El mileísmo japonés y el antimileísmo de cabotaje

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Milei-Japon

Luego de la presentación de la biografía de Javier Milei en Tokio, el colega Daniel Gigena publicó en La Nación un artículo donde compartió mis impresiones y reflexiones del evento. Allí, cuento que el presidente argentino es un referente para los liberales y libertarios japoneses (por lo que ya se podría hablar de un “mileísmo japonés”) y que el mandatario también es considerado como un rockstar para sus seguidores, trascendiendo el ámbito tradicional de la política.

Lo cierto es que estas cuestiones fueron meramente informativas, ya que están alejadas de cualquier subjetividad. Me limité a describir mi experiencia con la analogía que me pareció más ilustrativa para los lectores locales: se trató, además de una presentación de alto nivel por las preguntas y el interés de los lectores, de una celebración similar a una convención de Star Wars, donde la temática, en lugar de una saga de ciencia ficción, era el presidente argentino.

Con respecto al artículo, Luciano Román publicó en el mismo medio otra nota titulada “Mileísmo japonés: más para aprender que para enseñar”. Resumiendo, la tesis de la columna es la siguiente: la cultura nipona es superior a los modos del presidente y de su espacio político (catalogados de “arrogantes”, “soberbios” y “agresivos”, equiparables al estilo kirchnerista), que en lugar de ir a “enseñar” los libertarios argentinos deberíamos “aprender” de los japoneses, y que yo exagero en mis apreciaciones cuando digo “rotundamente” que ya existe el “mileísmo japonés” antes mencionado.

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Cuando titulo esta nota “El mileísmo japonés y el antimileísmo de cabotaje”, no hago necesariamente un comentario despectivo al elegir el término “cabotaje”, que usualmente se utiliza para bajarle el precio a un producto o servicio. Técnicamente, hace referencia a algo que sucede dentro del territorio. Y lo que ocurre en los medios en Argentina es la asociación permanente del presidente con los modos que le adjudica Román en su artículo.

Sin entrar en la discusión sobre si esto es cierto, mentira o una exageración (lo que sí podría abrir un debate sobre subjetividades y opiniones diversas, no solamente por el tema en cuestión, sino por la relevancia en el contexto de la problemática argentina), hay que aclarar que ni yo ni Nicolás Márquez presentamos el libro en ningún país para hablar del presidente que grita, insulta o utiliza su cuenta de X como si fuese un militante de base de La Libertad Avanza.

En Japón, como en el resto de los países a los que fuimos a presentar el libro, nadie nos preguntó, cuestionó o celebró los modos de Milei. En todos lados quieren saber lo que hay detrás del fenómeno del outsider de la política que en dos años se convirtió en presidente, del proceso económico virtuoso que ha hecho que la inflación desaparezca de las primeras preocupaciones de los argentinos, del cambio radical en materia del rol del Estado en Argentina, de un ajuste del gasto público que se pensaba imposible para cualquier país del mundo y del cambio cultural que este proceso político impulsa.

En el exterior, más allá de celebrar el video viral del “¡Afuera!” o de preguntar qué hay detrás de la frase “Fenómeno barrial”, están interesados en las cosas importantes que suceden en el país con respecto a las políticas públicas. Aquí, en el “debate de cabotaje”, increíblemente la discusión política pone lo irrelevante por encima de lo verdaderamente trascendente. En mi opinión, esto sucede porque el gobierno está cumpliendo sus objetivos y sus críticos deben apelar a estos temas para tener algo que argumentar.

Igualmente, más allá de los modos del presidente y de los libertarios (también mencionados por Román en la nota), resulta curioso que se asocie permanentemente a la “agresividad” con el mandatario y sus partidarios en una columna que se publica horas después de que una horda de salvajes volvió a querer sembrar la violencia (la física) en las calles, hasta el punto de golpearse entre ellos, como vimos que sucedió en la “marcha” de ayer.

Pero, para los medios argentinos, aunque los barrabravas hagan destrozos y generen el caos, la violencia será monopolio del Gordo Dan y sus compañeros por decir que “les chupa la pija la opinión de los kukas”. En lo personal, ese estilo no es el mío y yo también soy parte del universo oficialista, de la misma manera que la mayoría de los argentinos que votaron por la opción que hoy gobierna el país. Sin embargo, para el análisis, se escoge un segmento al que se puede atacar y se pinta como el todo. Lo mismo hacen con el presidente. Podrían hablar de que se trata de una anomalía de la política que cumple sus promesas de campaña, pero se prefiere escribir mares de tinta con el contenido y forma de sus tuits.

