Axel o Milei: los afiches de la interna peronista que le vienen bien al oficialismo

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En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fuera del área de gobierno de Axel Kicillof, el precandidato a presidente decidió comenzar un año antes la campaña. Con un mensaje breve, bastante trillado en la política y en el peronismo, Kicillof y su equipo plantean un dilema sencillo: «Axel o Milei».

Cualquier persona podría interpretar que se trata de una confrontación contra el presidente, que irá por su reelección en 2027.  Sin embargo, el mensaje es para una expresidente: la condenada por corrupción, presa y con prisión domiciliaria, Cristina Fernández de Kirchner. El actual mandatario es solo la excusa para la campaña de posicionamiento, que no es contra La Libertad Avanza, sino que se enfoca en no perder espacio dentro del peronismo, un objetivo bastante difícil de lograr. Desde 2003, el justicialismo no tiene un espacio dominante en condiciones de poner al candidato a presidente. En esa oportunidad, Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saa y Carlos Menem fueron en distintos frentes a la elección.

Aunque todavía falta mucho, las distintas facciones del peronismo no descartan ir a una interna (algo que no sucede desde 1983, cuando Menem le ganó a Antonio Cafiero), debido a sus múltiples desacuerdos. A grandes rasgos, el dos veces gobernador de Buenos Aires considera que llegó su momento para competir por la Casa Rosada, pero su exjefa política no quiere perder «la lapicera» para apuntar al candidato que a ella le parezca oportuno.

Por lo tanto, de un lado quedó La Cámpora y el cristinismo puro y del otro está el gobernador con un grupo de intendentes que lo apoya. Por ahora, todo parece indicar que el deseo de Cristina Fernández de Kirchner es repetir su idea de 2019, la cual le sirvió para ganar una elección, pero no para hacer una buena gestión. Es decir, repetir un perfil «moderado» como el de Alberto Fernández. El hombre para el operativo sería el exgobernador de San Juan y actual senador, Sergio Uñac.

Lo paradójico de la situación es que quien tiene un techo rígido en la opinión pública es Kicillof, por ser el representante ideológico del kirchnerismo. Vale recordar que el gobernador bonaerense fue ministro de Economía de Cristina y está visto como la cara más visible del populismo. O sea, al candidato percibido como kirchnerista por la opinión pública, CFK le quiere poner a competir a uno que vende un perfil de moderado, pero sí le responde directamente.

Tan desatada está la interna peronista, que varios grupos asociados a la expresidente salieron a vandalizar los carteles pegados en la capital con consignas como «Cristina libre». Por ahora, Kicillof -aunque dijo que CFK está presa injustamente- se negó a expresarse en favor de un eventual indulto en su gobierno. Para el kirchnerismo duro, esto ya es la muestra de una traición anticipada.

Por lo pronto, en el oficialismo, aunque Milei es el nombrado en los afiches, no hay preocupación por esta campaña adelantada. Todo lo contrario. Para el gobierno, que Kicillof (tan tirado a la izquierda y con pocas posibilidades de imponerse en un balotaje) sea quien apele a confrontar con el presidente para ubicarse dentro del peronismo, ayuda más de lo que complica.

Fuente: PanamPost

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