




Es una era donde la realidad está recubierta de fragmentos. Una era de cristal. De victimización global. Llorar en redes sociales porque “hay que hacerlo” para generar likes y seguidores… la victimización de los jóvenes es regla. Y el absolutismo implícito, también. Si no estás de acuerdo con lo que digo… estás en mi contra, me quieres herir… eres el enemigo; Yo, la víctima. No es tiempo de debates… si debates, o intentas hacerlo, hasta pueden matarte por mantener tu opinión (Charlie Kirk, R.I.P).
Es como si el mundo postCovid quedó mermado, débil, vulnerado… y hay una generación que vive y respira bajo ese escudo de fragilidad. Pero es el mismo escudo que usan los extremistas —nuevamente, el absolutismo hipócrita— para fortalecer sus mensajes. Israel es el malo, Hezbolá y Hamás los buenos, los que son apoyados en los campus universitarios de Estados Unidos.
La fractura en el conocimiento que debería ser impartido y el bombardeo de información fabricada para lavar mentes sumisas y adoctrinar a los que buscan alguna causa, sin tener idea de la diferencia entre el bien y el mal; entre la historia escrita con hechos y las versiones manufacturadas por expertos en la propaganda divisoria, nos han llevado al colmo de la percepción político social, al retumbar suerte de campaña global que coloca a Cuba -Sí, ese mundillo perverso, maligno; la dictadura e ideología que ha sido un cáncer mundial desde hace más tiempo del que uno quisiera recordar- como epicentro geopolítico de la nueva fragilidad. Y es que ahora Cuba es la nueva “víctima” de las acciones del imperio americano… Pero este cántico, este lloriqueo está vivo y repetido desde que Fidel se robó esa isla maravillosa, que era Cuba, para convertirla en la cochinera que hace rato tiñe el continente. Sólo que, a lo largo de su historia, los tiranos al mando de Cuba se las arreglaron para contar con salvavidas… El último, y que fue su oxigenante y suerte de Red Bull económico, político y una plataforma para extender y reencender, revitalizar la llama comunista, ha caducado -a la fuerza- en su patrocinio. ¿El resultado? Cuba está a la deriva porque no tiene un sponsor. Así que desde finales del año pasado, cuando el presidente Trump, le cerró todos los grifos a la isla de las pesadillas… o de las fantasías más dantescas, súbitamente Cuba se convirtió en la típica adolescente que llora en las redes porque le hacen bullying… o incluso porque no. Cuba está sin combustible. Cuba está sufriendo. La presidente de México, en una garrafal muestra de patetismo y bajeza, ahora es la campeona de Cuba, es la madre que quiere defender a la víctima… pero no a los ciudadanos cubanos, reales víctimas eternas, sino al régimen, a los dictadores, a los torturadores, a los que han derretido, cual ácido, la realidad y futuro de generaciones. Y es que, al parecer, lo que importa, y seguimos en la doctrina absolutista, es cerrar el foco, olvidar… ni siquiera el sentido común, sino el sentido de lo que representa la humanidad y sus derechos, para aliarse y proclamarse en defensa de lo indefendible. De lo peor… del tufo aún maloliente del comunismo, e invitar a hacer campaña a favor del horror… y esto, sin otra mejor elección de palabras, representa un punto de quiebre… es el peor reflejo, amplificado, de esta era de victimización.


Cuba no está jodida por culpa de Estados Unidos, sino porque es una dictadura comunista. Y si usted no está de acuerdo, honestamente debe dejar las redes sociales y leer un poco cualquier cosa que no sea un post en IG o un video en TikTok. La maldición que tiene el pueblo cubano es que se dejó caer en el trance que producen estos regímenes, como el venezolano, el cubano… un síndrome de asfixia, de conformismo… Y esto ocurre cuando la tiranía, come, devora, año tras año; cuando se cierran todas las puertas y se bloquean las ganas y las fuerzas; y hace tanto que los cubanos están bajo la peor sumisión… y así se han mantenido.
El problema, la gran tragedia es victimizar a monstruos caníbales; a vampiros de almas, a explotadores, a esclavistas, a degenerados… La tragedia es que alguien suponga que esta visión tiene sentido. Esa es la tragedia.
Porque la otra, la tragedia del cubano que resuelve como puede su día a día, ya se ha convertido en su único modus vivendi… en su implacable realidad… Pero victimizar al tirano, es seguir humillando a la verdadera víctima. Y es una acción cómplice y nefasta. Y es parte, lamentable, de nuestra actualidad Orwelliana, de la distopía que fecha nuestros tiempos postapocalípticos… Porque la sociedad, el mundo tal como lo llegamos a conocer, hace… bueno, ya no existe. Si no, pregúntele a su Inteligencia Artificial favorita.
Fuente: PanamPost




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