Comunismo en Nueva York: Mamdani fomenta tiendas de alimentos estatales

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Cada vez que llega a la escena pública un candidato de izquierda en un país capitalista y se le señala de «socialista» o «comunista», llegan los defensores del populismo a decir que la acusación es exagerada o que la socialdemocracia o el «socialismo democrático» no proponen la agenda histórica soviética y solo tienen como fin corregir los «excesos» o «defectos» del sistema vigente.

Sin embargo, a estos defensores de la propuesta colectivista y anti-mercado en los países capitalistas no hay que juzgarlos por lo que pueden hacer, sino por sus intenciones o diagnósticos. Una muestra de ello es el alcalde Zohran Mamdani, en Nueva York, quien no podrá implementar la dictadura del proletariado, afortunadamente, dadas las restricciones institucionales que tiene, pero esto no lo aleja de sus propósitos tan fácilmente.

Al analizar la visión del mundo y de las problemáticas sociales desde la perspectiva de los políticos de izquierda, uno puede ver que, en esencia, todos tienen el mismo ADN: desconfían de la propiedad privada y de la economía de mercado como para producir y abastecer de bienes y servicios a la población. Por lo tanto, dentro del daño que pueden hacer, estos políticos avanzan con una agenda que suena bien intencionada, pero entregan solo problemas, agravamientos de las situaciones y desencanto en los votantes.

Desde que ganó en Nueva York, Mamdani viene cumpliendo al pie de la letra el recetario del «socialismo democrático» supuestamente «no comunista». Hace un tiempo comenzó con su programa de «congelamiento de rentas» para los alquileres y ahora propuso tiendas de alimentos manejadas por la burocracia gubernamental, para que los neoyorkinos puedan conseguir la comida «hasta un 30 % más barato«.

En el marco de un insólito anuncio, rodeado de verduras y de latas de alimentos. Mamdani reeditó una imagen que recordó a populistas latinoamericanos como Hugo Chávez o Cristina Fernández de Kirchner. La presentación delirante fue en Nueva York, donde el electorado eligió a un irresponsable que se moderó para la campaña.

La única aclaración de «racionalidad» que tuvo el anuncio de las cinco tiendas municipales que operarían el próximo año fue que no venderán alcohol o cigarrillos y que exclusivamente se dedicarán a abastecer de alimentos más baratos a la población. Ahora, no hay que ser un adivino para anticipar que la propuesta está condenada al fracaso, por más que se le llame «socialismo neoyorkino», cerca de la Estatua de la Libertad y el toro de Wall Street. Se trata de un sistema que no funciona y ni siquiera pudieron poner en marcha los meticulosos y prolijos alemanes.

Para empezar, mientras las tiendas municipales estén en funcionamiento, lo primero que lograrán será perjudicar a las que se desempeñen sin subsidios a la hora de la venta. Lejos de generar un círculo virtuoso, hasta que los negocios estatales entren en el proceso inevitable de desabastecimiento (el cual Mamdani aseguró que no sucederá, como siempre), el resto de los negocios podría incurrir en perjuicios que, incluso podrían hacer subir sus precios. Quienes operen en el margen estarían inevitablemente al borde de la quiebra. Estas intervenciones que proponen bienes y servicios más baratos generan escasez y aumento de precios.

De más está decir que las aventuras populistas serán financiadas con incrementos de impuestos, que perjudicarán más a quienes menos tienen y supuestamente quieren ayudar. Los aumentos de cargas impositivas recortan fuentes de trabajo y achican el poder adquisitivo de los trabajadores. Ya vimos lo que sucedió cuando en California, cuando la administración demócrata quiso subir por ley el salario mínimo al ver que los trabajadores comenzaban a tener serios problemas para adquirir las canastas básicas. Estos remedios son más caros que la enfermedad.

Si un alcalde está preocupado por el costo de vida de los trabajadores puede hacer muchas cosas para facilitar la vida de las personas que están en el margen. Sin embargo, las soluciones lógicas no les convienen a los políticos populistas, que apelan a estos mamarrachos que siempre terminan mal. Aunque se intenten en la cuna del mismo capitalismo.

Fuente: PanamPost

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