
Israel necesita un gobierno de unidad nacional: Trump, ante el desafío de acercar posiciones
ISRAEL Por Carlos ZimermanResumen
Israel atraviesa un escenario político complejo después de unas elecciones que no dejaron una mayoría parlamentaria clara.
El bloque encabezado por Benjamin Netanyahu obtuvo 53 escaños, mientras que el espacio opositor liderado por Gadi Eisenkot consiguió 48. Las fuerzas árabes sumaron 19 bancas.
Ninguno de los sectores alcanza los 61 diputados necesarios para formar gobierno.
Donald Trump aparece como un actor externo con capacidad de impulsar un entendimiento entre los principales dirigentes israelíes.
La posibilidad de un gobierno de unidad nacional abre una alternativa para evitar otra crisis política y concentrar los esfuerzos en los desafíos de seguridad y estabilidad regional.
Israel se encuentra frente a una decisión política que puede marcar su futuro inmediato. Después de las elecciones, el país necesita algo más que una negociación entre partidos para distribuir cargos y alcanzar una mayoría parlamentaria: necesita encontrar un camino de entendimiento que permita construir un gobierno con respaldo político suficiente para afrontar los enormes desafíos que tiene por delante.


En ese contexto, la formación de un gobierno de unidad nacional debería convertirse en una prioridad. Y Donald Trump, presidente de Estados Unidos, aparece como una de las figuras centrales para intentar acercar posiciones entre sectores que hasta hace poco parecían irreconciliables.
Los resultados electorales dejaron un escenario sin vencedores con capacidad de gobernar en soledad. El Likud de Benjamin Netanyahu y sus aliados consiguieron 53 escaños, mientras que el bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot alcanzó 48. Las agrupaciones árabes obtuvieron 19 bancas. En un Parlamento de 120 integrantes, la mayoría exige 61 votos.
La aritmética electoral obliga a negociar. Pero la cuestión es mucho más profunda que conseguir los números necesarios para una investidura. Israel necesita estabilidad institucional, previsibilidad política y una conducción capaz de tomar decisiones en un momento particularmente delicado para su seguridad nacional.
No parece razonable que un país sometido a amenazas externas, tensiones regionales y enormes desafíos de seguridad quede atrapado en una interminable disputa por el poder.
La experiencia de los últimos años demuestra que las diferencias políticas internas pueden terminar debilitando la capacidad de respuesta del Estado. Y ese es precisamente el escenario que Israel debería evitar.
Trump y la oportunidad de construir un acuerdo
Donald Trump tiene un papel que puede resultar determinante. Su relación política con Netanyahu, su influencia internacional y su interés estratégico en la estabilidad de Medio Oriente le otorgan una posición particular para promover un entendimiento.
El mandatario estadounidense ya respaldó públicamente a Netanyahu durante la campaña electoral y, después de conocerse los resultados, manifestó que estaba dispuesto a analizar una eventual intervención para impulsar un gobierno de unidad nacional. Sin embargo, la Casa Blanca aclaró posteriormente que todavía no había tomado una decisión formal sobre intervenir en las negociaciones.
La importancia de Trump no reside solamente en su respaldo a un dirigente determinado. También está en su capacidad para plantearles a los distintos sectores israelíes que existe una oportunidad histórica para dejar de lado, al menos parcialmente, sus diferencias y construir una agenda común.
Washington necesita un Israel políticamente estable, con una conducción clara y capacidad de coordinación en los principales asuntos regionales. Y Jerusalén también necesita mantener una relación estratégica sólida con Estados Unidos.
Un gobierno de unidad podría facilitar esa coordinación y permitir que las decisiones de seguridad, defensa y política exterior tengan una base parlamentaria más amplia.
Netanyahu y Eisenkot: dos liderazgos frente a una responsabilidad histórica
La posibilidad de un entendimiento entre Benjamin Netanyahu y Gadi Eisenkot representa uno de los principales interrogantes de la política israelí.
Ambos dirigentes tienen trayectorias, visiones y proyectos diferentes. Además, durante la campaña electoral, los principales referentes opositores descartaron compartir un gobierno con Netanyahu. Por eso, un acuerdo no será sencillo y requerirá concesiones políticas importantes.
Pero gobernar también implica comprender que no siempre se puede obtener todo lo que se pretende.
Netanyahu tiene una responsabilidad política por su trayectoria al frente del Gobierno y por el respaldo que conserva una parte significativa del electorado. Eisenkot, por su parte, representa una alternativa que logró reunir a distintos sectores que reclaman un cambio en la conducción del país.
La pregunta es si ambos estarán dispuestos a comprender que el interés nacional puede exigir un acuerdo que ninguno de los dos habría elegido como primera opción.
Un eventual gobierno de unidad no debería convertirse en un simple reparto de ministerios. Tendría que establecer compromisos concretos sobre seguridad, defensa, economía, relaciones internacionales y funcionamiento institucional. También debería contemplar mecanismos que garanticen el cumplimiento de los acuerdos y eviten que las diferencias internas paralicen nuevamente al Ejecutivo.
Israel no puede darse el lujo de otra crisis política
Una nueva elección no resolvería necesariamente el problema. Podría repetir la fragmentación parlamentaria y prolongar la incertidumbre, mientras los desafíos regionales continúan.

