


La falacia sobre la inflación que los argentinos aceptaron en 2003 y los industriales vuelven a traer para 2027
MUNDO - ARGENTINA
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIAS

A pesar de las reiteradas experiencias inflacionarias en Argentina, aún se insiste con un sinnúmero de falacias que se repiten en las bocas de personajes particularmente interesados: quienes se ven perjudicados por un modelo de economía sana y abierta, donde los consumidores pueden elegir libremente y los burócratas no cuentan con la maquinita de imprimir billetes, que beneficia a unos pocos a costa de las grandes mayorías.
Luego de los diez años de estabilidad monetaria en la década del noventa, la crisis 2000/2001 se terminó asociando a cuestiones que no tenían que ver con un banco central que no imprimía pesos sin dólares de reserva. Lo que pasó por esos días estuvo relacionado exclusivamente a una de las tantas crisis de deuda, producto de un Estado que no cerró el déficit, a pesar de haber privatizado sus empresas ineficientes.
Luego de la devaluación de Eduardo Duhalde que benefició a grandes empresas como al multimedio Clarín —que licuó su deuda en dólares— o a la metalúrgica Techint, que mejoró su «competitividad» pagando salarios más baratos a trabajadores empobrecidos, el kirchnerismo llegó al poder y se consolidó de la mano de una falacia: que el desastre que llevó a más de medio país por debajo de la línea de pobreza tuvo que ver con el «modelo» de privatizaciones o de la «convertibilidad» de 1 peso, 1 dólar.Noticias diarias


Desafortunadamente, una buena porción del electorado terminó comprando que «un poquito de inflación» era «buena» como para impulsar la actividad. Para 2015, una buena parte de la población argentina se dio cuenta que los habían engañado, pero el interinato macrista no se animó a impulsar un reacomodamiento del gasto público que termine el déficit, lo que sí hizo este gobierno en sus primeros meses de mandato.
El gobierno actual consolidó su compromiso de no financiarse con recursos espurios como la emisión monetaria, acomodó el gasto y comenzó a rollear la deuda, en el marco de un proceso de desendeudamiento general, sin déficit fiscal ni cuasi fiscal. Lógicamente, el proceso —necesario para salir del pozo— no es un lecho de rosas. La eliminación del déficit viene de la mano, por ejemplo, de la retracción de los subsidios energéticos.
Este sinceramiento económico hizo que las personas comiencen a pagar lo que cada vez más se parece a un precio de mercado (único «precio» real), lo que es utilizado sistemáticamente por la oposición, que evita relacionar ese proceso con la estabilidad de los precios que el consumidor encuentra en el supermercado.
Dentro del discurso opositor lo único que se ven son los costos que los argentinos «pagan», mientras se deja de lado, por ejemplo, que YPF pase de ser una petrolera deficitaria a una empresa que puede exportar energía.
Sin embargo, los políticos de la oposición no son los únicos que quieren embarrar la cancha de cara al proceso electoral 2027. La Unión Industrial, socia histórica del peronismo, que tiene como bandera la fracasada «sustitución de importaciones», ahora reedita la falacia sobre la inflación, para limar al gobierno en vista de la próxima competencia electoral.
“La estabilización es fundamental para la Argentina. Pero la economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad”, aseguró en una presentación de la entidad el titular de la UIA, Martín Rapallini.
Es importante mejorar e incrementar el nivel de actividad, eso es lógico, pero lo que piensa hacer buena parte del empresariado argentino es asociar la inflación en baja con una supuesta caída de la actividad. Aunque nada tenga que ver una cosa con la otra.
Si se rompe el ordenamiento fiscal o se apela a la emisión monetaria, en un principio la economía puede reaccionar con un incremento en la actividad, pero nada de esto es sustentable. Simplemente es la primera reacción eufórica de una borrachera con licor barato, que tendrá a la vuelta de la esquina una resaca insoportable. Lo único que puede incrementar el nivel de actividad es aumentar el nivel de inversión y ahorro, lo que requiere una macroeconomía sana, con moneda estable y con actores económicos que se beneficien o perjudiquen, en el marco de un mercado abierto en competencia.
La Unión Industrial Argentina parece indicar que —una vez más— apostará por el populismo que lo beneficie a costa del resto de los argentinos. Habrá que ver si el electorado compra o no los espejitos de colores, que tantas veces dejaron lecciones tan claras y dolorosas.
Fuente: PanamPost





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