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Culpas e inocencias de Manuel Adorni

Buenas  noticias judiciales para el exvocero y exjefe de Gabinete, Manuel Adorni. El fiscal Gerardo Pollicita consideró que no hay pruebas como para considerar que el exfuncionario haya cometido algún delito relacionado al enriquecimiento ilícito durante su período en la gestión Pública.

Así lo aseguró en su dictamen presentado al juez Ariel Lijo. Ante las inexactitudes de sus declaraciones juradas, pero sin sospecha firme que los fondos provengan de maniobras relacionadas a hechos de corrupción, Pollicita pidió que la causa de Adorni pase al fuero penal económico, donde se pueda investigar algún delito de eventual evasión impositiva.

Esta cuestión, la de un funcionario que no se enriqueció ilegalmente y que simplemente tenía dinero no declarado, fue la defensa que esgrimió el presidente Javier Milei y sus principales voceros, como la diputada Lilia Lemoine, que defendieron a Adorni a capa y espada en los medios de comunicación durante esas semanas tan complicadas para el gobierno argentino.

Lo cierto es que, si uno tiene en cuenta la hostilidad con la que se manejó el Estado argentino históricamente, nadie puede sugerir que esconderle dinero al fisco sea una inmoralidad. Hace mucho tiempo, y sobre todo durante el kirchnerismo, el Estado se convirtió en un elemento hostil en contra de la ciudadanía. Si se pone la lupa sobre cualquier persona de clase media para arriba vamos a encontrar alguna inconsistencia fiscal. Ni hablar de la clase  política. De todos los partidos, lógicamente.

Es por todas estas cuestiones que iniciativas como la de «inocencia fiscal» son tan necesarias, sobre todo, mientras se vuelve a poner al Estado argentino en un lugar de presión fiscal medianamente razonable. Desafortunadamente, solamente el espacio del oficialismo considera fundamental estas cuestiones en términos generales. Los otros partidos parecen no percibir la inmoralidad del estatismo agobiante y parecen sentirse cómodos con una presión fiscal que haga imposible el emprendimiento y la supervivencia en el mundo legal.

Sin embargo, de ser no culpable de cualquier delito de enriquecimiento ilícito como sugiere el fiscal, Manuel Adorni sí tiene una «culpabilidad» que nadie del oficialismo le ha achacado. Los que lo hemos hecho incluso terminamos siendo atacados irracionalmente por elementos del gobierno que pensaron que era una buena estrategia mantener al funcionario y defenderlo como si se tratara de una víctima atacada por una corporación. Claro que la corporación existe y que quiere que a este gobierno le vaya mal, por eso mismo, no hay que darles la oportunidad de arremeter contra un espacio político que, hasta el momento, es el único que tiene las soluciones concretas para los problemas que enfrenta el país.Análisis político profundo

Si Adorni contaba con un recurso no declarado, nadie puede cuestionarle nada en el contexto argentino. Lo que no debió haber hecho el exfuncionario es haber puesto bajo la línea de fuego al gobierno con un comportamiento impropio, si tenemos en cuenta de lo que se está jugando el país. Él no debió haber llevado a su mujer a Estados Unidos en el avión oficial (pequeñez que abrió la caja de pandora). Tampoco tenía que ser tan vulgar como para irse a Punta del Este en avión privado y, si quería comprarse una casa en un country y refaccionarla por un cuarto de millón de dólares, debió haber esperado a que el gobierno termine su gestión reformista como para hacerlo.Consultar atlas

En más de una oportunidad, el presidente cuando todavía podía sostener a su funcionario decía que prefería perder una elección a sacrificar un inocente. Pero lo que se juega Argentina es algo mucho más importante que un funcionario. El caso Adorni contribuyó con un desgaste innecesario a un gobierno fundamental. Innecesarios fueron sus gastos superfluos en gestión e innecesaria fue su larga defensa a capa y espada por demasiado tiempo. De su irresponsabilidad y de su daño a un gobierno que no tiene reemplazo, no es inocente.

Fuente: PanamPost