Iván Cepeda: Entre la memoria y la política de la denuncia

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Hay políticos cuya trayectoria está impulsada por actos legislativos que benefician el bien común. Otros, por gestiones concretas en defensa de la Constitución, la ética pública y la representación efectiva de sus electores. Y unos más, como Iván Cepeda Castro, por construir su perfil público alrededor de la memoria, la denuncia y la confrontación.

Su historia política está profundamente marcada por un hecho relevante: es hijo de Manuel Cepeda Vargas, víctima del exterminio de la Unión Patriótica.

Pero hay un elemento adicional que resulta clave para entender su visión del mundo: su formación política e intelectual en el exterior.

Tras el asesinato de su padre, Cepeda vivió en el exilio. Su proceso de formación no se dio en Colombia, sino en Europa, en un contexto político e ideológico muy particular.

Quizás, por ello, su pensamiento político se inscribe claramente dentro de una tradición de izquierda ideológica, con un fuerte énfasis en la lucha de clases, la memoria histórica, el cuestionamiento del establecimiento y la reivindicación de movimientos políticos perseguidos.

El episodio que terminó de consolidar su perfil público no fue el de ejecución de las funciones propias de legislador, sino su participación en un proceso judicial.

Tras una denuncia interpuesta en 2012 por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, la Corte Suprema de Justicia de Colombia, en una decisión de 219 páginas, con ponencia del magistrado José Luis Barceló Camacho y acompañamiento de otros dos magistrados, resolvió desvincular al parlamentario del Polo Democrático Iván Cepeda Castro de la acusación relacionada con falsos testigos. Desde entonces, Cepeda pasó a convertirse en protagonista de uno de los expedientes más relevantes de la política reciente, plataforma que le sirvió para avivar su candidatura a la presidencia.

Pero el pueblo colombiano debe dejar de estar hipnotizado y recapacitar sobre si el país necesita como gobernante a Iván Cepeda, en quien pesa incluso, que el nombre de su padre ha sido utilizado por estructuras armadas ilegales como símbolo político.

El juzgamiento de su aspiración a primer mandatario debe efectuarse a partir de sus realizaciones como legislador, pues, no basta tener el poder, sino haber ganado autoridad basada en la conducta. Y al hacer esa evaluación el resultado no es satisfactorio.

Es claro que no ha impulsado reformas estructurales. Carece, además, de un legado legislativo contundente. En una ocasión, al inicio del gobierno Petro, Cepeda radicó un proyecto de ley que pretendía crear un delito de “obstrucción a la paz”. Tuvo que retirarlo ante la lluvia de críticas y cuestionamientos que recibió.

De otra parte, en su trayectoria aparecen episodios internacionales que han generado debate. Se ha mencionado su participación en viajes a los Estados Unidos junto a Piedad Córdoba y Rodrigo Lara Restrepo, en contextos políticos que han sido objeto de distintas interpretaciones.

Recientemente el candidato presidencial, Daniel Palacios, solicitó al Departamento de Justicia estadounidense que indague los posibles vínculos del senador, con el caso del depuesto Nicolás Maduro.

Según se ha conocido, esa solicitud pide revisar toda mención al senador Iván Cepeda y sus posibles conexiones o afinidades con la organización terrorista extranjera FARC que pudieran hallarse en computadores decomisados a altos mandos de esa guerrilla, capturados o abatidos. El antecedente de esa petición remite a la Operación Fénix, llevada a cabo en marzo de 2008, en la que murió Raúl Reyes, entonces jefe de las FARC, en territorio ecuatoriano. Fue allí donde se incautaron los computadores cuyo valor probatorio fue descartado en Colombia por considerar irregular la incautación, a diferencia del alcance que podrían tener en otros escenarios judiciales, como el de Estados Unidos.

Si bien Iván Cepeda ha sido consistente, visible y activo en ciertos debates que lo muestran como un activista político permanente, también es que sus logros en el Congreso dejan la impresión de que no ha sido un legislador eficaz. Entonces, cabe una pregunta: si no exhibe ejecutorias concretas como legislador, ¿cómo pensar que en el ejecutivo sí lo hará?

Es evidente que, en un país que necesita reformas estructurales, la política no puede limitarse a la denuncia. Requiere de un líder con experiencia demostrada en las diferentes gestiones, con capacidad para lograr consensos, tomar decisiones respecto a temas críticos como la seguridad, la salud, la economía y el orden público, entre otros.

Al aplicarle el dicho popular “desde el desayuno se conoce cómo será el almuerzo” lleva a una percepción preocupante, pues, si en su discurso y en su programa (pág. 386) arremetió contra Antioquia, ¿qué se puede esperar en el hipotético evento de llegar a la presidencia?  Es probable que siguiendo las pautas del actual gobierno se le olvide que corresponde al mandatario gobernar para todos los habitantes de Colombia, que no solamente para quienes se identifican con su pensamiento y que con ese propósito debe centrarse en las necesidades del pueblo y no en su obsesión respecto al expresidente Uribe, como al parecer, según el diario El País de España, lo manifestó al indicar que las críticas a otros aspirantes como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella sólo eran “distracciones”, ya que el verdadero reto de estas elecciones es combatir democráticamente a Álvaro Uribe.

A muchos colombianos les resulta difícil entender por qué lidera las encuestas, pese a la evidente carencia de ejecutorias, su actuar pendenciero y polémico, y el total fracaso de la actividad a la cual se ha dedicado: facilitador de los procesos de paz con los grupos ilegales.

Fuente: PanamPost

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