La estabilidad de Israel no es solamente una cuestión doméstica. Tiene consecuencias directas sobre Medio Oriente, sobre la relación con Estados Unidos y sobre el equilibrio de fuerzas en una región donde los conflictos siguen representando una amenaza permanente.
Por eso, la iniciativa de promover un entendimiento amplio merece ser considerada seriamente, aunque todavía no exista un compromiso formal de Washington para conducir esas negociaciones.
Trump tiene una oportunidad diplomática importante: utilizar su influencia para acercar a Netanyahu y Eisenkot, promover concesiones recíprocas y ayudar a construir una salida política que evite un nuevo bloqueo institucional.
No se trata de que Estados Unidos decida quién debe gobernar Israel. La decisión corresponde exclusivamente a los israelíes y a sus instituciones democráticas. Pero sí puede contribuir a generar las condiciones para que sus dirigentes encuentren una salida negociada.
Israel necesita un gobierno que represente una mayoría política, que tenga capacidad de decisión y que coloque la seguridad y el futuro del país por encima de las disputas partidarias.
La historia demuestra que, en determinados momentos, las naciones necesitan dirigentes capaces de superar sus diferencias para enfrentar desafíos comunes.
Hoy, Israel tiene esa oportunidad. Netanyahu y Eisenkot tienen la responsabilidad de evaluar si están dispuestos a dar ese paso. Y Donald Trump puede convertirse en el principal impulsor internacional de un acuerdo que permita transformar un resultado electoral sin mayorías en una oportunidad para la estabilidad nacional.
Porque, en definitiva, cuando están en juego la seguridad, la supervivencia y el futuro de una nación, la política debería ser una herramienta para construir acuerdos y no un obstáculo que impida alcanzarlos.



Más de 43 millones votan por anticipado en las elecciones de EE.UU.

Sánchez promete soluciones para recuperar la «confianza quebrada» en la alta velocidad

María Corina Machado asegura que habrá elecciones en 2027 y garantías para los que faciliten la transición

Lula volverá a apuntar contra Milei en 2027: ¿La democracia argentina en riesgo?

Israel: el Likud fue el partido más votado, pero Netanyahu necesita aliados para gobernar

Netanyahu conserva la ventaja: su bloque suma 53 escaños con el 94% de los votos contabilizados
Benjamin Netanyahu seguirá como primer ministro en funciones tras unas elecciones en Israel sin resultado claro

El Ejército israelí informó que la participación electoral entre los militares alcanzó casi el 80%
Netanyahu pidió esperar los “resultados reales” de las elecciones y defendió la formación de un gobierno de “derecha fuerte”
Netanyahu lidera el recuento en Israel, pero todavía no tiene asegurada la mayoría para gobernar

Cuba mantendrá vigente el «horario de verano» un año más por la crisis energética

Así va el voto anticipado en EEUU: más de 34 millones de personas ya sufragaron

España permanece sin respuestas ante el riesgo de espionaje por la expansión de autos eléctricos chinos

Haití aplazó nuevamente las elecciones presidenciales hasta julio de 2027 por la crisis de violencia

Cuba pierde 35 apoyos en la ONU, en una votación en la que Venezuela no participó




