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title: "¿Está condicionada la relación entre Argentina y EEUU a lo que pase en las elecciones del norte?"
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date_published: "2026-11-04T07:14:00-03:00"
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# ¿Está condicionada la relación entre Argentina y EEUU a lo que pase en las elecciones del norte?

La cercanía del gobierno de Javier Milei con la gestión de Donald Trump indicaría, según varios analistas, que una derrota republicana significaría una pésima noticia para Argentina, sobre todo en la previa de una elección importante, donde el libertario se juega la reelección. Sin embargo, si miramos en retrospectiva, vemos encuentros y desencuentros, tanto con el país como con la región, en momentos de ambos signos políticos en el norte. Claro que, en la actualidad, sí hay una cuestión que podría o no ser determinante, analizando exclusivamente lo que suceda en Washington: esta nueva versión del Partido Demócrata, más tirada a la izquierda que nunca.Noticias de última hora

A la hora de buscar un punto de partida a los desencuentros, hay una coincidencia general del erróneo posicionamiento argentino durante la Segunda Guerra Mundial. En Buenos Aires, el golpe militar que fue el preludio del primer peronismo coqueteó con el Eje fascista hasta último momento. Recién para el 27 de marzo de 1945 el país decidió ponerse del lado correcto de la historia. Para entonces, Hitler ya estaba prácticamente poniéndose la pistola en la cabeza y masticando la cápsula de cianuro. Se terminó matando el 30 de abril y no precisamente por el ingreso de Argentina al conflicto.

Allí comenzó una época de distancia lógica, que los militares argentinos terminaron pagando en la guerra de Malvinas. Recién ahora, con el binomio Trump-Milei, la posición del norte podría ser reevaluada. Pero, más allá del egocentrismo argentino, lo cierto es que hay otro asunto importante además del vínculo entre el libertario y el republicano: los traspiés en materia de geopolítica de un Reino Unido, que incluso podría estar en sus últimos estertores, con tres de sus países miembros considerando una salida histórica.

El único cambio que tuvo lugar a finales de los setenta con relación a un resultado electoral en Estados Unidos fue el cuestionamiento del norte con la represión ilegal a la guerrilla (que el mismo país había fomentado en el marco de la Guerra Fría). Con la llegada de James Carter se limitó la cooperación internacional y se restringieron algunas exportaciones, tanto a los EEUU como a sus socios. Sin embargo, el comercio internacional argentino no padeció en lo más mínimo. Mientras Washington impuso un embargo de cereales a la Unión Soviética por la invasión a Afganistán, los rusos se asociaron con los militares argentinos y les compraron todo lo que el país podía producir para vender. Sí, mientras el ejército reprimía y hacía desaparecer a los guerrilleros que buscaban un modelo soviético para el país, los militares –que decían defender el modelo occidental y capitalista– les vendían la producción agropecuaria a los comunistas. Historias de pragmatismo absoluto como esas, el mundo tiene demasiadas.

Tras una década de distancia en los ochenta, Carlos Menem comienza un vínculo relevante con George Bush, que continúa durante los mandatos de Bill Clinton. Allí no hubo diferencia entre demócratas y republicanos, mientras tenía lugar lo que se denominó como «relaciones carnales». Claro que, por aquellos años, la intención del vínculo era bilateral, aunque seguramente con más énfasis del lado argentino.

Lo que siguió con el proceso de Fernando de la Rúa y George W. Bush también fue de coincidencia, pero de distancia. La misma que continuó con Barack Obama. Es decir, en este momento histórico, el desinterés fue tanto de los republicanos como de los demócratas. Seguramente algo de esto haya tenido que ver la actitud del FMI, que le soltó la mano a la Argentina en diciembre de 2001. ¿Tenían que ayudar? No, pero también es justo decir que, cuando hay una potencia del otro lado, es válido decir que «dejaron caer».

El apogeo del llamado «socialismo del siglo XXI» en América Latina fue coincidente con la merma en materia de relaciones fuertes con el norte. Sin embargo, lo que terminó cambiando la perspectiva de la actual Administración republicana no fue exclusivamente la preocupación por la democracia latinoamericana o la posibilidad de un eventual socio comercial. A Trump y compañía le preocupan, con toda lógica, situaciones como la influencia de Irán, que comenzó a pasearse con total impunidad por países como Venezuela y Argentina. Esto para Washington es absolutamente prioritario y simultáneo a los conflictos armados que están desarrollando actualmente en los alrededores de Teherán.Seguir política

Por lo tanto, aunque es lógico el análisis y la especulación con lo que pueda llegar a pasar hoy, lo cierto es que la pregunta es un poco más amplia: ¿Las preocupaciones de Trump y Marco Rubio en materia de seguridad nacional y su escudo continental, es compartida por los demócratas? Si la socialdemocracia estadounidense (lamentablemente demasiado volcada a la izquierda en los últimos años) tomó nota de las complicaciones que generó –incluso para su propia seguridad– desatender al sur del continente, uno no tendría por qué considerar que deberían cambiar demasiado las cosas.

La atención que los demócratas le pusieron a Europa durante los años de Obama parece haber sido una pérdida de tiempo y recursos. Puede que hayan aprendido la lección de haberse olvidado de esta parte del mundo hace 25 años. Habrá que esperar para ir resolviendo estas cuestiones, que no tendrán una respuesta clara mañana en la mañana. Aunque los análisis simplistas se acaban en lo ideológico, aquí hay muchas más cosas en juego. La gestión de Milei, que buscó en su momento un acercamiento sólido al gobierno de Joe Biden, lo entendió mejor que el macrismo pragmático, que jugó ciegamente en favor de una Hillary Clinton que terminó derrotada.

Fuente: PanamPost

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