El clan Bolsonaro hace trumpismo de exportación

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Este sábado, mientras millones de norteamericanos maldecían a Donald Trump en movilizaciones realizadas bajo el lema “No Kings” (no queremos reyes), un grupo de extremistas a contramano de aquella indignación enaltecía al republicano en Dallas, Texas. Entre los incondicionales del “rey” Trump se contaron dos representantes de Jair Bolsonaro, sus hijos Flavio y Eduardo.

El expresidente estuvo impedido de viajar a Texas debido a que permanece preso en su domicilio, donde pretende establecer un cuartel general del neofascismo verdeamarillo, mientras purga una condena de 27 años como cabecilla del intento de golpe de Estado de 2023.

El alzamiento brasileño se inspiró en la toma del Capitolio respaldada en 2021 por Trump, alegando un falso fraude del candidato demócrata, Joe Biden.

Comité central
El viernes, Bolsonaro arribó en un convoy policial a su residencia en un barrio privado de Brasilia procedente del hospital donde permaneció internado durante quince días debido a una neumonía contraída en el Complejo Penitenciario de Papuda.

La prisión domiciliaria fue autorizada, de mala gana, por el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal. Lo hizo cediendo a la presión surgida desde grupos de poder interesados en sacar a Bolsonaro de la cárcel y permitirle montar una suerte de comité central en casa.

O sea, facilitar el regreso de la extrema derecha al poder.

Esa voluntad surge de un consenso más o menos explícito que cruza desde la Embajada de los Estados Unidos al establishment financiero y espiritual (léase las poderosas iglesias evangelistas), el Congreso, medios de comunicación convencionales y redes sociales.

Noventa días
Moraes firmó la domiciliaria, sabiendo, en primer lugar, que esta implica una suerte de impunidad para el condenado que retorna a casa tras pasar solo 125 días en prisión.

De todos modos, el juez puso límites a la benevolencia: el arresto domiciliario es provisorio y bajo condiciones. Las visitas se limitarán a familiares y, de momento, no podrá haber encuentros políticos.

Además, el detenido tendrá un acompañamiento médico permanente y dentro de 90 días será sometido a exámenes para determinar si vuelve a la cárcel. Tampoco podrá tener compromisos fuera de su vivienda donde permanece con tobillera electrónica, equipamiento que rompió hace cuatro meses.

En esa ocasión, Moraes constató un posible intento de “fuga” de una embajada, posiblemente la de Estados Unidos.

Flavio y Eduardo
En la cumbre trumpista de Dallas, Bolsonaro fue representado por sus hijos, Flavio y Eduardo, figuras importantes del clan familiar, organizado con verticalidad castrense. Flavio es precandidato a la presidencia en los comicios de octubre cuando, según encuestas, protagonizará una disputa cabeza a cabeza con el aspirante a la reelección Luiz Inácio Lula da Silva.

Su hermano Eduardo es un exdiputado, radicado desde hace un año en Estados Unidos, donde se desempeña como lobista ante Trump, el Departamento de Estado y el Congreso. Al ser consultado por la prensa, Eduardo dijo estar en Dallas cumpliendo órdenes de su padre. En su opinión, la política no tiene muchos secretos; funciona como el ejército: la palabra del general no se cuestiona, se ejecuta, por “coroneles, tenientes y soldados”.

“A sus pies”
Desde que fue recibido por Trump, en marzo de 2019, tres meses después de asumir la presidencia, Jair Bolsonaro ha declarado sin sonrojarse su devoción por aquel.

Su sumisión llegó a extremos que causan vergüenza ajena, como cuando se cuadró e hizo la venia ante la bandera estadounidense. Y afirmó, a través de su canciller de entonces, estar dispuesto a ser un “paria” de la comunidad internacional si ese era el precio a pagar por su alineamiento desenfrenado. Un alineamiento mantenido incólume luego de perder ante Lula en el balotaje de las elecciones de 2022, cuando hizo de su embanderamiento con Washington una marca de su política opositora.

Así en septiembre del año pasado, días antes de ser condenado junto a un grupo de generales, organizó actos en San Pablo y Río de Janeiro, recordados por las inmensas banderas estadounidenses bajo las cuales quedaron cubiertos miles de activistas.

