Régimen cubano sin condiciones para resistir otro «periodo especial»

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Si el régimen cubano implementa hoy un nuevo paquete de restricciones económicas, como lo hizo  hace tres décadas, tras perder el suministro de combustible y alimentos de la Unión Soviética, provocará su inevitable extinción. La dictadura está sin condiciones para resistir otro «periodo especial» de estrechez, cuando la miseria aumenta, los apagones están fuera de control, la falta de divisas es una constante y el hartazgo de la ciudadanía en la calle es cada vez más visible.

La complejidad del escenario impide al castrismo ejecutar una profundización del racionamiento eléctrico, de comida, medicinas o productos básicos u ordenar el uso masivo de bicicletas como alternativa, ante la ausencia de transporte público por la falta de gasolina. Cualquiera de estas medidas establecidas en el pasado conducirían a la cúpula comunista a un derrumbe.

Sin embargo, el punto clave en un eventual «periodo especial» cubano es la incapacidad del régimen para sostenerse, cuando la producción nacional de crudo es insuficiente para compensar el abastecimiento que recibe del extranjero. De hecho, una interrupción total —o muy significativa— generaría una contracción cercana al 50 % de la disponibilidad total de crudo.

Petróleo complica a la dictadura
La falta de petróleo es el mayor inconveniente para la dictadura que encabeza Miguel Díaz-Canel. Datos divulgados por el economista Pedro Monreal revelan que el crudo cubano sólo sirve para cubrir las necesidades de las termoeléctricas y la industria del cemento, mientras que el transporte, la agricultura y el resto de los sectores productivos dependen de combustibles refinados —crudo importado, diésel y gasolina— provenientes del exterior.

Esto explica la presión y el temor a que la isla ingrese en un nuevo “Período Especial”. Si bien la extracción nacional de petróleo aumentó en los últimos años hasta promediar 2,3 millones de toneladas anuales —más del doble del promedio de 1,1 millones de toneladas registrado en 1990—, la disponibilidad total de los cuatro combustibles esenciales es hoy claramente inferior a la de aquella etapa. Las estadísticas muestran que en la actualidad se producen apenas 854 mil toneladas, una cifra que se aproxima peligrosamente a los peores registros del colapso postsoviético, cuando el suministro cayó a 754 mil toneladas.

Con estos números, un eventual escenario de “opción cero”, de crisis extrema, es probable que se concrete, debido a que Cuba necesita unos 110.000 barriles de petróleo al día, cuando apenas produce por su cuenta aproximadamente 40.000. Y sus reservas están graves. Según la compañía belga Kpler, Cuba solo tiene petróleo para unos 15 a 20 días más.

El panorama se agravó en el arranque de 2026. En lo que va del año, el régimen sólo contabiliza un envío de 84.000 barriles de petróleo por parte de México, que equivale a menos de 3000 diarios y dejan atrás los 12000 barriles diarios que destinaba en 2025.

Es por ello que negociar con la administración de Donald Trump se volvió una necesidad, pese a la orden ejecutiva que restringe las ventas de crudo al régimen por “desestabilizar la región” mediante alianzas con adversarios estratégicos de Estados Unidos como Rusia, China e Irán, y con organizaciones calificadas como terroristas, entre ellas Hamás y Hezbolá.

Castrismo en hora cumbre
¿Está el castrismo en su hora más frágil? Es posible ante el endurecimiento del contexto externo que coincide con el deterioro de la legitimidad interna del sistema. Ambas condiciones son inusuales, asegura la activista Yoanni Sánchez. Aunque reconoce que innumerables veces escuchó en sobremesas de diplomáticos, análisis de expertos y en predicciones que el régimen «estaba a punto de caer» por la desaparición física del «máximo líder»; la supuesta fractura «inminente» en las Fuerzas Armadas y el colapso económico de la isla, en esta oportunidad, los oráculos podrían tener razón.

Sánchez asegura que el «descontento ya no es susurro, es conversación de esquina, es bronca en la bodega, es hartazgo en la cola de la guagua. Los registros de conflictividad social y protestas van en aumento, un termómetro que apunta a un malestar extendido y persistente».

El panorama para la cúpula es comunista es inédita. De hecho, para Sánchez «nunca habían coincidido de manera tan visible tres circunstancias: la precariedad material sostenida, la pérdida del miedo en franjas crecientes de la población, y la ruptura del relato épico oficial que durante años sirvió de anestesia y mordaza».

Fuente: PanamPost

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