






Colombia se encuentra frente a una decisión histórica. Después de que Abelardo de la Espriella se impusiera en la primera vuelta electoral, los colombianos tienen ahora la posibilidad de ratificar en las urnas un mensaje que ya comenzó a escucharse con fuerza: una parte importante de la sociedad quiere un cambio de rumbo.
No se trata simplemente de elegir entre dos candidatos. Lo que está en juego es mucho más profundo. Colombia debe decidir si continúa transitando un camino que, a mi entender, ha limitado su enorme potencial o si apuesta por una nueva etapa basada en el crecimiento económico, la seguridad, la inversión y una inserción internacional más inteligente.


Mi opinión es clara: lo mejor que puede ocurrirle a Colombia es que Abelardo de la Espriella sea el próximo presidente.
Colombia es uno de los países más ricos de América Latina. Posee recursos naturales, una ubicación geográfica estratégica, una población trabajadora y un enorme potencial productivo. Sin embargo, durante años ha estado lejos de ocupar el lugar que merece en el escenario internacional.
Y aquí aparece una cuestión central de esta elección: Iván Cepeda no representa un cambio. A mi entender, representa la continuidad política del proyecto encabezado por Gustavo Petro.
Más allá de las diferencias de estilo o de matices que puedan existir entre ambos dirigentes, considero que una eventual victoria de Cepeda significaría profundizar el mismo rumbo que ha seguido Colombia durante los últimos años. Por eso sostengo que esta elección enfrenta dos modelos de país claramente diferenciados: la continuidad de Petro o el cambio representado por Abelardo de la Espriella.
A mi juicio, una parte impor
Colombia tiene este domingo una oportunidad histórica. No exagero. Los colombianos pueden elegir entre seguir recorriendo un camino que ha demostrado su fracaso o iniciar una nueva etapa de crecimiento, seguridad y desarrollo.
La primera vuelta ya dejó un mensaje contundente. Abelardo de la Espriella fue el candidato más votado. Millones de colombianos expresaron en las urnas su cansancio con un modelo político que prometió cambios profundos y terminó generando más problemas que soluciones.
Porque seamos claros.
Iván Cepeda no es una alternativa. Iván Cepeda es la continuidad de Gustavo Petro.
Quien vote por Cepeda estará votando por más de lo mismo. Más intervencionismo estatal. Más discursos ideológicos. Más confrontación con los sectores productivos. Más recetas que ya fracasaron.
No tengo ninguna duda al respecto.
La izquierda ha fracasado en Colombia y ha fracasado en gran parte del mundo. Fracasó donde prometió prosperidad. Fracasó donde prometió igualdad. Fracasó donde aseguró que el Estado resolvería todos los problemas de la sociedad.
Los resultados están a la vista.
Mientras los dirigentes progresistas siguen hablando de teorías, la gente sigue preocupada por llegar a fin de mes, por conseguir trabajo y por poder caminar tranquila por la calle.
Y justamente ahí aparece otro de los grandes fracasos de la izquierda.
La inseguridad
Los gobiernos de izquierda suelen mirar para otro lado cuando la inseguridad golpea a los ciudadanos.
Hablan de causas sociales, de contextos y de explicaciones, pero muchas veces olvidan lo esencial: la obligación primaria de cualquier Estado es proteger a la gente honesta.
No existe libertad cuando una persona tiene miedo de salir de su casa.
No existe desarrollo cuando el narcotráfico gana terreno.
No existe progreso cuando los delincuentes sienten que tienen más derechos que las víctimas.
Colombia necesita recuperar la autoridad del Estado y volver a poner a los ciudadanos honestos en el centro de las políticas públicas.
Pero además necesita recuperar su lugar en el mundo.
Con Abelardo de la Espriella Colombia volverá a tener una excelente relación con Estados Unidos, fortalecerá sus vínculos con las principales economías occidentales y recuperará la confianza internacional que todo país necesita para crecer.
Las inversiones no llegan por casualidad.
Llegan cuando hay reglas claras.
Llegan cuando existe seguridad jurídica.
Llegan cuando los gobiernos respetan la iniciativa privada.
Llegan cuando los empresarios saben que serán socios del desarrollo y no enemigos del poder político.
Colombia tiene todo para convertirse en una de las economías más fuertes de América Latina.
Tiene recursos.
Tiene talento.
Tiene capacidad productiva.
Lo que le ha faltado son gobiernos capaces de aprovechar semejante potencial.
Colombia es un país rico que necesita gobiernos honestos.
Gobiernos que administren bien.
Gobiernos que promuevan la inversión.
Gobiernos que entiendan que la riqueza no se distribuye antes de ser creada.
Gobiernos que combatan el delito en lugar de justificarlo.
Por eso considero que esta elección trasciende a los candidatos.
Se trata de decidir si Colombia continúa por un camino que considero agotado o si apuesta por una alternativa distinta.
Mi posición es clara.
Abelardo de la Espriella representa el cambio.
Iván Cepeda representa la continuidad de Petro.
Y después de los resultados obtenidos por la izquierda, creo que Colombia merece algo mejor.
Porque los países progresan cuando premian el trabajo, defienden la libertad, garantizan la seguridad y se integran al mundo.
Y eso es exactamente lo que espero que los colombianos elijan en las urnas.




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