cuanto a Rusia, enfrenta retrasos tecnológicos y fracasos que la han relegado a un segundo plano. Por ejemplo, la misión Luna-25 fracasó en el año 2023 cuando intentaba alunizar. El Gobierno de Vladímir Putin se acercó entonces a Xi Jinping y ahora ambas naciones trabajan en el proyecto de la Estación Internacional Científica Lunar, construida en diferentes fases para lograr su pleno funcionamiento en el año 2045. Este plan incluye participación de varios países. Ambos gobiernos buscan consolidar un bloque espacial alternativo al que lidera Estados Unidos.

Moscú pasó de ser protagonista en la Guerra Fría a un socio dependiente de China en esta nueva carrera lunar. Para intentar mitigar ese retraso, comenzará a desarrollar equipos científicos para estudiar la composición del satélite de la Tierra. Sin embargo, poco queda del país que lanzó la sonda lunar soviética en 1976. En otras palabras, no solo se trata de conquistar la Luna, sino de apropiarse de la próxima frontera estratégica y la explotación de recursos para desarrollar infraestructuras que permita alojar humanos.

Fuente: PanamPost

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