En esas concentraciones hablaron los hijos del líder derechista, Flavio y Eduardo, como voceros de su superior.

Este sábado, en Dallas, se repitió el formato, con Bolsonaro moviendo los hilos desde Brasilia; sus hijos se manifestaron incondicionales de Trump y los Estados Unidos al hablar antes y durante el evento de la Conferencia de Acción Política Conservadora.

“Cipayo”
El diputado del Partido de los Trabajadores, Carlos Zarattini, deploró la actitud “cipaya” del precandidato presidencial y senador Flavio Bolsonaro; le recomendó conducirse con menos servilismo político. Criticó al senador por haber prometido dar en bandeja las tierras raras de Brasil, uno de los países dotados de las mayores reservas mundiales. Al revés del bolsonarismo, siguió el diputado, el gobierno lulista rechaza la presencia de mineras estadounidenses si éstas no se comprometen al procesamiento de los recursos en el país.

El desembarco estadounidense en yacimientos brasileños habría sido uno de los asuntos tratados la semana pasada por el canciller Mauro Vieira y su colega Marco Rubio, al margen de la reunión del G7 celebrada en Francia.

Riesgo de invasión
Otro asunto recurrente en la agenda de los cancilleres es la tipificación de las organizaciones delictivas Comando Vermelho y Primer Comando de la Capital en la lista de grupos terroristas o narcoterroristas, elaborada por el Departamento de Estado. Vieira y el propio Lula contestan esa tipificación. Para el presidente , debajo de ese rótulo se agazapa el riesgo de una “invasión” norteamericana sobre territorio brasileño.

Ese riesgo de invasión es visto como una oportunidad por Flavio Bolsonaro, quien durante su paso por Estados Unidos acordó en clasificar esas bandas como “terroristas”. Repitió, con más sobriedad, lo afirmado el año pasado, cuando dijo soñar con que la Marina norteamericana fondee en las costas cariocas y sus comandos invadan los morros para dar caza a los “narcoterroristas” del Comando Vermelho. Una tesis históricamente defendida por Jair Bolsonaro.

Jair vs Lula
Como se ve, fue Jair Bolsonaro y no sus hijos Flavio y Eduardo, el autor de los discursos en la CPAC. Desde las loas a Trump y los lineamientos a su política exterior entroncada con la guerra a los narcoterroristas, hasta la crítica de un supuesto “intervencionismo” de Joe Biden en las elecciones de 2022. En realidad, Biden no se prestó a las presiones golpistas de Bolsonaro luego de caer ante Lula.

Todo lo dicho por Flavio y Eduardo fue guionizado desde el arresto domiciliario en Brasilia.

Sin talento ni biografía, Flavio no pasa de ser el hijo de su padre, como lo hace notar a menudo Lula da Silva.

Cada vez que el actual presidente critica a la extrema derecha, concentra sus dardos en Jair Bolsonaro, a quien apoda como “la cosa”, ninguneando deliberadamente a su vástago.

Es inusual que el líder petista pronuncie el nombre “Flavio”, algo que debe herir el ego del joven precandidato.

Ese destrato hacia Flavio tiene un significado político mayor: las contiendas del 4 de octubre y el posible balotaje del 25 de ese mes serán, en última instancia, un duelo entre Lula y Jair Bolsonaro, quedando para el senador por Río de Janeiro el rol de mero figurante.

Así lo reconoció el propio Flávio este fin de semana durante su visita a Estados Unidos. Hablando con periodistas, dijo que si es electo, va a subir la rampa del Palacio Planalto, sede de la Presidencia, junto a su progenitor. Una frase que luego intentó enmendar diciendo: él será el presidente, y no su padre.

Aclaración inconducente
Seamos realistas: en caso de que llegue al Planalto ladeado por Jair Bolsonaro, Flavio tiende a ser, desde el minuto cero de su mandato, poco menos que un gobernante nominal. Por lo tanto, las elecciones de 2026 serán en alguna medida el tercer turno, luego del balotaje de octubre de 2022 en que Lula derrotó por estrecho margen a Bolsonaro.

Fuente: Página12

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