Sin aliados y golpeado por la guerra, Putin pierde su influencia en América Latina

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La imagen del presidente de Rusia, Vladímir Putin, –quien en algún momento parecía imponerse en el escenario geopolítico en medio de la guerra contra Ucrania– ahora está cada vez más debilitada. Hay reportes de pugnas internas en su Gobierno, sumado al modesto desfile militar por el Día de la Victoria, apodado por estas horas como la «Parada de la Derrota» debido a la posibilidad de que bombardeos ucranianos que terminaran con la celebración.

El mandatario ruso también enfrenta un escenario poco favorable en América Latina. La región, que durante años funcionó para Moscú como eje para promover una retórica contra Estados Unidos, actualmente está fragmentada frente a los intereses de Putin. De aquel bloque de regímenes anti EEUU, conformado por Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua, solo el sandinismo de Daniel Ortega se mantiene parcialmente en pie. De hecho, hace una semana el Consejo de la Federación (Senado) de Rusia ratificó un acuerdo para fortalecer la cooperación militar con la nación centroamericana, despertando el reclamo del grupo opositor en el exilio Concertación Democrática Nicaragüense (CDN).

La captura de Nicolás Maduro en Venezuela es quizás uno de los golpes más duros para la presencia rusa en el continente. El dictador venezolano no solo era un aliado ideológico del Kremlin, sino también un socio estratégico en materia energética y militar. Tanto así que en el año 2020 ambos acordaron la reestructuración de una deuda calculada en 3120 millones de dólares más intereses por otros 217 millones. Caracas debía pagarle a Moscú 133 millones de dólares al año desde 2019 hasta 2022. La cifra aumentaba a 684 millones de dólares entre 2023 y 2026, según documentos oficiales mencionados por Reuters. Se desconoce la situación actual de ese compromiso que debía cumplir el chavismo.

La guerra deja a Putin sin nada que ofrecer
Respecto a Bolivia, el país dio un giro hacia una línea más centrista –tras 20 años de gobiernos de izquierda– con la elección de Rodrigo Paz como presidente a finales de 2025, afectando el eje geopolítico que antes conectaba a Putin con América Latina. Otra nota separada de Reuters incluso reportó que Washington vio este giro político como una oportunidad para reducir la influencia iraní y, por extensión, la de aliados estratégicos como Rusia.

En otras palabras, se fracturó el bloque que en algún momento fortalecía la influencia rusa en Occidente. A esto hay que sumarle la actual situación del régimen castrista en Cuba, cada vez más presionado por Estados Unidos. Sin las dádivas petroleras de Venezuela o México, la dictadura de la isla se enfrenta a un inminente colapso tras años de corrupción y abandono del sistema eléctrico. Aunque el castrismo sigue siendo un aliado histórico de Rusia, la severa crisis le impide actuar como una ficha regional de peso para los intereses de Putin.

El Kremlin tampoco tiene mucho para ofrecer. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), estima que debido a la guerra contra Ucrania, Rusia destinó cerca de 16 billones de rublos (más de 214.000 millones de dólares) al sector militar en 2025, equivalente a aproximadamente 7,5 % de su PIB. Un año antes, el país salió del top 10 de las economías más grandes del mundo, según el tamaño de su producto interno bruto. Aunque este 2026 habría logrado reingresar, con un valor nominal que supera los 2,5 billones de dólares, apenas se sitúa en la novena posición.

Redes de influencia rusa siguen activas
Si bien es cierto que la guerra en Ucrania cambió las prioridades rusas, ya que Moscú tiene menos recursos y menos capacidad económica para sostener su influencia global extensa, también es cierto que aún conserva redes de influencia, aliados ideológicos y capacidad de desestabilización informativa. Prueba de ello son las campañas de desinformación digital, tal como quedó en evidencia en Argentina, donde se descubrió un entramado para difundir notas en más de 20 medios digitales, durante el año 2024, contra el Gobierno de Javier Milei.

En conclusión, Vladímir Putin ya no cuenta con el bloque que le daba proyección política e ideológica en América Latina, aunque sus tentáculos siguen activos en varios frentes.

Fuente: PanamPost

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