Israel y Líbano vuelven a negociar en Washington para intentar terminar la guerra y avanzar sobre el desarme de Hezbollah

ISRAELAgencia Internacional de Noticias (AIN)Agencia Internacional de Noticias (AIN)

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En medio de una de las crisis más delicadas de Medio Oriente en los últimos años, Israel y Líbano retomaron en Washington una nueva ronda de negociaciones impulsadas por Estados Unidos con el objetivo de intentar frenar la escalada militar y avanzar hacia un acuerdo de seguridad que incluya uno de los temas más explosivos de la región: el desarme de Hezbollah.

La reunión representa un hecho diplomático de enorme relevancia histórica. No solamente por el nivel de representación política de ambos países, sino porque se trata de uno de los contactos más importantes entre Israel y Líbano en décadas.

Según informó el Departamento de Estado norteamericano, la delegación libanesa está encabezada por la embajadora del Líbano en Estados Unidos, Nada Hamadeh, junto al enviado especial Simon Karam. Por el lado israelí participan el embajador Yechiel Leiter y el viceasesor de Seguridad Nacional Yossi Draznin.

El gran objetivo: neutralizar a Hezbollah

Detrás de las conversaciones aparece un objetivo central impulsado por Washington y respaldado por Israel: debilitar definitivamente el poder militar de Hezbollah y restaurar el control pleno del Estado libanés sobre el sur del país.

Para Israel, Hezbollah continúa siendo la principal amenaza sobre su frontera norte y considera imposible alcanzar una paz duradera mientras el grupo chiita siga armado.

Estados Unidos comparte esa posición y dejó claro que cualquier acuerdo estable dependerá del “restablecimiento completo de la autoridad del Estado libanés” y del avance hacia el desarme de Hezbollah.

Líbano pide alto el fuego y retirada israelí

Pero Beirut llega a la negociación con prioridades diferentes.

El gobierno libanés busca principalmente consolidar un alto el fuego definitivo, frenar los bombardeos israelíes y lograr el retiro militar de Israel de zonas en disputa en el sur del país.

Además, reclama la liberación de prisioneros libaneses y garantías de estabilidad para una región devastada por meses de enfrentamientos.

La guerra dejó cifras dramáticas: miles de muertos, decenas de miles de heridos y más de un millón de desplazados en territorio libanés.

Hezbollah rechaza las negociaciones directas

Mientras tanto, Hezbollah ya salió públicamente a cuestionar las conversaciones.

El líder del grupo, Naim Kassem, pidió al gobierno libanés abandonar las negociaciones directas con Israel y calificó esos contactos como “concesiones” inaceptables.

Además, dejó en claro que Hezbollah considera el tema de sus armas como un asunto interno del Líbano y no una cuestión negociable bajo presión internacional.

Ese punto aparece hoy como el principal obstáculo para cualquier acuerdo.

Porque aunque parte de la dirigencia libanesa empieza a mostrar mayor disposición a limitar el poder militar de Hezbollah, también existe temor a una crisis interna o incluso a un enfrentamiento civil si el desarme se intenta imponer por la fuerza.

Estados Unidos busca evitar otra guerra regional

La administración de Donald Trump considera que estabilizar la frontera entre Israel y Líbano es clave para evitar una escalada regional todavía mayor que involucre directamente a Irán.

Por eso Washington viene incrementando su presión diplomática sobre Beirut y al mismo tiempo sostiene respaldo total a Israel en materia de seguridad.

El problema es que sobre el terreno la situación sigue siendo extremadamente frágil.

En las últimas horas continuaron los ataques israelíes sobre territorio libanés y también se registraron nuevas ofensivas de Hezbollah, algo que demuestra que el conflicto está lejos de resolverse definitivamente.

Una negociación histórica… pero llena de obstáculos

Más allá de las enormes diferencias, el solo hecho de que Israel y Líbano vuelvan a sentarse cara a cara ya representa un cambio importante para una región marcada por décadas de guerra, tensión y ausencia total de relaciones diplomáticas formales.

Sin embargo, nadie en Washington se anima a hablar todavía de paz definitiva.

Porque el verdadero núcleo del conflicto sigue intacto: el futuro de Hezbollah, la influencia iraní en la región y el equilibrio militar sobre una de las fronteras más peligrosas del planeta.

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