


Balotaje en Chile: el fracaso de la élite ante el voto huérfano y la omisión migrante
MUNDO
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIAS


El resultado de la primera vuelta presidencial en Chile no fue una fotografía de preferencias, sino la radiografía de un anunciado colapso sistémico de los ahora pobres partidos políticos. Con la segunda vuelta ya agendada para el próximo 14 de diciembre, el país ha entrado en una fase de incertidumbre donde la batalla se librará ahora no por la convicción ideológica, sino por la administración técnica del vacío dejado por los partidos tradicionales, quienes han sido los grandes damnificados de la contienda. Para entender un poco veamos lo que hay:


El voto huérfano y la decisión pendular, ¡déjame pensarlo!
Sin duda alguna, y con un ocultado por las encuestas, la llave maestra de esta segunda vuelta recae en la base electoral de Franco Parisi, quien obtuvo un caudal nada desdeñable que, con cerca del 20%, se ha erigido como el árbitro real del sistema y -me atrevería a decir- el ganador simbólico de la elección. Lo destacable de este electorado es que modela la antítesis de la política tradicional. Dicho de otra manera, no obedece a preceptos ideológicos; su motivación principal es la perspectiva económica y una profunda indignación hacia una clase política que perciben desconectada de la brutal realidad e ineficaz en su capacidad de respuesta.
Este «voto huérfano» por llamarle de alguna manera -no despectiva ni peyorativa, jamás sería ésta la intención de quien suscribe y aboga por el respeto y sano debate- obliga a ambos candidatos a una movilización táctica y discursiva que desborda sus límites tradicionales. Jara y Kast no solo deben apelar a la razón, sino gestionar la emoción y el descontento manifiesto. La contienda ahora deja de ser una batalla de programas ideológicos para convertirse en una competencia por la mayor eficiencia en el cálculo y la seducción pragmática. Mucho cuidado con ello.
La crisis de la opinión pública y el rol crítico de las encuestas
En este contexto de fragilidad y alta volatilidad, la confianza en los instrumentos de medición pública se ha desmoronado y puesto en duda más que nunca, impulsada por las denuncias directas de manipulación y tendenciosidad por parte del propio Parisi el mismo día de la elección al ver el muy anhelado tercer lugar y con un número nada despreciable.
De inmediato, la dupla ganadora se hizo eco en tender puentes y buscar acercamiento con Parisi quien, sin titubear espetó “que tienen que hacer la pega”.
El emplazamiento a las empresas consultoras para que rindan explicaciones sobre sus metodologías no es un simple arrebato político; es un síntoma crítico de la erosión democrática perdida de toda credibilidad. Cuando las herramientas destinadas a reflejar la voluntad popular son percibidas como instrumentos de propaganda o ingeniería electoral, el proceso se envilece. La precisión de una encuesta no es solo un dato estadístico; es un elemento constitutivo de la percepción de legitimidad y, por ende, de la estabilidad social.
El nuevo centro de poder residual: abstención o voto nulo
La decisión final del «Parisismo» puede no ser un apoyo directo, sino un retiro estratégico. Si Jara y Kast fracasan en articular respuestas y propuestas convincentes a las demandas de indignación y de mejoramiento económico, la opción más racional para este sector será el uso del voto nulo o la abstención activa, la cual lleva un tiempo asomándose muy tímidamente.
Esta no es una deserción pasiva; es el último y más poderoso acto de protesta del elector que se niega a convalidar un sistema que ya le es ajeno.
Desde una perspectiva técnica, un aumento significativo de la abstención o el voto nulo en la segunda vuelta debilitaría la legitimidad del mandato presidencial entrante, obligando al ganador a asumir el cargo con una base real reducida.
La “descuidada” omisión crítica: del clientelismo migrante a la fiebre Parisi
El enfoque frenético en el «voto Parisi» como llave maestra de la elección revela otra fisura en el sistema: la omisión crítica del voto migrante.
La tesis que aquí se plantea es contundente: la clase política pasó en un abrir y cerrar de ojos de una simplista, xenófoba y peyorativa «política de arepa y ron» (alusión al clientelismo superficial y despectivo hacia comunidades migrantes), a una búsqueda desesperada, frenética e incluso forzada del voto Parisi. Ambas posturas evidencian un trato superficial al electorado.
Este colectivo, que representa y forma una parte vital de la nueva realidad social chilena, continua sin ser integrado activa y respetuosamente mediante propuestas programáticas serias y decididas.
Este desequilibrio no es solo un error táctico; es un claro e impresentable fallo de diseño que subraya la incapacidad del sistema político para abordar la plurinacionalidad y la diversidad con una visión de Estado, y no meramente con calculadora en mano durante el ciclo electoral. La que pudiese definir como tesis del olvido del voto migrante es la prueba que, para la élite, solo es relevante la porción del padrón electoral que genera el riesgo de la derrota inminente.
Administrar y gobernar el fraccionamiento
La segunda vuelta se presenta, entonces, no como la culminación de un proceso electoral, sino como el inicio de una crisis de gobernanza. El Congreso, con sus fuerzas alineadas pero fracturadas (Cámara polarizada y Senado equilibrado), augura un escenario donde gobernar será intrínsecamente más difícil que ganar. El próximo Presidente estará obligado a ver el tablero con la mesura de un avezado ajedrecista, negociando día a día con un electorado volátil.
Chile ha entrado ya de lleno y sin miramientos en un vacío de representación, y la única victoria posible en este balotaje será para quien demuestre la mayor frialdad estratégica y capacidad técnica de calcular el camino en medio de la indignación y las amenazas de tomar la calle nuevamente si así la nueva oposición (ultraizquierda, mayormente, en un escenario hipotético), lo considera “justo y necesario”.
El vacío político, por lo tanto, no es solo un problema de representación, sino una barrera estructural que condena al futuro gobierno a una baja capacidad de reforma y a la gestión inestable del día a día. Amanecerá y veremos.
Fuente: PanamPost





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