Comienza la campaña en Brasil: choque identitario con Trump como combustible de la propaganda

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Este domingo 16 de agosto de 2026, arranca oficialmente la campaña presidencial en Brasil. El oficialismo, la oposición y el centro llegan con composiciones de fuerzas desiguales y un escenario cargado de polarización identitaria. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva busca la reelección al frente de la federación de izquierda (PT, PCdoB, PV, PSB, PDT, PSOL y Rede), con Geraldo Alckmin como vice. Lidera las encuestas recientes en torno al 38-41% en primera vuelta. Su base se asienta en el aparato estatal, el control de buena parte de la maquinaria pública y el relato de defensa de la soberanía frente a “interferencias externas”.

La oposición se concentra en Flávio Bolsonaro (PL), hijo del expresidente Jair Bolsonaro, inhabilitado hasta 2030, y principal heredero del bolsonarismo. Con alrededor del 31-35% de intención de voto, arranca como el único rival competitivo real, acompañado por Alfredo Gaspar como vice. Su fuerza proviene del voto conservador, de las redes sociales y de la movilización callejera que históricamente ha desafiado al sistema. El centro, fragmentado, aparece con Ronaldo Caiado (PSD, cerca del 4%), Romeu Zema (Novo, 2-3%) y Renan Santos (Missão, alrededor del 4%). Los grandes partidos del Centrão optaron por la neutralidad en la presidencial, priorizando el Congreso. Parece una débil composición a primera vista, pero el objetivo del centro no es tomar parte en el embate binario sino consolidar espacios de poder para ganar capacidad de negociación que les de ventaja al finalizar el período presidencial que comienza en 2027.

Las amenazas del sistema contra el principal candidato opositor son evidentes. El Poder Judicial, el STF y sectores de la Policía Federal han sido instrumentos recurrentes contra el bolsonarismo: la inhabilitación de Jair, los procesos por el 8 de enero y las investigaciones que ahora rozan a Flávio (como los audios filtrados relacionados al Banco Master) generan la percepción de lawfare selectivo. Diez de los doce candidatos han criticado abiertamente al Supremo. El miedo de la oposición es que filtraciones o decisiones judiciales a última hora desequilibren la contienda.

En este contexto, Lula ha convertido la relación con Estados Unidos en arma electoral. Retrasó deliberadamente el agrément al nuevo embajador estadounidense Daniel Perez, indicado por Trump, hasta después de las elecciones de octubre. Argumenta que Washington intentó “estudiar las urnas” y que la urgencia de la designación, tras un año y medio de vacancia, busca interferir. Anuncia que hablará con Trump para pedirle que “no se meta en los negocios de Brasil y, sobre todo, en las elecciones”. Esta postura, sin embargo influye en la campaña: empuja a la oposición a defender a Trump, reforzando el relato nacionalista y antiimperialista de Lula, y convierte cualquier gesto de apoyo bolsonarista en “prueba” de injerencia extranjera.

Trump, quiera o no, ya influye. Brasil se ha convertido en la prueba de fuego de su estrategia regional. En América hispana ha respaldado abiertamente a candidatos de derecha que triunfaron o avanzaron: Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador, José Antonio Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras y Abelardo de la Espriella en Colombia. Recibió a Flávio en la Casa Blanca, lo elogió públicamente y publicó fotos.

¿Pero apoyará formalmente a Flávio Bolsonaro? Por un lado, Trump suele calibrar sus relaciones en función de quién responde mejor a sus incentivos y a su jerarquía de prioridades, algo que el propio Lula da Silva ya ha observado en la postura de Washington respecto al gobierno chavista en Venezuela. Por el otro lado, la oposición apuesta a que el apoyo llegará, confiando en el patrón consistente y en que el hijo de Bolsonaro representa la continuidad del eje ideológico trumpista en el continente.

La campaña que comienza mañana estará marcada por las ideologías identitarias de izquierda y derecha. Lula apuesta a la soberanía y al aparato; Flávio, a la resistencia contra el sistema y al efecto Trump. El centro observa.

Fuente: PanamPost

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