Curiosamente, la manifestación pública general más importante de lo que se podría considerar como “el mileísmo”, el día en que el actual mandatario ganó el balotaje, los simpatizantes del oficialismo terminaron limpiando ellos mismos la basura del suelo del centro de Buenos Aires luego del festejo. Probablemente esa puede haber sido la analogía más japonesa que haya brindado la política argentina en su historia reciente.

Con respecto a la supuesta soberbia de querer “enseñarle” a los japoneses algo, lo cierto es que fueron ellos los interesados en el libro y en mi presencia allí. Jamás se nos hubiera siquiera ocurrido proponerles a los liberales japoneses que editaran nuestro libro sobre Milei. Desde el Instituto para el Libertarianismo se contactaron conmigo y me informaron sobre la intención de una traducción del texto. Les dije que me parecía una excelente idea y que contaran con nosotros para lo que necesitaran. Realizaron una colecta vía crowdfunding entre la comunidad liberal japonesa y recolectaron varias veces el monto que se habían propuesto como objetivo. Así fue como pudieron realizar la traducción, el lanzamiento y contaron con los recursos como para invitarme y hacer la presentación en uno de los tradicionales hoteles de Tokio.

Aunque Román califica la presentación en su artículo como “módica”, lo cierto es que las entradas no solamente se agotaron, sino que los participantes pagaron una buena cantidad de yenes para asistir. Es decir, el interés estaba por parte de ellos y nada tuvo que ver nuestro entusiasmo grandilocuente.

Si algo comparto con el autor del artículo de La Nación es la admiración y el respeto por los modos y la cultura japonesa, que ya había conocido antes de este último viaje. Claro que esos valores se complementan a la perfección con un país que funciona con un respeto total por la propiedad privada, una economía de mercado abierta y pujante y una meritocracia a la que todavía nadie aspira en Argentina ni en buena parte del mundo. Aunque las propuestas en materia de políticas públicas más parecidas a lo que allí ocurre sean las que propone Milei, lo cierto es que programas como la implementación del sistema de vouchers serían considerados “socialdemócratas” en comparación con los préstamos que tienen que tomar los estudiantes japoneses sin recursos, que deberán pagar por sus carreras durante buena parte de su vida. Mientras aquí se rotula de “extremista” al mandatario argentino, a la distancia admiramos como funciona un país que está mucho más lejos en estos temas.

Mientras trabajamos en imitar los comportamientos virtuosos de los japoneses en el ámbito cultural (lo que podría costarnos generaciones enteras) al menos podemos ir capitalizándonos económicamente, como propone el presidente argentino, para mejorar nuestro nivel de vida.

Finalmente, no somos los libertarios argentinos los que queremos dar cátedra por el mundo e imponer la figura de Milei. El fanatismo por el presiente es una demanda de muchos ciudadanos de los mismos países que anhelan lo que no pueden votar en sus elecciones domésticas. Nunca me olvidaré de la presentación del libro en Camboriú. En el marco de un acto masivo, con múltiples paneles en un mega evento del sector empresarial de Brasil, comencé mi charla con un par de sillas ocupadas y cientos vacías. Apenas apareció la tapa del libro en la pantalla gigante que estaba detrás de mí, no quedó un solo espacio desocupado. Lo viví yo, no me lo contó nadie.

Antes de viajar a Tokio hice una parada en Madrid, donde también presenté el libro, que ya está editado en varios países. Aunque se trató de un evento cerrado con invitación personalizada, que se transmitió vía streaming para el público general, entre los pocos asistentes había partidarios tanto del Partido Popular como de Vox. Me sorprendió gratamente la presencia de Esperanza Aguirre, a la que le dediqué con todo el pudor del mundo un ejemplar. Los dos espacios de la derecha española que no se ponen de acuerdo políticamente en su país, confluyen y se encuentran en la admiración al presidente argentino.

Eso es lo que sucede en el mundo, aunque los comunicadores locales pongan el foco en otra cosa. Por eso casi ninguno vio venir lo que sucedió en la última elección presidencial y por eso tampoco sean conscientes de lo que se viene en los próximos comicios. Más allá de mis preferencias, con respecto a esto que sucede en el mundo con Milei, no soy más que un cronista informativo. Aunque me guste lo que está pasando.

Fuente: PanamPost

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