La guerra vuelve a sacudir al mercado mundial del trigo y crece el temor a una nueva crisis alimentaria

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Resumen de cinco puntos

  • Los ataques en el Mar Negro redujeron drásticamente las exportaciones de trigo de Rusia y Ucrania, dos de los principales proveedores mundiales.
  • Los precios internacionales del cereal ya aumentaron cerca de un 25% en lo que va del año, alcanzando su nivel más alto en dos años.
  • Los especialistas advierten que, si el conflicto continúa, podría gestarse una nueva crisis global de alimentos, similar a la de 2022.
  • Las rutas alternativas de exportación presentan serias limitaciones, tanto para Ucrania como para Rusia.
  • Las menores cosechas previstas en otros grandes productores podrían agravar aún más la situación y presionar al alza los precios.

El recrudecimiento de la guerra entre Rusia y Ucrania volvió a poner en alerta a los mercados internacionales. Los nuevos ataques sobre puertos e infraestructura estratégica en el Mar Negro están afectando el comercio mundial de trigo y despertando la preocupación de analistas y organismos internacionales, que ya advierten sobre el riesgo de una nueva crisis alimentaria.

La región del Mar Negro constituye uno de los principales centros de abastecimiento agrícola del planeta. Aproximadamente un tercio de las exportaciones mundiales de trigo parten desde puertos rusos y ucranianos ubicados en esa zona. Cada interrupción logística tiene consecuencias directas sobre la oferta global y, en consecuencia, sobre los precios internacionales.

Durante 2022, la invasión rusa a Ucrania provocó un fuerte aumento del valor del trigo y de otros cereales. La situación recién comenzó a estabilizarse cuando Turquía impulsó un acuerdo para habilitar un corredor marítimo que permitió reanudar parcialmente las exportaciones ucranianas.

Sin embargo, ese equilibrio vuelve a estar bajo amenaza.

Menos exportaciones y más incertidumbre

En las últimas semanas, Rusia intensificó sus ataques contra instalaciones portuarias ucranianas, especialmente en Odesa, además de aumentar las acciones contra embarcaciones comerciales que operan en la región.

Al mismo tiempo, Ucrania también incrementó sus ofensivas sobre infraestructura rusa. Uno de los golpes más importantes fue el ataque contra las terminales de granos del puerto de Novorossiysk, considerado el mayor puerto exportador de trigo del mundo y responsable de más del 30% de las ventas externas rusas del cereal.

Como consecuencia de esta escalada militar, el flujo comercial comenzó a resentirse de manera significativa.

Mientras que en agosto del año pasado Rusia y Ucrania exportaron en conjunto alrededor de 6,3 millones de toneladas de trigo, las proyecciones para este año indican que esa cifra podría reducirse hasta apenas 2,5 millones de toneladas, siempre que la situación no continúe deteriorándose.

Especialistas del sector consideran que se trata de la mayor interrupción del comercio agrícola en el Mar Negro desde el comienzo del conflicto.

Las alternativas no alcanzan

Frente a las dificultades para operar en el Mar Negro, ambos países buscan rutas alternativas para mantener sus exportaciones.

Ucrania continúa utilizando corredores terrestres y fluviales hacia el río Danubio y desde allí hacia puertos seguros de Rumania. No obstante, esa vía posee una capacidad limitada y este año enfrenta además el problema del bajo nivel de las aguas.

Rusia, por su parte, intenta desviar parte de sus embarques hacia los puertos del mar Báltico y del mar Caspio, aunque los especialistas coinciden en que esas terminales no tienen capacidad suficiente para reemplazar el volumen habitual que sale por el Mar Negro.

Los precios ya comenzaron a reaccionar

El mercado internacional ya refleja el impacto del conflicto.

El precio del trigo acumula un incremento cercano al 25% desde comienzos del año y alcanzó recientemente su nivel más alto de los últimos dos años.

Aun así, los valores permanecen muy por debajo de los máximos registrados durante la crisis de 2022, gracias a que muchos países todavía cuentan con importantes reservas luego de la excelente cosecha mundial obtenida en 2025.

Además, los principales importadores del hemisferio norte acaban de finalizar sus propias cosechas, lo que les permite postergar parte de sus compras externas.

Un panorama que puede complicarse

Los analistas consideran que el verdadero riesgo aparecerá si el conflicto se prolonga durante los próximos meses.

La evolución de la guerra, la posibilidad de reparar rápidamente la infraestructura portuaria dañada, las decisiones de las compañías aseguradoras y la navegabilidad del río Danubio serán factores determinantes para definir el futuro del mercado.

A este escenario se suma otro elemento preocupante: las perspectivas para la producción mundial de trigo en 2026 no son tan favorables como las del año anterior.

Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea esperan cosechas menores debido a la sequía y a cambios en las decisiones de siembra de los productores. Australia también podría sufrir una caída superior al 20% como consecuencia del fenómeno de El Niño y del aumento de los costos logísticos y de fertilizantes.

Por ahora, el mundo todavía está lejos de repetir la crisis alimentaria que sacudió a los mercados en 2022. Sin embargo, si las hostilidades en el Mar Negro continúan afectando el comercio internacional de granos, la presión sobre los precios podría intensificarse y volver a colocar a la seguridad alimentaria mundial en el centro de las preocupaciones económicas.

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