Ni Lula logrará salvar del fracaso a la candidatura de Michelle Bachelet en la ONU

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se desarma en halagos hacia la expresidente chilena Michelle Bachelet. El mandatario asegura que ella tiene experiencia internacional en asuntos humanitarios, al haber sido jefe de Estado en un par de ocasiones en la nación austral. Esta trayectoria, a su parecer, es suficiente para que Bachelet se pueda convertir en la próxima secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas. Sin embargo, su espaldarazo es inútil. El fracaso de la candidatura está frente a todos.

A casi un año de que Bachelet entrara al ruedo internacional para ir por el cargo, las posibilidades de alcanzarlo, respaldada por el discurso de género de Lula, son pocas. Aunque el gobernante brasileño insiste en que la exmandataria reúne el perfil para transformarse en la primera latinoamericana en encabezar las Naciones Unidas tras pasar por la sección ONU Mujeres, esta alianza resta.

Apoyarse en Lula para despegar su candidatura es poco estratégico, cuando la popularidad del mandatario está en crisis. Según las últimas encuestas en Brasil, su aprobación no supera el 24 % y representa una caída de 11 puntos entre diciembre de 2025 y febrero de este año. Además, se ubica en el séptimo lugar en el ranking de mandatarios latinoamericanos populares.

La mano de la presidente de México, Claudia Sheinbaum, quien también respalda a Bachelet, serviría de aliciente con su posicionamiento en el segundo lugar de la medición publicada por Forbes. Si bien acumula 69 % de aprobación, el número no lo es todo.

Aliados sin reputación
La colaboración de Sheinbaum resulta inconveniente ante la crisis que enfrenta por las desapariciones en México. Hoy se acumulan 128.000 casos y un alza de 28 % en los últimos tres años. A su vez, hay más de 70000 cuerpos bajo custodia de las autoridades sin ser identificados. Por ejemplo, el caso del colectivo de Guanajuato Hasta Encontrarte estremece.

Con este panorama, los tres saben que el precipicio está cerca, una vez que se cuenten las papeletas en el organismo. El olor a derrota los envuelve, pero necesitan estar en la competencia con Bachelet por la secretaría general de la ONU. ¿Por qué? Es fácil responder. Ella permite a la izquierda mantenerse en la agenda global mientras viaja como la «unificadora» del progresismo. En el sector, equivale al antídoto contra la fragmentación.

Hay señales. La reciente reunión de Bachelet con Lula en el Palacio de Planalto, en Brasilia, es más un mensaje para el progresismo. La fotografía de ambos levanta ánimos en una de las temporadas más débiles, con el chavismo bajo tutela de Estados Unidos, sin Evo Morales en la presidencia de Bolivia ni Rafael Correa en la de Ecuador.

Candidatura bajo investigación en Chile
La victoria anda esquiva para Bachelet. En Chile tampoco logró convencer al gobierno de José Antonio Kast de su idoneidad para el rol y el mandatario retiró el respaldo oficial que realizó el expresidente Gabriel Boric, antes de despedirse de La Moneda.

En esta disposición de Kast incidió seguramente la filtración que hubo sobre la entrega de 57000 dólares provenientes de los fondos públicos, que pertenecían al presupuesto regular del Ministerio de Exteriores. Con este dinero se cubrieron «en todo o parte» los viáticos de la exmandataria, así como hoteles y pasajes tanto en la Conmemoración de los 30 años de la Declaración y Plataforma de Acción en Pekín, como en la 30° Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30).

También tuvieron peso los escándalos al interior de la Cancillería, protagonizados por funcionarios activos que hicieron campañas en favor de la expresidente, a través de medios institucionales y en horario laboral. La polémica recayó en el incumplimiento a la orden de abstenerse de realizar gestiones por Bachelet desde las embajadas.

Los funcionarios de la misión en Nueva York dejaron a un lado la instrucción de Kast y solicitaron al embajador de Brasil en la ONU, Norberto Moretti, coordinar una reunión entre Bachelet y la presidente de la Asamblea General, Annalena Baerbock. Todo ello antes del arribo de la nueva representación diplomática de Chile en la ONU, a cargo de Roberto Ampuero, nombrado por Kast.

Carrera sin alientos
La fragilidad de la candidatura de Bachelet por el sillón de la secretaría general de la ONU es visible. Aunque presentó hace un mes, ante la Asamblea General de la organización, sus principales lineamientos programáticos centrados en derechos humanos, reforma institucional y fortalecimiento del sistema multilateral, la suma de apoyos no remonta.

La alta posibilidad de un veto a su candidatura por parte de Estados Unidos debilita su aspiración, considerando que el país norteamericano es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con derecho a rechazar postulaciones. La esperanza de la expresidente se centra en el resto de los integrantes: China, Francia, Reino Unido y Rusia.

Hasta ahora, Francia y Reino Unido forman parte de los 92 Estados comprometidos a apoyar a una mujer. A ellos apunta Lula, porque China permanece sin posición clara en una competencia reñida para reemplazar a António Guterres.

Mientras tanto, Bachelet se disputa este cargo con el argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y la costarricense Rebeca Grynspan, quien actualmente es secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Sin más nombres oriundos de la región, la rotación recaerá en alguno de ellos, porque aunque no existe una normativa específica que establezca la alternabilidad de las nacionalidades, prevalece una tradición que este año indica que el elegido debe ser de América Latina. Ello deja con pocas probabilidades al senegalés Macky Sall, expresidente de la Unión Africana, para tomar el cargo que regirá desde 2027 hasta 2030.

Para la votación resta poco. La campaña cerrará en agosto y en noviembre, como mes tope, se conocerá el nombre del escogido, así lo señala la resolución 79/327 sobre la revitalización de la labor de la Asamblea General.

En julio inician las encuestas informales con papeletas en el organismo, donde se podrá optar entre “apoya”, “desaconseja” o “no tiene opinión”. Después será el turno de las votaciones diferenciadas entre los miembros permanentes y electos.

Fuente: PanamPost

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