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title: "Del cajón de Herminio a los nueve dedos de Lula: ¿Por qué los políticos hacen estas cosas en campaña?"
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date_published: "2026-10-27T10:00:00-03:00"
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# Del cajón de Herminio a los nueve dedos de Lula: ¿Por qué los políticos hacen estas cosas en campaña?

En las últimas instancias de la competencia electoral entre Javier Milei y Sergio Massa, quienes estábamos haciendo lo imposible para «rascar» los últimos votos para el candidato libertario, nos quedamos mirando los dispositivos uno de esos días preguntándonos «¿Para qué?». Alberto Benegas Lynch (h), máximo exponente del pensamiento austrolibertario de nuestro país y padre intelectual de todos nosotros, decía en el cierre de campaña de La Libertad Avanza que, si fuera por él, Argentina debía romper relaciones con el Vaticano.

Muchos compartíamos su argumento hasta lo medular, sin embargo, imaginábamos los titulares con los que iba a tener que lidiar el candidato opositor, en momentos cuando de lo único que había que hablar era del descalabre que estaba dejando el kirchnerismo. Afortunadamente, el traspié no fue influyente en materia electoral, lo que no quita que haya sido algo innecesario. En esa instancia, la propuesta política no tenía que ir por el convencimiento de los que ya íbamos a votar a Milei. Había que consolidar un voto apolítico, apartidario, que incluso pudiera tener alguna atadura afectiva con el papa Francisco.

Esta anécdota es un abreboca para dar pie a afirmar que la historia política sí tiene un traspié de campaña al que se le achaca la modificación de un resultado electoral. En 1983, cuando el peronismo iba por primera vez a las urnas sin el General (fallecido en 1974 antes del último proceso militar), Herminio Iglesias quemó un ataúd de cartón con los colores de la Unión Cívica Radical, que llevaba la candidatura de un Raúl Alfonsín que recitaba en sus actos el preámbulo de la Constitución Nacional.Análisis electoral

Por esos días, los argentinos «normales», es decir, esa mayoría que, a diferencia de nosotros, no tienen a la política como algo central en sus vidas, estaban hartos de la violencia. De los erpianos, de los montoneros, de los militares y, por lo tanto, de los dirigentes que apelen a imágenes que puedan significar una continuidad de la conflictividad social. Mientras tanto, un hábil Alfonsín se paseaba por los canales de televisión tomando de buena gana las actuaciones de sus imitadores, como el comediante Mario Sapag. Alfonsín, como todos sabemos, resultó electo y permaneció en el cargo hasta 1989.

Ahora, nunca se podrá hacer un ejercicio contrafáctico que permita obtener el número determinado de votantes que cueste uno de estos traspiés, pero la lógica indica que no tiene ningún sentido hacer algo para generar el aplauso del votante convencido que pueda llegar a poner en duda el sufragio de otra persona. Sin embargo, no hay que ir al extremo de un Mauricio Macri que, por no decir nada «jugado», llegó al gobierno sin mandato, todo lo contrario de Milei. Pero, si hay un voto que está garantizado, no hay razón para actuar buscando aplausos más efusivos de este sector, siempre que se pueda llegar a comprometer alguna voluntad de las que hay que ir a buscar, sobre todo, en un balotaje.Cobertura electoral Brasil

Más allá de la utilización del aparato judicial por parte de Luiz Inácio Lula da Silva, los aciertos del PT en materia de la remontada —ambas cuestiones son complementarias y no excluyentes— y algunas cosas poco comprensibles, como el tibio acercamiento de Flavio Bolsonaro a los candidatos no izquierdistas que lo apoyaron rumbo al balotaje, hubo un episodio que no tuvo ningún sentido. De nuevo, como siempre sucede, nadie puede decir que aquí se haya perdido una elección ni mucho menos. Sin embargo, todo lo que pueda ser desagradable para el público en general hay que evitarlo, cuando se está por ir a las urnas en un escenario polarizado, situación muy diferente a la de una interna (interna, valga la redundancia, o externa) cuando hay dos instancias diferentes. Es decir, la de consolidar una primera minoría para luego ir por una mayoría.

En el debate preelectoral, Bolsonaro le hizo un regalo a Lula que el experimentado mandatario aprovechó. El hombre del PT se dio cuenta del traspié de su rival, al punto que le dijo que le debía unas disculpas. Pero, lo más relevante es que el mismo candidato del Partido Liberal se dio cuenta de esto, por lo que se las ofreció, para luego pasar rápidamente a su discurso.

¿Para qué? Para nada. Para que los bolsonaristas fanáticos lo celebren como un campeonato, es decir, el voto seguro.Noticias diarias

Los debates, como hemos visto, no son solamente para conseguir golpes asertivos no planificados (como el de «porque estarías en la cárcel» de Donald Trump a Hillary Clinton), sino también para esperar maná del cielo. Esto le pasó a Milei en 2023, cuando esa gran mayoría de personas «normales» se tomó de muy mala manera la actitud de Massa al arrinconar a su rival con una pregunta técnica de un sistema digital que utiliza el Estado y el libertario desconocía.

Aunque se habló mucho de Benegas Lynch y el Vaticano en la previa, ese instante fue mucho más significativo para ese electorado centrista al que se apunta en esas instancias. Esa noche, los «especialistas» de la política pensamos que quien había salido mejor parado era Massa y la gran mayoría nos enseñó una lección fatal para nuestra arrogancia: miles de personas a las que no habíamos podido persuadir de ir a votar por Milei (que tampoco iban por Massa y simplemente se iban a ausentar el día de la votación) decidieron a respaldar al candidato que había sido vapuleado por el político tradicional.Ver decretos

¿Cómo toma alguien de ese espacio razonable, apolítico, desideologizado, que no tiene idea de que se trata el Foro de San Pablo ni conoce las tropelías de Lula al detalle, que su rival haga una broma con respecto a los «nueve dedos» de su rival? Sobre todo, cuando el mandatario lo perdió trabajando en una fábrica a los 17 años. Sin lugar a dudas, este episodio fue una de las tantas manifestaciones del «maná del cielo» que le caen a un candidato en medio del debate. El agravio (porque, aunque Lula sea un delincuente, la mención es, por lo menos, poco feliz) le permitió al presidente —que venía por detrás en las encuestas— sacar de la galera su arsenal: que trabajó desde niño en condiciones insalubres y que su rival no tuvo ningún trabajo semejante en su vida, ya que lo que hizo fue en el marco de la política junto a su padre.

De nuevo, ¿para qué? Para nada…

Vale advertir, dado lo caldeado del ambiente, que nada de todo esto deja en un segundo plano las irregularidades de las que el mundo fue testigo en la tarde de ayer. Sin embargo, estas instancias son para buscar, como dicen en inglés, una «flawless victory», algo que nunca se va a conseguir, porque las fallas ocurrirán indefectiblemente, pero hacerlas uno es algo que no tiene ningún sentido. Solamente Flavio Bolsonaro y su equipo sabrán que quisieron conseguir con esa manifestación, en estas instancias donde todo está pensado y discutido.

Fuente: PanamPost

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